Tiempo

El tiempo es mi mejor amigo y mi peor enemigo. El tiempo ambiguo del esquizofrénico, el tiempo que fumas, el tiempo que soñamos, el tiempo viajado, el tiempo obsesivo felizmente vivido por un servidor y otros más; el tiempo otorga el valor… valor para hablar de comics, de ideas, de “absurdos delirantes”, de parodia, de cine, de intentos, de música, del fin del mundo, de playas vírgenes ochenteras suicidas. En fin, el tiempo es quien definirá este rollo que hoy mismo inicia e incita a la banda a que lo visite, lo juzgue, lo ame, lo odie o las dos cosas. La pertenencia digital me quitaba el sueño.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Capacidad de asombro par excellence


Del mismo modo, el bien absoluto, si es un estado de cosas descriptible, sería aquel que todo el mundo, independientemente de sus gustos e inclinaciones, realizaría necesariamente o se sentiría culpable de no hacerlo. En mi opinión, tal estado de cosas es una quimera. Ningún estado de cosas tiene, en sí, lo que me gustaría denominar el poder coactivo de un juez absoluto.
Entonces, ¿qué es lo que tenemos en la mente y qué tratamos de expresar aquellos que, como yo, sentimos la tentación de usar expresiones como «bien absoluto», «valor absoluto», etc.? Siempre que intento aclarar esto es natural que recurra a casos en los que sin duda usaría tales expresiones, con lo que me encuentro en la misma situación en la que se hallarían ustedes si, por ejemplo, yo les diera una conferencia sobre psicología del placer. En este caso, lo que harían sería tratar de evocar algunas situaciones típicas en las que han sentido placer. Con esta situación en la mente, llegaría a hacerse concreto y, de alguna manera, controlable todo lo que yo pudiera decirles. Alguien podría elegir como ejemplo-tipo la sensación de pasear en un día soleado de verano. Cuando trato de concentrarme en lo que entiendo por valor absoluto o ético, me encuentro en una situación semejante. En mi caso, me ocurre siempre que la idea de una particular experiencia se me presenta como si, en cierto sentido, fuera, y de hecho lo es, mi experiencia par excellence.
Por este motivo, al dirigirme ahora a ustedes, usaré esta experiencia como mi primer y principal ejemplo (como ya he dicho, esto es una cuestión totalmente personal y otros podrían hallar ejemplos más llamativos). En la medida de lo posible, voy a describir esta experiencia de manera que les haga evocar experiencias idénticas o similares a fin de poder disponer de una base común para nuestra investigación. Creo que la mejor forma de describirla es decir que cuando la tengo me asombro ante la existencia del mundo. Me siento entonces inclinado a usar frases tales como «Qué extraordinario que las cosas existan» o «Qué extraordinario que el mundo exista». Mencionaré a continuación otra experiencia que conozco y que a alguno de ustedes le resultará familiar: se trata de lo que podríamos llamar la vivencia de sentirse absolutamente seguro. Me refiero a aquel estado anímico en el que nos sentimos inclinados a decir: «Estoy seguro, pase lo que pase, nada puede dañarme». Permítanme ahora considerar estas experiencias dado que, según creo, muestran las características que tratamos de aclarar. Y he aquí lo primero que tengo que decir: la expresión verbal que damos a estas experiencias carece de sentido. Si afirmo: «Me asombro ante la existencia del mundo», estoy usando mal el lenguaje. Me explicaré: tiene perfecto y claro sentido decir que me asombra que algo sea como es. Todos entendemos lo que significa que me asombre el tamaño de un perro que sea mayor a cualquiera de los vistos antes, o de cualquier cosa que, en el sentido ordinario del término, sea extraordinaria. En todos los casos de este tipo me asombro de que algo sea como es, cuando yo podría concebir que no fuera como es. Me asombro del tamaño de este perro puesto que podría concebir un perro de otro tamaño, esto es, de tamaño normal, del cual no me asombraría. Decir: «Me asombro de que tal y tal cosa sea como es» sólo tiene sentido si puedo imaginármelo no siendo como es. Así, podemos asombrarnos, por ejemplo, de la existencia de una casa cuando la vemos después de largo tiempo de no visitarla y hemos imaginado que entretanto ha sido demolida. Pero carece de sentido decir que me asombro de la existencia del mundo porque no puedo representármelo no siendo. Naturalmente, podría asombrarme de que el mundo que me rodea sea como es. Si mientras miro el cielo azul yo tuviera esta experiencia, podría asombrarme de que el cielo sea azul y que, por el contrario, no esté nublado. Pero no es a esto a lo que ahora me refiero. Me asombro del cielo sea cual sea su apariencia. Podríamos sentirnos inclinados a decir que me estoy asombrando de una tautología, es decir de que el cielo sea o no sea azul. Pero precisamente no tiene sentido afirmar que alguien se está asombrando de una tautología. Esto mismo puede aplicarse a la otra experiencia mencionada, la experiencia de la seguridad absoluta. Todos sabemos qué quiere decir en la vida ordinaria estar seguro. Me siento seguro en mi habitación, ya que no puede atropellarme un autobús. Me siento seguro si he tenido la tosferina y, por tanto, ya no puedo tenerla de nuevo. En esencia, sentirse seguro significa que es físicamente imposible que ciertas cosas puedan ocurrirme
y, por consiguiente, carece de sentido decir que me siento seguro pase lo que pase. Una vez más, se trata de un mal uso de la palabra «seguro», del mismo modo que el otro ejemplo era un mal uso de la palabra «existencia» o «asombrarse».
L. Wittgenstein, de Conferencia sobre Ética.

