martes, 7 de abril de 2015
Obsesiones (2 de marzo 2015)
Entonces el rehusarme a mis obsesiones es una afronta a mis afectos desligados. Mi componente emocional se separa de la idea con la cual estaba asociada originalmente; mi yo no lo soportó y se desplaza a otra idea que se hace causa, acción compulsiva, o sea una obsesión.
Mom (31 de marzo 2015)
"... yo pude hacerlo , lo hice, pero no tenía otras razones (sobre los motivos, deseos y equívocos de aventuras miles) . Tú tienes mucho. Esto, mi amor, es como las frutas, las flores , primero, se antojan, quisieras comerlas , después se pudren, se agusanan ; las flores son hermosas al inicio, encantadoras, después mueren , huelen mal, se pudren. Llega un momento que eso se acaba, y después te das cuenta que te quedaste sin nada, sin razones... Hazlo hijo."
MI Jefa, sobre las enseñanzas que van más allá de Don Juan
martes, 31 de marzo de 2015
Notidisparates
Lo único rescatable del largometraje “Chapiee” del mismo director de la gran película de contenido de guetos, in-tolerancia y de experimentación-desplazamiento en el otro “Sector 9”, es recordar algo tan básico que es yuxtapuesto en lo milagroso. Ese milagro es la condición misma de ser humano a obviedad o medio –llevado de manera inadecuada en la Inteligencia artificial- ; el resto del filme es prescindir de la misma fórmula, hasta de la localidad (Johannesburgo), a única variación la máquina por el alien, luego, pan con lo mismo…mi agitación vino en una escena irrelevante en donde la EMOCIÓN-CAPACIDAD DE ASOMBRO como primer acto primigenio me conmovió a la par de extasiarme de ser un ser- humano (o ésto es efecto de mi crisis de edad o es efecto de volver a lo básico para entender el resto, o de la desesperanza paupérrima que vivimos actualmente, o de análisis forzados…).
Mi comodín frecuente en tertulias en esta semana que murió fue el del siniestro aéreo de Germanwings, me hice de una teoría, una idea que se ve empujada por la desconfianza de lo informado, por la paranoia como combustible colectivo e individual, ajá y hasta por postura de “profesional” de esos menesteres. Y va de esto: no supongo, confirmo que cualquier aerolínea de renombre se encuentra regida por fuertes filtros de seguridad y calidad tanto para sus aeronaves y para quienes desarrollan algún tipo de actividad en éstas (desde la limpieza, la atención al pasajero, quienes les pilotean, mecánicos, etc.); no me alejo de nuestro permanente error humano, el equívoco, y como muchos casos lo registran, la mayor parte de estos accidentes responden sin duda al descuido, la distracción y la sobreconfianza humana. Ahora bien, desde una perspectiva clínica la depresión tiene como rasgo particular el ausentismo con lo otro, con los otros y al final consigo mismo , en el caso de que la depresión se volcase a una idea o acción suicida como generalidad, el daño físico responde al daño del constructor de la incidencia, es decir el depresivo-suicida. La elaboración, forma y ejecución regularmente compenetra al espacio individual, es decir, el daño a priori ubica un espacio en el que de manera más que consciente desplaza al resto –la comunidad- determinándose de esa forma la llamada soledad por angustia. Considerando que el suicida recurriera –esto sí inconscientemente- al espacio público es motivo de simbolizar su muerte, ya sea por motivos del espacio elegido (espacio-identidad) o por perpetuarse en dicho lugar (inmolación por ejemplo); el instrumento o arma se instaura así mismo en la significación de la muerte por mano propia, siendo éste un equivalente del desprecio, el masoquismo y la postergación o la acotación del dolor del suicida. El suicida “sacrifica” su propia vida buscando la liberación de su tensión, en remotos casos habría un daño colateral como resultado, entendiéndolo en el estricto sentido de un daño físico a los otros, especificando, el posible daño otorgado tiene otro cause, a nivel emocional, traumático, financiero o del ausentismo del ser suicida con sus seres queridos, quienes lo apreciaban, quienes le echaran de menos por no poder reclamarle los adeudos de afecto, sus irresponsabilidades y responsabilidades. Si la correspondencia de desprenderse del acto de vivir solicita de la muerte de otros tendría que pensarse no específicamente en la depresión; si extendemos la idea-intención esto nos lleva a otros terrenos, los terrenos mismos del fundamentalismo, en donde el ejecutor es el “arma” misma para dar sentido, realismo exacerbado a un tipo de ideología o creencia (terrorismo). Sí el sujeto se sacrifica no por liberarse de algún tipo de angustia, preocupación, hartazgo o tensión, lo hace por una sociopatía influida por algo que le dio sentido a su vida, haciéndole creer que su existencia tenía un motivo (se ahorran la filosofía individual del estar y del hacer, no resta decir que es una introspección facilona). Por último, si hablamos del factor sociópata, no podemos ahuyentar otra condición humana que se polariza ante la depresión, el narcisismo ¿Qué tal si nuestro piloto saltó de su infravaloración a una sobrevaloración que lo estrelló en una conducta maníaca de desprecio a todo convirtiéndose en una consumación de legitimación sádica? Quizá.
Pastillas efectivas de cianuro para la declaración de Peña Nieto al referir que Julión -qué nombre, no cabe duda que nuestra actual situación evidencia el humor no como algo de índole reflexivo sino presto a la mera mofa que se toma en serio- Álvarez es un ejemplo para la juventud mexicana. Considero no amablemente que el señor limitaciones presidenciables debe asumir a la juventud mexicana como la juventud en éxtasis de otra broma de mal gusto llamada Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
Fin de catarsis.
martes, 25 de noviembre de 2014
Solaris según Nolan (Interestelar)
Se dice que el cine es la realización de un sueño, es
aquello que percibes con un deseo enorme, deseas que todo lo que pasa en esas
imágenes en movimiento fuera real, alcanzable. Te trastoca y juega todas las
emociones, te evoca sentimientos varios, la mayoría de estos podríamos decir (en generalización: el miedo, la violencia, el coraje y el
amor); comparto sin duda esa idea, qué decir si esos sueños, esas imaginerías
te explican –sin absolutos- los motivos de la vida. Partiendo de ello, existe en nuestros tiempos
un director que hace de esto una “realidad”, me refiero al señor Cristopher Nolan y todo su
grandioso equipo de trabajo, mención aparte la colaboración de su hermano Jonathan Nolan en la guionización de todas sus
películas, me encanta decir que de
profesión éste es psicólogo; en esas historias es evidente e increíblemente bien
planteada dicha labor, porque da cabida a romper en lo planteado, del poder
realizar y consumar que las incertidumbres se hagan realidades fílmicas, y ante
todo, muy humanas (en eso estriba la
psicología, en lo irrealizable y no en lo condicionado). La filmografía de
Nolan se caracteriza por pronunciar en una a una de sus películas la
complejidad del ser humano, la complejidad de sus fantasías, de llaves que
abren las puertas de lo oculto, de la magia y la ciencia como fusión para
entender a las cada vez más complejas y desorganizadas sociedades, revisadas
éstas en distintos tiempos, realidades y ahora en mundos, astronómicamente hablando.