Mis razones: No me asombra-sorprende en lo absoluto la visceralidad de unos; parto de hechos, pues como esos unos conozco peores. Otra vez, qué los hace ser peores, ¿qué haya mejores? Los concibo y en ocasiones me excedo, si no me imaginara las cosas como son se esfumarían no importando el color del cielo. El visceral, el mejor y el peor son procesos particulares. Y soy todos ellos, de eso estoy bien seguro.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

100 Mexicas onda

Magazine Dominical de Excelsior. Febrero de 1967

No hay NADA que celebrar, en todo caso la involución de este país; sí, aquella marcada-fundida en: los altos niveles de inseguridad, el desempleo, la pobreza paupérrima, el estancamiento de la educación, la incompetencia de los gobernantes, la crisis del “pensamiento” y la ignorancia, el desmedido poder de los medios de comunicación, la adjudicación de mexicanismos burdos (símbolos gastadísimos), en fin pan de todos los días… la cuestión es reconocer a esos “otros”, los que fluyen en el imaginario, los que con letra, sangre (literal), entretenimiento, música, gobierno, crítica, ritual y utopías dieron –al menos para mí- un pedazo de identidad, esa identidad Mexica (tomando distancia del pre hispanismo y de valores).

En sus marcas, listos ¡fuera!