Sus personajes , y sin duda, sus protagonistas son individuos que viven
atormentados ya sea por superar a un rival en la noble laboral de crear
ilusiones; en hombres descompuestos en su reloj biológico y obsesionados en
atrapar a un asesino que les permitirán eximir culpas; del origen mismo del mito de los héroes, una
tragedia, el doloroso y necesario camino del héroe y la fuerte necesidad de su
presencia en todos; en el saber que lo más valioso en el mundo es una
idea, un pensamiento que es blindado en las profundidades del inconsciente, en
los sueños, la –imperfecta- arquitectura del sueño.
La premisa de interestelar parte y finaliza en la relación
afectiva entre una hija y su padre, todo esto contextualizado en un planeta que le queda poco tiempo de vida (la hambruna
no es cosa de continentes), en donde las tecnologías dominantes ahora sólo
pasean, vuelan por terrenos infértiles.
De la relación dicha, un padre que tiene sueños recurrentes en donde el
desenlace es el estrellarse, lo inoperable de una nave que con el transcurso de
la película –desde la analogía- nos permite entender que el conocimiento en
ocasiones, o regularmente es condicionado por los intereses, y las necesidades,
que en el caso de la película queda al descubierto sin incurrir en tramas
políticas o gubernamentales; la necesidad propiamente empuja a los personajes a
estrellarse frecuentemente para entender los motivos de la existencia, el
afecto y la ciencia como interlocutor de la colonización no de otros mundos,
sino de la multidimensionalidad de los pensamientos.
Entre los muchos aciertos del filme, está precisamente esa
narrativa que no desestima en ningún momento el discurso científico, y miren
que esto es un reto no correspondiente sólo a las películas de ciencia ficción,
sino en cualquier producto que incluya o deseé versar sobre el tema. La
relatividad del tiempo, el viaje interestelar, las teorías sobre los agujeros negros son
tratados de tal manera que se convierten en un componente, un protagonista –no secundario-
más de la historia. El desprendimiento es otro de los temas, que
desprendimiento más agravante que el de separarse de lo que más amas, una hija, el mundo mismo;
internarte en un mundo oscuro que del otro lado tendrá más preguntas que
respuestas. Porque precisamente el pragmatismo ha sido una de los rasgos
particulares de Nolan, la función del cuestionamiento en donde este director
desplaza a la palabra para explicarnos por medio del simbolismo, sea puesto
éste en el color (la fotografía), en la frialdad y el encierro de una nave
compartida por apenas cuatro tripulantes y un robot (me recuerda a aquellos
primeros e inmensos procesadores de información o a los martillos andantes de
The Wall) al que puedes regularle el humor, la ironía ante la vida de sus
creadores (eso me recuerda el presente). La “armonía” de los mundos a
conquistar serán motivo subyacente de más símbolos: un mundo acuático (inundado),
un mundo frío (congelado) y un mundo de piedra (rígido), el cuarto mundo es el
elemento que parece ser el mensaje de Nolan, el amor, el cual se entrelaza en
los sistemas biológicos y artificiales, en las teorías, en las leyes que
dominan el universo.
Porque a veces podemos explicar el mundo y la vida magistralmente,
y otras tantas ocasiones nos reducimos a la imposibilidad de sólo contemplarlo,
en el polvo que gravita, que trata de decirnos algo que seguimos sin
comprender, entender.
domingo, 17 de agosto de 2014
¿Por qué soñé eso?
Me dice mi
sobrina al oído esperando que su abuela no la escuche.
-Tío soñé
con la muñeca esa que puso ahí mi abuela, y te quiero contar.
En efecto
ahí estaba la muñeca en un juguetero. Esa muñeca se la regalé a mi mamá hace
muchos años, ¿su cumpleaños?, un día de
las madres tal vez; de no verla de nueva cuenta no la hubiera recordado, aunque
ahora es seguro que no la olvidaré.
Le dije a mi
sobrina que me contara, me emocioné. Reconocía que había sido tan extraño en
ella ese sueño, el ver la muñeca lo hizo más grave para su entendimiento, del
mío igual, eso precisamente me emocionó más. Ella simplemente necesitaba saber
qué fue lo que pasó. Le agradezco mucho que me lo haya contado, conocer el
inconsciente en los primeros años de revelación en una niña, en mi sobrina, es
invaluable, único. Le escuché.
-Soñé que
estaba en un cuarto, no era el de la casa anterior, ni éste, ni donde vivo con
mi mamá, no lo conocía. Estaba pintado
todo de color blanco, y la muñeca me veía…
-¿Había
muebles, objetos que reconocieras? ¿Sólo estabas con ella, no había nadie más?-
Le interrumpí y pregunté muy inquieto. Comenzaba a contagiarme de su sensación,
de su sentir.
-No había
cosas, nada. Nosotras nada más. Y
comenzó a caminar hacia la puerta. Al llegar a la puerta me volteó a ver y me
sonrió, se fue. Después el cuarto se comenzaba a poner de color verde y mi mamá
llegó, luego me desperté.
Ambos
entramos en un breve silencio.
-¿Por qué
soñé eso tío? -No dejaba de ver la muñeca y me pidió que mejor ya no habláramos
de esto. La abracé y le dije que no se
preocupara, que averiguaríamos por qué soñó eso. Le di un beso y a continuación
fotografié la muñeca.
Al final le
pregunté si le gustaría que lo escribiera, dudó. Respondió dándome su
autorización.
Aquí está
Layla.
miércoles, 13 de agosto de 2014
El resumen de nuestros muros
El mundo repudia a Israel, muchos han decidido cambiar su actitud ante la extraña y dolorosa vida (la arrolladora y Coelho contribuyen), las coca colas personalizadas (aquí contribuyen todos en el quehacer de detractar o amar), comprar, el alargador de huesos para corregir y dirigir el encantador morbo, vídeo de un robo, el senado aprueba y las pruebas son ignoradas (lo tiene enfrente y no lo está viendo, o el ya clásico “estás viendo –México- y no ves”, se busca, se adopta, se ofrecerá recompensa, el desaparecido, la aparecida que pide números telefónicos dado que perdió su celular (Inbox eh?), la baja de más alto rango desde Afganistán, reseñas, viejas glorias de nuestros anhelos gloriosos, La Jornada, Feliz cumpleaños, te quiero mucho, Nop, Sip, Wiiii, Argh, Sssssssss, XD , secuestran y torturan a una doctora del DIF en Michoacán por no lograr un parto, fulano actualizó su foto de perfil (¿otra selfie Jua…?), soy un ciudadano honesto, vídeo sexoso, padre de familia preocupado por las necesidades de mi estado… senador, diputado mentiroso un millón de veces, vídeo chusco, a sultana le gusta la foto de mengano, Honda Fit 2015, Marion Cotillard, antojos, problemas de insomnio, con el mundo mismo, fotos rucas palabras cuscas, homenajes, vídeo musical, ídolos, citas, citas que no se deberían citar, concretar, inconformidad, poesía buena y mala, opiniones buenas y malas, regulares los rostros del caníbal, Charlie Parker, los atletas al hotel y los centroamericanos a los clavados, Trailer, narco, Músicos en ruta, pleito legal la selfie de un mono, la mayoría parece que se quiere ir a la chingada y otros seguir en ella, fulanita compartió otras más, Aristegui Noticias, ¡Thor #16 a la venta ya!, motivación, más motivación, buenos días, buenos deseos, Motorola, motorolos, las prohibiciones de Rusia, nuestras prohibiciones, nuestras pasiones, nuestras sombras, nuestras vidas, nuestro espacio, nuestros vicios, nuestro narcisismo, nuestros miedos, nuestro voyerismo, nuestros gustos, nuestra conciencia, nuestro tiempo, cuánto tiempo…
martes, 15 de julio de 2014
Cosas
Sé que tengo que hacer muchas cosas, esa misma presión me
hace pensar a detalle en cada una de estas cosas, después llego a la desesperación
de darle resolución a cada una de estas
cosas. Jerarquizar por relevancia, menester inmediato, mas resulta que en esos menesteres hay más cosas que hacer.
Vuelvo a pensarlas, reacomodarlas, son tantas como los pensamientos de toda una
vida, la mía para el caso. Entro entonces en una disyuntiva: resolver tales
cosas se vuelve el propósito o, hay la opción de desprenderse de tales cosas,
olvidarlas sin olvidarlas, es decir la regulación de la preocupación, de que
tales cosas volverán en formas, en episodios, en sucesos que yo seguiré
asociando a esas cosas que juraba haber olvidado, de las que juraba ya no
haberme preocupado.
Y entonces esas cosas me vuelven preso de planes para
hallarlas o encontrarles respuesta-solución; encontrar en las cosas es motivo
corriente de la condición humana, dar sentido a una cosa, a una epifanía que,
para otros es simple naturaleza de la realidad, casualidad. Entonces me dedico
entre recesos de la resolución de las cosas a ver, a husmear las cosas de los otros, de sus mundos, de sus
gustos, de sus miedos, de su similitud
en mí para acomodarse en otras cosas, así olvidando las propias hasta que el
sol cae.
Y en cosa de segundos me hallo escribiendo de tales cosas,
pensándolas pero condensándolas, resolviéndolas sin presiones, recordándolas
sin aprensión. Noto hasta este momento que me engaño, no puedo dejar de pensar
en el sinfín de cosas que me atan a este planeta de cosas; en donde las cosas
son antes que uno, en donde las acciones de dichas cosas son inseparables del
actuar de todos. En resumen, me parece que las cosas deben seguir su curso,
hasta perder su brío, su angustia, su gusto por vernos a nosotros como la cosa
que responderá -de millones- de formas a
las circunstancias otorgadas por ellas, las cosas. Nosotros en tanto (creo)
podemos dejar de pensarlas con el riesgo –comprado- de no existir, de volver a
la “paz” de una “conciencia cero”. La cosa sería cómo reiniciar esta nueva
etapa que, de entre tantas reformulaciones parece partir y finalizar en los
mismos hechos, los mismos escenarios, las mismas cosas.
martes, 1 de julio de 2014
El penúltimo del mes
El día, la mañana pintaba según para muchos el triunfo, el
inicio de una semana que les cambiaría el ciclo de cada lunes. El
resultado, la historia ya la conocemos
todos, aunque en este espacio no se dará pertinencia a ello, pronto habrá una
opinión que distará y no.
Después del penalti el plan con la familia (tías, tíos, primos
muy preciados) fue el de irse al mar, el tío Spider-Man siempre conoce las
mejores costas y ríos del estado, habría entonces que aventurarse sin dudarlo.
En la batea de la camioneta con los primos, los novios,
las novias de los primos y el sorprendente tío Araña, sintiendo el sol en
la cara, en los brazos, con las toallas como islamitas, el resto en la doble
cabina llevándonos al rumbo del que me dijeron era una playa apacible que, a
nuestro regreso bautizamos con las
primas como una playa “medianamente virgen”. Durante el trayecto mencionaron
que el camino lo pavimentaron hace poco, poco después de las inundaciones del año
pasado; me relataron un episodio escatológico sobre intestinos gruesos y otras
historias de unos borrachos adultos. Curioso, de igual manera a nuestra partida
nos tocó ver a un borracho local a un costado de la carretera, sus amigos
–debieron serlo- venían torpemente a su rescate, he de pensar que las
fuerzas no les sobraban, así que optaron por apoyarse de una carretilla para
trepar al amigo, igual ni a la cama llegó.
En efecto la playa era especial, especial en sus olas, en
su arena compuesta en su mayoría de pequeñas piedritas, conchas, en su pequeño
brazo que hacía de río, laguna. Justo ahí inició una de las muchas aventuras,
pero todo a su tiempo, la regocijante dispersión no hará mella aquí. Con
bermuda prestada y con la pata madreada me dirigí al agua, a las olas
revoltosas presentadas por el cielo entre gris y gris, azul y purpura
(percepción madre de la realidad). La arena se comía mis pies, supongo que fue
la sutil advertencia del agua salada, dejándome claro que aquí no me podría sumergir
como en mis sueños, ni como en mis
líquidos favoritos; hice caso y pise delicadamente, en la más espumosa de las
olas me sumergí, mi intención no se acompañó de purificación alguna, la misma
agua a veces no cree esto, pienso que llega a detestar que le vean como canal
purificador ¿Qué culpa tiene el agua de nuestra suciedad?