1. Parménides García Saldaña (escritor)
2. Netzahualcóyotl (tlatoani)
3. Mauricio Garcés(actor-comediante)
4. Cornelio Reyna (músico)
5. Gilberto Rincón Gallardo (activista social, político)
6. Juan José Arreola (escritor)
7. Juan López Moctezuma (director)
8. Germán Valdez “Tin Tan” (actor, comediante, pachuco, cantante)
9. Luis Spota (escritor)
10. El “Púas” Olivares (boxeador)
11. Manolo Fábregas (actor, director y productor)
12. Guillermo González Camarena (científico, inventor)
13. David Reynoso (actor)
14. Humberto Ramos (dibujante)
15. Los hermanos Flores Magón (políticos, periodistas)
16. Héctor Lechuga (comediante)
17. Jorge Ibargüengoitia (escritor)
18. Gabriel Vargas (Historietista, creador de La Familia Burrón)
19. Los Xochimilcas (músicos)
20. Lucha Villa (actriz, cantante)
21. Rebeca Iturbide (actriz)
22. Trino (monero)
23. Gregorio “Goyo” Cárdenas (asesino serial)
24. José Agustín (escritor)
25. Lucio Cabañas (guerrillero)
26. El “Ratón” Macías (boxeador)
27. Digna Ochoa (abogada, activista social)
28. Emilio “ El Indio” Fernández (director, actor, productor)
29. La Barranca (músicos)
30. Carmen Aristegui (periodista)
31. Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri” (compositor)
32. María Sabina (chamán, curandera)
33. Felipe Cazals (director)
34. Fernando Soto “Mantequilla” (comediante)
35. Vicente Leñero (escritor)
36. Hugo Hiriarth (filosofo, escritor)
37. Rockdrigo González (compositor, músico)
38. José Vasconcelos (filosofo)
39. Angélica María (actriz, cantante)
40. Los Espanto (luchadores)
41. Mauricio Klief (guionista)
42. Delfina y María de Jesús González “las poquianchis” (homicidas famosas)
43. René Cardona Jr (director)
44. Roberto González “El Solitario” (luchador)
45. Miguel Ángel Granados Chapa (periodista)
46. Botellita de jerez (músicos)
47. Caro Quintero (narcotraficante)
48. Eduardo del Río “Rius” (monero, escritor)
49. Javier Bátiz (músico)
50. Andrés Soler (actor)
51. El Cavernario Galindo (luchador)
52. Ismael Rodríguez (director)
53. Denise Dresser (académica, periodista)
54. Alejandro Cruz “Black Shadow” (luchador)
55. Jaime Sabines (poeta)
56. Kaliman (superhéroe)
57. Charly Montana (músico)
58. Emiliano Zapata (revolucionario)
59. Ignacio López Tarso (actor)
60. Cuco Sánchez (compositor)
61. Gilberto Martínez Solares (director)
62. Juan García Esquivel (músico, compositor)
63. Jesús Morales García “Moraliux” (creador del Video Risa)
64. José Revueltas (escritor)
65. La Revolución de Emiliano Zapata (músicos)
66. Valentín Trujillo (actor)
67. El Haragán (músicos)
68. Amado Carrillo “El señor de los cielos” (narcotraficante)
69. Oscar González Loyo (historietista, dibujante, creador de Karmatrón)
70. Juan José Gurrola (director)
71. “Chucho” Salinas (comediante, actor)
72. Evangelina Tejera (filicida, Reyna del carnaval de Veracruz 1983)
73. Antonio López de Santa Ana (ex gobernante, exótico)
74. Armando Ramírez (cronista)
75. Juan Brujo (músico)
76. Madaleno (comediante, club del hogar)
77. Bobby Lee (luchador; casi, casi le quitó la máscara al Santo)
78. Chico Che (músico)
79. Los Locos del Ritmo (músicos)
80. José Luís Calva Zepeda “El caníbal de la guerrero” (antropófago, asesino serial)
81. René Ruíz “Tun Tun” (actor, comediante)
82. Pito Pérez (vagabundo filosofo, ficción)
83. Juanote (cargador, xalapeño)
84. Chuco el roto (bandido)
85. Joaquín “Chapo” Guzmán (narcotraficante)
86. Enrique Alonso “Cachirulo” (productor, actor)
87. David Silva (actor)
88. José Guadalupe Posada (ilustrador)
89. Ah Puch (Dios maya de los muertos)
90. Tonina Jackson (luchador, actor)
91. Yohualtecuhtli (diosa azteca de los sueños y de la noche)
92. Juan Rulfo (escritor)
93. Arturo Ripstein (director)
94. Rosario Castellanos (escritora, poetisa)
95. María del Rosario Galicia Mora (traductora, madre de Evalium)
96. El “negro” Durazo (jefe de policía del Df, excéntrico)
97. Juan Orol (director)
98. Juana Barraza Samperio “La mata viejitas” (luchadora, asesina serial)
99. Carlos Reygadas (director)
100. Luis Sánchez Bandala (Carpintero, mi abuelo)