Echando la torta, el sándwich, recargado en la batea, llegó
un hombre pasado en tragos, pasado en panza a solicitar auxilio, me dijo: “mi
camioneta se está hundiendo, podrías ayudarnos con tu camioneta para sacarla,
está a la orilla del río…” Aclaro, evidentemente no era mi camioneta, ni manejar
sé (ni nadar), le conté de inmediato a mi primo (el dueño y conductor),subió a la
camioneta con el ebrio de copiloto, mi sorprendente tío y el novio de una prima se fueron en
apoyo. Salí corriendo tras ellos, no me quería perder a la camioneta Tracker que
ahora veíamos sumergida casi a la mitad; más borrachos dando una variedad de sugerencias para sacarla, una gorda parece que pareja, amante, familiar de quien pidió
auxilio flotaba junto a la camioneta a manera de una supervisión ridícula. Otra
de traje de baño negro de pelo corto sólo se cansaba al son de no ayudar en nada. Se
amarró un nudo al chasis de la camioneta, el dueño que resultó que no era el
dueño de la camioneta sino su hermano que, por cierto no iba, giraba el volante
evitando más atasques. Entre chismosos, borrachos, estorbos y familiares
comenzamos a jalar, la cuerda reventó y yo me fui de nalgas al suelo, disimulé
dos, dos. Dejé que los profesionales se hicieran cargo y me uní a la gorda que
ahora se encontraba fuera del agua, su traje de baño era como un látex negro que contenía los
reclamos, la pesada vociferación de decirle al torpe –conductor- de nueva
cuenta la advertencia que le mencionó justo cuando acercó tanto la camioneta a
la orilla “¡Te dije que se haría un desmadre!”. A lo lejos –ni tanto- una mujer
tomaba vídeo, otros fotografías, opté por estar fuera de cuadro. Vino nuestra, su salvación de lo que parecía la resignación
del ver la camioneta hundirse totalmente, esto fue un tractor y una cadena que hizo la tarea que ni
once personas aproximadamente pudimos realizar. Regresamos y vimos el abrir de la puerta del conductor, salía una
encabronada chorrera de agua acumulada en su interior. Esa camioneta pasaría su
noche en la playa. Seguimos con nuestro banquete en el que entre bocados nos
indignamos y nos mofamos de los que casi nos hunden nuestra tarde.
Mi tío me señaló la ubicación de un hotel que se lo llevó la
mar. Desde la llegada podías ver unas casas de playa a menos de un kilómetro de
la costa ¿En serio, qué pensaban qué pasaría al construir casas en ese punto?
Parecían ruinas de pirámides que exploré después de una sentada en la arena,
luego de un partido de fútbol que tenía años no me aventaba, di lo mejor de mí
saliendo lo peor en un 4-0 de medio tiempo, la familia firmó la derrota, el
equipo del tío fue el ganador. En mi solitaria exploración vi una cama sin
colchón y sí con mucha arena, no sé por qué no me adentré al resto de la casa,
de las casas, quizá porque les tengo planes para un posible regreso.
No me llevé ni arena, ni conchas, ni peces como lo hacía con
mi mamá o mi papá, en un vaso desechable revotando en el de segunda. En cambio
nos llevamos tiempo compartido, experiencias distintas y momentos alterados
pero de buen sabor, como las gotas chocándonos
a los mismos ocupantes de la batea; la gorra del amigable tío se la llevó una ráfaga
de viento en la carretera dejándonos su peripecia
vista cuando nos cubrimos con una lona de la lluvia hasta nuestro regreso. Se me ocurrió
entonces que sería una buena forma de regresar a describir algo, en atención al
recordatorio que los distintos sucesos son irrepetibles, y por supuesto únicos.
A mi familia y a ese corto viaje que finalizó en una
agradable noche de lluvia en domingo.
lunes, 31 de marzo de 2014
Cenit
Y estábamos en reunión en la casa que no parecía a ninguna otra pero en la que todos no sentíamos tan cómodos; al frente estaban sentados ellos, una amiga cocinaba y servía, reíamos, en verdad que tu llegada fue inesperada. La naturaleza con la que hablabas, con la que hacías reír al resto, incluyéndome, estaba feliz de verte ahí. Me recordaba esos otros días en los que nos encontramos: el primero cerca del río, la otra ocasión comiendo manzanas a un lado de la carretera perdida, y el más cercano a este momento, el día, la noche, el lugar en el que convivíamos entre extraños y extrañeza, en donde fuiste tan real, tan dada a mi imaginaria y por supuesto a mis idealizaciones.
Discernir entre si estabas o era solamente otro de esos episodios en los que te has vuelto arquetipo de mis ilusiones fue difícil; vi el piso, los muebles, el día afuera se veía como cualquier día, sin alteración, sin lugar a lo irreal. El nerviosismo y mi latir eran naturaleza de mi imperfección y sinceridad, intolerante ante la crítica que ante tu presencia y en la presencia de mi error me permite corregir por ti. Evidentemente era real, me atreví entonces a pedirte que antes de irte me dejarás explicarte todas esas cosas que quedaron sin resolver, las acumuladas en el limbo. No andaría con rodeos, sería específico y en tanto concreto, accediste con esa sonrisa tan tuya, tan anhelada.
Comenzaste a despedirte, y entre el flirteo que conjugábamos supe que te despedirías hasta el final de mí, que recordarías que tenía que decirte algo antes de no volverte a ver (aquí te veo y somos –a fuerza- sinceros). Besaste mi mejilla y otra certeza vino: pegó tu cabello cerca de mi rostro, pude olerlo, olerte. No soñábamos, me obligaba a pensarlo. El nerviosismo me atrapó de nueva cuenta mientras caminabas a la puerta. Mis acompañantes me vieron, me exigían en sus miradas que te alcanzará, creo que al final de cuentas sabía que ahí podía romperse todo; entonces te seguí. Te dije que sólo soñábamos, que de mis obsesivas ilusiones eras triunfante, viéndote en el cenit, en el húmedo bosque, en las escaleras de mis secretos y ahora en la puerta de la realidad.
Mi declaración estribó en que eres un sueño, es entonces mi mejor forma de referirte lo inolvidable que eres por estos lares; lo inolvidable de lo no existente es de gran valor onírico, es el oculto del deseo más sincero, más interno. Atenta a cada palabra y atento yo a tu conmoción, no nos quedó más que regresar, tú entrando a la puerta de mi inconsciente y yo en la puerta de la certeza de que esto sólo pudo pasar en mis sueños.
Abrí los ojos.
viernes, 28 de febrero de 2014
Borrador 5
Iba recorriendo las salas vacías del supermercado, lucía más
pequeño, me sentía demasiado sobrado; reconocía cada zona, en donde maniquís,
juguetes y unas viejas escaleras eléctricas te llevaban a un segundo piso donde
no hay venta de discos, en donde me escondía entre las mesas de los productos,
en donde un niño murió cayendo por descuido. A pesar de esto algunas cajas
registradoras funcionaban; por un instante los pasillos se hacían enormes. Temí
desmayarme. Tarde pero desayuné ese día. Fue un ataque de pánico repentino, y
repentinamente me pude librar de él. Me fui hasta el pasillo de artículos de
limpieza bucal, sentía la garganta seca, necesitaba hidratarme. Destapé un refrescante bucal, me tomé casi la mitad. El ardor en la
garganta lo sentí hasta los ojos, pero me hizo volver casi entero. Me dirigí a
la salida, la mirada del vigilante pegada; sentir incomodidad sabiéndose no
deudor de nada, es de las angustias más letales, se padecen mayormente por no
encontrarles una razón. Bajando la calle, débil, me senté a esperar que algo
pasara. Realmente estaba mal.
Me dormité unos minutos no quise ver la hora, suficiente con
saberme mejor. Me levanté y caminé hasta el hombre que gritaba: “Ténganme
lástima”. Lo siento pero no tenía nada para el viejo si en él ya no hay nada.
Las cosas lucían desproporcionadas en un sentido natural del costumbrismo a la
miseria. Iba mejor. En las escaleras de mármol cruzando ya el pasillo comercial
recordé que mi mamá me contó que un hombre resbaló cerca de ella y mi papá
-parece ser que yo aún no había nacido- levantó al hombre descalabrado.
Terminaba de recordar cuando mi pie pisó una sustancia roja, un bote de pintura
se le había caído al pintor que estaba a
tres metros de mí, en el suelo yacía con la cabeza abierta y encima una
escalera. No pude emular a mi papá, me fui. Más vital. Caminé por la calle que
rodea al botánico desértico. Alguien me enseñó a verlo por una ventana, además,
me confesó que era uno de sus lugares favoritos de la ciudad. Me lo agencié en
mi lista de lugares favoritos, estas listas nunca deben dejar de ser escritas,
y por supuesto acompañadas con el recuerdo de la persona
con quien lo descubriste si el caso fuera así. Por suerte la banquita que tiene
la sombra del árbol estaba desocupa, me ocupé entonces en la sombra. Esperando el
nuevo suceso. Y vino.
No sé de dónde, podría jurar que salió de la parte baja de
la banca, sigo sin estar seguro. No tuve opción, la verdad no tuve ganas de
cuestionarme, sermonearme, le di la mano. La mitad de su cabello iluminado por
el sol, la otra mitad haciendo parecer que su sombra cobraba vida, su
movimiento continuaba invitándome. No noté nada fuera de lo normal, de lo que
normal es la anormalidad de querer tener el control sobre las circunstancias,
de la filosofía de cómo hacer para no entenderse, pararse. Me perdí, cuando di
cuenta íbamos en el taxi abrazados como si de una vida sin días se tratara. Le
dije al chofer que parara. Bajamos sin prisa, pero le advertí que algo nos
venía siguiendo, que lo había olvidado, que lo quise olvidar, sin embargo desde que nos levantamos de la banca sentí que alguien nos escuchaba, nos seguía. No es
nada dijo en el puente que tiene las plantas acuáticas, colillas de cigarros
también, al menos dejan ver tu reflejo;
le veía reflejada mientras me contaba que Quetzalcóatl estaba atrapado en el
cuerpo de un bebé, y que ese pequeño cuerpo ocupaba un espacio dentro de un
bloque de la Pirámide de la luna. Me tuvo atentísimo. Después le hablé de las
patrañas de los hombres, hablaba de mí en otros pero convencido de no quererlo
hacerlo con ella y por tanto no limitándome a contarle a qué podía enfrentarse,
hablábamos de un caso en particular (…). Me fui, vino Hemingway, le hablé de
sus cacerías, de la luna que entraba justo cuando me abalancé –y aquél se
suicidaba-, la besé como en otras ocasiones no lo hice. Creo que lo supo.
Bajamos las escaleras brillantes entre tanta oscuridad, fue la luna, sin
intención de querer ser romántica, fue una libre y hermosa acompañante de los
hechos. Nos daba pie. Y lo hice, avancé.
En un desenfrenado estado de sentirme, sentirnos más cerca, le dije que iríamos a un lugar en donde podríamos conocernos; el sentido
podría parecer parcialmente sexual, empero que quizá, aunque una premonición le
daba otros ecos: electrificando el deseo, la obstinación, la ternura libre de
duda, el quehacer de mover emociones que no respondieran a la ansiedad, emoción
que resulta ser la de mejor identificación de nuestros diversos planos: la
angustia te hace moverte a espacios recónditos de tu ser, desestima lo “bueno”
o lo “malo”, sólo incide en hacerte sentir en una acorralada idea (s) de vivir
nuevas emociones con repercusiones diversas. La angustia empuja en consecuente
a nuevas experiencias y aprendizajes volátiles. Ese panorama era circundante en
el sudor de mis manos, en la cercanía de su cuerpo al buscar un lugar en donde
pudiésemos colocarnos. La electricidad reinante fue el lugar elegido, en lo
alto, como si de la Torre de Babel se tratara, transgredir el cielo acompañado
con el excelso riesgo de quemarnos, electrocutarnos. El lugar, la colina en el
que habitan los gigantes que dan luz en sus venas, cables en los que fluye la
corriente, las pulsiones. Nos introducimos al pentagrama de cableados,
controlando desde las alturas el no ser descubiertos, exponiendo motivos entre trincheras.