Nota: El orden como se presentan no les restan ni les dan mayor valía, así fueron llegando a la mema de un servidor. Se aceptan sugerencias, eviten predecibles… lo sé, contradigo lo dicho puesto que hago mención de algunos “predecibles” ustedes dispensaran era inevitable.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Divergente

L'abshinte, Edgar Degas


Y definitivamente nada cambió, no hasta ahora; en la mano llevaba el dibujo del gato, ese regalo de mi amigo hoy ya muerto, al menos vivió en una realidad ajena al disturbio, encerrado en la felicidad substancial. Ahora es libre.
Pensé en visitarlo y esta carretera me llevaría a su encuentro, una vida tal vez en llegar. Una gota (el agua es el símbolo más corriente del inconsciente) me escurría de mi ojo y trescientas más comenzaron a caer del cielo. No desistí, él y el resto me esperan en aquel pabellón en donde la gente se multiplica, donde la historia se reescribe a cada instante, allá donde los barcos no son atacados y la ira de la serpiente es amedrentada en el filo de un machete. Algunos –recuerdo- viven en castillos de vasos (en los basureros siempre hay cositas con que entretenerse). En las noches se abren puertas en los pisos: gorilas, mujeres, robots, aves, niños deambulan; en un principio te atormentan, pasados los días –existen- te aconsejan, te señalan el oro, la fortuna; se transmutan en sus seres queridos. Hay espías en cualquier rincón, no se deciden a atacar sólo te observan, cuidan de tus culpas. Los mundos son cajas de zapatos, es el cuerpo retorcido debajo de una cama de metal, es la niña sin piernas que camina en sus ideas.
Esquivaba los tráileres sin frenos, dopados y con voraz apetito de hogares. Ninguno me levantaba. La tormenta arreciaba, esto no me quitaba las ganas. Ni destello de desanimo. Los mentales mi objetivo. Un auto se detuvo, la portezuela azul del chevy nova abierta; invitándome, llevándome. Terrible desagrado al contemplar a su conductor, podría no ser él, podría ser mi amigo de la infancia al que le robaba los juguetes, podría ser mi gato blanco de manchas amarillas… Y su voz dijo “sí, allá nos dirigimos”. Me acomodé estirando las piernas hacía adelante justo atrás del asiento del copiloto. El asiento trasero forrado de tela verde es amplio, cabemos (dos bien intencionados, yo) sin apretujones ni roces, los limpiadores funcionan, en cualquier instante llegaremos. Es armónico. Es dicha. Alguien se atreve a decirme la verdad*. Me destroza, como aquel día en el que se me informo del fallecimiento de mi amigo “… no fueron los amigos del pabellón. Dicen haberlo visto parado observando una pelota de beisbol caer, cayendo; la pala se estrelló en su peculiar cabeza. Así se le escapó la vida. El culpable fue otro lunático”.
*”Esa realidad se consumió, lo poco que queda de ella está en tus memorias no escritas”