Temió (bien le dije que alguien nos espiaba). Sin embargo no abortó la
intención, emprendió al riesgo. Decidimos bajar y tomar rumbo al sur, allá
vivía. Su mirada se centró en el piso, queriendo pasar desapercibida, su ritmo,
el latir de su corazón era visible en el labio de un rosa pálido que le saltaba
delicadamente (me emocionaba). Su casa fue el lugar, tomaba muy en serio el
acto de transgredir, me asumo como un adicto de las transgresiones, así que no
reparé aunque de testigos llena su casa estaba. Cerca del patio, en pasto
verde, caminaban sus amigos, gente que me conocía, en cambio su mirada ahora
estaba arriba, no había que ocultar. Di por sentado que algo sabían, de ello a
saber qué pensaban existía un gran abismo. Huir, me dijo la conciencia. Al
buscarle noté sólo el hilo de una sombra que se alejó, se incorporó a su
realidad. Hice lo propio, no le dije nada y me salí, choqué con gente que
seguía entrando a su hogar. Molesto en inicio, después muy expuesto al
análisis. Los taxis iban ocupados, por fin uno paró, subí.
-¿Adónde joven? –Dijo
el chofer.
- Adonde no me sienta joven señor –Respondí.
-Bien, eso es por acá.
Llegamos. El nombre de la calle era Despertar.
martes, 25 de febrero de 2014
Notidisparates:
Mientras el sol radiante de un día de febrero entra por nuestras ventanas en la otra ventana vemos la “recaptura” –después de 13 años- del enemigo público del mundo,´a los otros pueden verlos en la lista de Forbes. Al estar demasiado cargados de hazañas, persecuciones y operaciones mediáticas se nos hace imposible creer que uno de los hombres más buscados sea aprendido “limpiamente” en un hotel de Mazatlán (tierra de Infante, de balas y mujeres hermosas); piensen, es como la cacería del que no quieres cazar, no, hasta el momento indicado, hasta que el perseguido diga “ahora sí”. La señal, una reunión de marco financiero en un lugar tan lejos de ser odisea de un chorizo verde, puro rojo ahora. El premio Nobel de la Paz juega golf, mientras que el otro hace evidente su sapiencia de Mercado: “millones en español, trillones en inglés…”, un coleccionista implacable de pifias. Lo que no es una pifia, ni broma es la ingobernabilidad, el Estado fallido que ahora es Michoacán. Ese pueblo que inherentemente trae en la sangre el levantamiento, la resistencia, la cuestión es que, para armar conflicto es primordial el financiarlo ¿Quién inyecta el financiamiento? ¿Es otra novela revolucionaria como en la que se convirtió el EZLN? El tiempo, mejor dicho el olvido lo dirá.
Es difícil, complejísimo diferenciar entre lo real y lo irreal en esta sociedad-holograma en la que vivimos, ahí yace el asunto. Parece ser que quienes habitamos este cuerpo celeste vivimos en diferentes mundos, cada uno a conveniencia o refugio; yendo de Ucrania a la Olimpiada, de Colombia a Venezuela: el pajarito ya no le habla a Maduro y sí las cadenas televisivas como CNN, sí, el perfecto momento para entrar en una nación que colapsa entre el circo de un Bolívar de cuarta y una Derecha que le urge, le mata mover su petróleo con el país del norte (se tardó mucho Irán, Rusia, hasta el mitopoyético Chávez se les murió). Total, el pueblo, o la mitad de éste está hasta la madre, echarle sal a la herida traerá beneficios jugosos para algunos.
Y el cártel, no el de Sinaloa ni el crítico Templario ni el del zorro, sino el cártel del Estado haciendo reacomodos, capturando al más malo de los malos, redactando las últimas líneas de una historia que terminará como deben acabar las buenas historias, atrapando al malo. Hay una veintena de familias que les recuerdan que sería bueno capturar a aquellos que abrieron fuego en una comunidad guerrerense masacrando a más de veinte personas entre los que había mujeres y niños (vaya nota que no es nota).
Y el sol radiante permanece, en disimulo ante tanta vuelta de tuerca, ante tanta circunstancia que es difícil de cartografiar. El sol decide entonces seguir con un su milenaria tarea, dar luz. No se le puede tapar con un dedo, no se puede callar el bullicio si es tierra que se alimenta de lamentos –y de mentiras-, no se puede ocultar entre tanta luz que te da respuestas que por lo regular te van quemando o, mejor, que te deslumbran y entonces, pierdes la capacidad de diferenciar entre la verdad y la supra-verdad.
Es difícil, complejísimo diferenciar entre lo real y lo irreal en esta sociedad-holograma en la que vivimos, ahí yace el asunto. Parece ser que quienes habitamos este cuerpo celeste vivimos en diferentes mundos, cada uno a conveniencia o refugio; yendo de Ucrania a la Olimpiada, de Colombia a Venezuela: el pajarito ya no le habla a Maduro y sí las cadenas televisivas como CNN, sí, el perfecto momento para entrar en una nación que colapsa entre el circo de un Bolívar de cuarta y una Derecha que le urge, le mata mover su petróleo con el país del norte (se tardó mucho Irán, Rusia, hasta el mitopoyético Chávez se les murió). Total, el pueblo, o la mitad de éste está hasta la madre, echarle sal a la herida traerá beneficios jugosos para algunos.
Y el cártel, no el de Sinaloa ni el crítico Templario ni el del zorro, sino el cártel del Estado haciendo reacomodos, capturando al más malo de los malos, redactando las últimas líneas de una historia que terminará como deben acabar las buenas historias, atrapando al malo. Hay una veintena de familias que les recuerdan que sería bueno capturar a aquellos que abrieron fuego en una comunidad guerrerense masacrando a más de veinte personas entre los que había mujeres y niños (vaya nota que no es nota).
Y el sol radiante permanece, en disimulo ante tanta vuelta de tuerca, ante tanta circunstancia que es difícil de cartografiar. El sol decide entonces seguir con un su milenaria tarea, dar luz. No se le puede tapar con un dedo, no se puede callar el bullicio si es tierra que se alimenta de lamentos –y de mentiras-, no se puede ocultar entre tanta luz que te da respuestas que por lo regular te van quemando o, mejor, que te deslumbran y entonces, pierdes la capacidad de diferenciar entre la verdad y la supra-verdad.
domingo, 23 de febrero de 2014
Breves de Dios, el hombre y la máquina
Y el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza (y no al contrario), mientras que Dios -sin saberlo- antes creó la imperfección llamada hombre para luego el hombre crear a la –“perfecta”- máquina que terminaría por desplazarlo haciéndole creer que Dios en realidad no existe (“el hombre es Dios”), no dando cuenta que la imperfección de esa creencia hizo que convirtiera a la máquinas en su único Dios: Deus ex machina
viernes, 24 de enero de 2014
Borrador 4 (Las rosas son rojas, los secretos son ausentes de color)
Me llevó al límite, en cuestión de segundos me exasperó.