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La sombra estancada


Es cierto que quien mira en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El que va hacía sí mismo corre el riesgo de encontrase consigo mismo. El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor. Pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Ésa es la primera ´prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante. Si uno está en situación de ver su propia sombra y soportar el saber que la tiene, sólo se ha cumplido una pequeña parte de la tarea: al menos se ha trascendió lo inconsciente personal. Pero la sombra es una parte viviente de la personalidad y quiere entonces de vivir de alguna forma. No es posible rechazarla ni esquivarla inofensivamente. Este problema es extraordinariamente grave, pues no sólo pone en juego al hombre todo, sino que también le recuerda al mismo tiempo su desamparo y su impotencia. A las naturalezas fuertes -¿o hay que decir más bien débiles?- no les gusta esta alusión y se fabrican entonces algún más allá del bien y del mal, cortando así el nudo gordiano en lugar de deshacerlo. Pero tarde o temprano la cuenta debe ser saldada. Hay que confesarse que existen problemas que de ningún modo se pueden resolver con los medios propios. Esta confesión tiene la ventaja de la probidad, de la verdad y la realidad, y así al asumir esa imposibilidad se ponen las bases para una reacción compensatoria de lo inconsciente colectivo, es decir que quien reconoce la existencia del problema está inclinando a prestar atención a una ocurrencia útil o percibir ideas que antes no había dejado aparecer. Atenderá entonces a sueños que sobrevienen en tales momentos o reflexionará sobre ciertos acontecimientos que justamente en ese tiempo tienen lugar entre nosotros. Si se tiene tal actitud se pueden despertar y captar fuerzas útiles que dormitan en la naturaleza profunda del hombre, pues el desamparo y debilidad son la vivencia eterna y el eterno problema de la humanidad y para esa situación también existe una respuesta eterna: de lo contrario el hombre hubiera desaparecido hace ya mucho. Una vez que se ha hecho todo lo que se puede hacer, queda todavía lo que se podría hacer si uno no tuviera conocimiento de ello. Pero ¿cuánto sabe el hombre de sí mismo? De acuerdo con todo lo que la experiencia nos muestra, es muy poco. Por eso queda todavía mucho espacio libre para lo inconsciente. Como es sabido, la plegaría requiere una actitud similar y por ello tiene también análogos efectos.
La reacción necesaria y requerida se expresa en representaciones configuradas arquetípicamente. El encuentro consigo mismo significa en primer término el encuentro con la sombra. Es verdad que la sombra es un angosto paso, una puerta estrecha, cuya penosa estrechez nadie que descienda a la fuente profunda puede evitar. Hay que llegar a conocerse a sí mismo para saber quién es uno, pues lo que viene después de la muerte es algo que nadie espera, es una extensión ilimitada llena de inaudita indeterminación, y al parecer no es ni un arriba ni un abajo, ni un aquí ni un allí, ni mío ni tuyo, ni bueno ni malo. Es el mundo del agua, en el que todo lo viviente queda en suspenso; donde comienza el reino del “simpático”, el alma de todo lo viviente; donde yo soy inseparablemente esto y aquello; donde yo vivencio en mí al otro y el otro me vivencia como yo. Lo consciente colectivo es cualquier otra cosa antes que un sistema personal encapsulado; es objetividad amplia como el mundo y abierta al mundo. Soy el objeto de todos los sujetos, en una inversión total de mi conciencia habitual, en la que siempre soy un sujeto que tiene objetos. Allí estoy en tal medida incorporado a la más inmediata compenetración universal, que con toda facilidad olvido quién soy en realidad. “Perdido en sí mismo” es una buena expresión para caracterizar este estado. Pero este sí-mismo es el mundo; o un mundo, si una conciencia pudiera verlo. Por eso hay que saber quién es uno.
C.G. Jung “Arquetipos e inconsciente colectivo”

Nota: La interpretación del agua como abundancia es –y fue- un reduccionismo, una contradicción simbólica. Ahora entiendo que la sombra está inmersa en aquella espuma oscura, en la alberca de agua verdosa, en aquellos arroyos angostos e infinitamente profundos, en el lago y su insoportable silencio; imborrables los desechos estancados a la orilla del río. Mi descenso vino en la inundación, en el pantano y la claridad de sus aguas dejando ver esos cuerpos desagradables: alargados y escamosos, rodeándome las piernas; busqué las páginas, tenía la necesidad de leerles mi epifanía, me creerían. Una lluvia se soltó y me vi perdido, jamás he vuelto a hallar las páginas. Aún bajo los techos permanecí siempre mojado.