Salimos de la casa, esperamos que tomara su rumbo pero no lo hizo, nos siguió.
No ayudó en nada que mi amigo le dijera que si quería podía
acompañarnos a la casa de su hermano. El cielo ese miércoles estaba muy
nublado, seguro habría relámpagos pensé. Este tipo no dejaba de hostigar, y
pensar que en un momento de mi vida fue eterno acompañante, cómo no pude dar
cuenta desde aquellas fechas que sólo era un sujeto rústico. Me conmiseré de
ambos eso fue, sólo éramos unos adolescentes que habíamos perdido mucho en
apenas 14 años, la vida nos tenía sendas sorpresas y las primeras de éstas eran
los arrebatos de seres entrañables, quién diría que la resolución (si así se
puede llamar) se daría de esta manera, las resoluciones que pedían las mismas
acciones.
Vociferaba sin dar tregua, oírlo hablar de cómo logró ser
una mejor persona sin tener asomo alguno de lo que significa ser mejor en algo,
que contradictorio y fastidioso se escuchaba. Además de que hablaba demasiado su
lenguaje era microscópicamente limitado, por no decir que muchas de sus
oraciones se componían en su mayoría por muletillas, verbos mal empleados y
groserías que en su boca lucían como trapos de cocina incoloros de limpiar
tanto cochambre. Intenté no escucharle, mas mi amigo no sé si en tono de fastidiarme o de
divertirse con la avalancha de insensateces de ese imbécil le preguntaba cosas
mientras avanzábamos, cosas como: “¿Y en verdad encontraste la paz en ese
lugar? ¿Cómo dices qué era eso que sentías por tu mamá y que te llevaba a hacer
cosas aberrantes contra ti y contra otras personas? ¿En serio que Dios se te
manifestó, de qué forma, cómo es?”
Por fin llegábamos a la casa del hermano. No era muy diferente
a la última vez que vine, lo digo puesto que me había dicho un día en su jardín
que los muebles por la mañana habían cambiado de lugar: el sofá individual de
color café estaba ahora cerca del comedor con el resto de la sala negra, mientras
que el sofá individual de color negro estaba cerca del jardín con el resto de
la sala café. Le creí, es un tipo que no suele mentir, quizá olvida las cosas
frecuentemente más nunca miente; no dudé ni un instante, minutos antes le
pregunté que si en su casa no había espectros. La anécdota de las salas fue mi respuesta, sí, como lo
anunciado que desea ser descubierto, total, dar sentido a lo subjetivo.
Vendría.
Y ahí esta alma reprobable proseguía en el fastidio,
cuestionó mi calidad moral, lo odié por tanta razón, lo odié doblemente porque
venía del él; sabía demasiado de mí, mal argumentado pero sabía. No recuerdo a
ciencia cierta qué fue lo que me detonó, lo que me hizo ir a la cocina, abrir un
cajón y sacar de ahí un cuchillo de mango de madera. Oía su voz, sus
carcajadas, su pendejez olía hasta acá. Caminé en pasos largos, el cuchillo
rozó el mueble individual café. Fui un cobarde, le ataqué por la espalda mientras
hablaba con mi amigo, la hoja entró en su nuca, me sorprendió lo forma tan
fácil que atravesó esa nuca gorda, esos bordes, pliegues que se abrían
chorreándome la cara de sangre, el piso era un estanque rojo. Esto iba en
serio, tan en serio que mi amigo me dijo “Me limpias este desmadre ya mismo”.
Limpié mi moral, mi indignidad, esa sangre apestaba tanto como la que la salió
de su mano ese año 13 compartido con este cadáver cuando quiso probarme su
gallardía pasando un exacto en la palma de su mano, todo en mi casa, en la
puerta en la que en otro día un sujeto salía huyendo dando paso a otro lugar…
la sangre salía de su mano, el olor tan penetrante, esa misma sangre pero ahora
abundante que limpiaba con la jerga que la absorbía como mis mentiras, como mis
secretos. Debíamos ocultar el cuerpo, mi amigo ahora cómplice marcaba
en su teléfono, decidió llamar a la policía, diría que esto había sido un
trágico accidente. Me explicó que sobornaría al forense para que apoyará
nuestra versión, eso sí, tendría que pagarle cada peso. Angustia, un secreto
terrible que se incluiría a mi lista de despropósitos, siendo éste su corona
¿Sería capaz de vivir a sabiendas de que asesiné a alguien? ¿Esto en algún momento se pondría al
descubierto? ¿Regresaría a la cárcel ahora en el otro bando, el real? No pude
decir mucho, continué limpiando la sangre. Juro que en el algún momento el
cuerpo inerte me guiñó el ojo; aproveché un descuido de mi amigo para asestar
una cuchillada más, tenía que asegurarme que esto jamás se supiera. Nadie
imaginaria que las lindas rosas del jardín del hermano de mi amigo fueron abonadas
por la culpa de dos extintos amigos.
Las
rosas rojas me ocultan, son cómplices, de querer decir algo las arrancaré y me
las tragaré. Amanece.
jueves, 23 de enero de 2014
Sesión espiritista
¿Te salió lo guerrillero? siempre te dije que teníamos que hacer arder los escenarios, que dieran cuenta que no les temíamos, que somos –y fuimos- mejores (en mucho) que ellos, que saldrían huyendo en sus aviones (que llenamos de explosivos), corriendo entre los montes, montañas en donde está nuestro hogar, ahí les estaríamos esperando. Desde los cerros les vigilamos, esperábamos el momento, la alineación de nuestro nahual con la fertilidad de una tierra fría, caliente como la sangre que nos corre en las venas, que se impregna en nuestras morunas, machetes, que descongeló nuestras mentes.
Y les derrocamos, celebramos por días, les hicimos que nos pidieran perdón por tanta miseria, por tanta desconsideración, tanta atrocidad, tanto valemadrismo; algunos no reparamos hasta ese momento del cómo habíamos dado financiamiento a todo esto; entre el lodo fétido en la entrada del Congreso y los cerdos tras las rejas escuchamos una carcajada que elevaba su tono, burlesco. Corrimos allá pensando que algún sobreviviente de la llamada oligarquía se mofaba de nosotros, sólo vimos salir una sombra que se metió en una tumba olvidada del camposanto prometiendo volver, el eco de ráfagas de cuernos de chivo se escuchó a rededor.
Luego me vi salir de mí mismo mientras de mi panza salía humo. Vi mi cuerpo rodeado de hombres sonrientes, algunos eran mis amigos, mis aliados, una tremenda tristeza me invadió. Me elevé al cielo, y aunque el tiempo no existe en estos estados parecía interminable mi llegada, parece ser que nunca llegué. Se me hizo testigo de toda esta mierda en donde ahora me llaman de un descanso no eterno, de mi deambulación, para pedirme consejo.
¿Qué les puedo decir? Solamente que todo es cíclico, que todo esto pasará y en algunos años volverá. ¿No les satisface? La esperanza es algo que no se satisface jamás.
Sesión espiritista con Lucio Cabañas en el que describe un sueño
Y les derrocamos, celebramos por días, les hicimos que nos pidieran perdón por tanta miseria, por tanta desconsideración, tanta atrocidad, tanto valemadrismo; algunos no reparamos hasta ese momento del cómo habíamos dado financiamiento a todo esto; entre el lodo fétido en la entrada del Congreso y los cerdos tras las rejas escuchamos una carcajada que elevaba su tono, burlesco. Corrimos allá pensando que algún sobreviviente de la llamada oligarquía se mofaba de nosotros, sólo vimos salir una sombra que se metió en una tumba olvidada del camposanto prometiendo volver, el eco de ráfagas de cuernos de chivo se escuchó a rededor.
Luego me vi salir de mí mismo mientras de mi panza salía humo. Vi mi cuerpo rodeado de hombres sonrientes, algunos eran mis amigos, mis aliados, una tremenda tristeza me invadió. Me elevé al cielo, y aunque el tiempo no existe en estos estados parecía interminable mi llegada, parece ser que nunca llegué. Se me hizo testigo de toda esta mierda en donde ahora me llaman de un descanso no eterno, de mi deambulación, para pedirme consejo.
¿Qué les puedo decir? Solamente que todo es cíclico, que todo esto pasará y en algunos años volverá. ¿No les satisface? La esperanza es algo que no se satisface jamás.
Sesión espiritista con Lucio Cabañas en el que describe un sueño
miércoles, 1 de enero de 2014
De nuevo año
El fin de año es un mito, necesario en consecuencia: el mito de seguir el próximo año que se irá y que con el viento correrá, se olvidará; prefiero adelantar mis propósitos a cinco, diez, veinte años venideros en el caso de no llegar, de no cumplirlos: incluyo mis deseos y obligaciones, mis pestes y mis dichas; sé que 2014 0 2019 traerán escenarios distintos, de eso siempre se ha tratado, de cambio inesperado, obligado, desapercibido. Tendré que sufrir, tendré a quien querer, acariciar, desear y odiar también. Habrá desesperación y gloria, angustia, trifulca, remedios, suspiros y pasiones.
Pondré mi fe en manos ajenas y propias, daré beneficios (a montones) a las dudas –comenzando con las propias-, pecaré (seguro) luego me revindicaré. Me asomaré al fondo del mar, veré mis pies y recordaré ese verano aún incierto aquella vez del año pasado en el que pensé que todo se derrumbaba o que todo regocijaba. En el bosque, entre las pineras enterraré la llave que aún no me das pero que seguro lo harás. Me despediré, se despedirán. Dolerá, sabrás que estoy mejor, que estamos mejor; sí porque es un año difícil este que viene ¿Cuál es? ¿Cuál de todos?, de mucha pobreza (como los otros), aunque la luz ha sido más brillante desde aquel 1980 en el que me imagino chupando un dedo de mi mano izquierda. En donde mi madre quizá dijo:
“Muchos años quedan por venir, te deseo lo mejor en cada uno. Deseo que estés en cada uno. Tu bendición será ser minúscula parte del tiempo; ahora vives y comienza el recorrido hasta no sé dónde hijo. Sólo no dejes de moverte, de andar. No pases inadvertido a los años”
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Notidisparate existencial:
Iniciando con algo tan cotidiano, vamos que lo cotidiano es lo que se vuelve rutina en consecuencia “normal”. Lo normal tiene ese efecto, atiéndase que no es pasajero, se va afianzando en el sentir sin sentir, te irá –sin que des cuenta- definiendo la regla, la forma de vivir y entender lo posible en lo que en su momento fue discutible; inaceptable pero simplemente lo enterraste tanto que olvidaste que era importante cuestionarlo, discutirlo.
En plena comida-diseño de cena de maestros en la que compartí con amigos, sí, aunque difícil sea creer dos de tres, dos son amigos que me permito incluir en esa lista tan difícil –y exquisita- de mis entrañables; mis amigos por lo regular llevan, llevamos una trozo de vida compartido. Ahí compartimos ese desdén hecho placer de sopesar nuestra edad, nuestra (s) aventura (s) en recuerdo de lugares y hechos que se hacen el respiro entre tanta costra (la cicatriz ojalá fuese la conducción del recordatorio). En ese seguir de discursos que me arrancan la ansiedad, la risa y la estufa que me saqué (odia mis epifanías analista. La vida te habla de extrañas y absurdas formas), que me calló mis designios de poca fortuna, sí, soy reduccionista como tú, aquél y tú también. Entre palabras y piernas cruzadas, cigarros en lugares no consumibles en lo que vale madres, en los que pedimos ser escuchados. Por el humo llegamos entre tantas benevolencias a Víctor Trujillo y su primer silencio con la Madow, en la que su cuerpo hablaba y la boca era silenciada; el día que se le ocurre hablar sus sonidos le hicieron puta, insolente. Trujillo lo sabía, lo presagió, tan es así que la segunda al ruedo del payaso comprado debió usar máscara, sin bozal forzado, ahora habla en acento español de conquista y con tetas y nalgas que se vuelven su expresión en una máscara que, si no das cuenta mujer –y sé que te vale madres- te quita el rostro, o sea, tú no importas, importa tu carne de la cual tanto te preocupas, nos preocupamos. Nos vamos juntos. Podrías ser cualquiera volviéndote cualquiera.
… Esos y otros delirios, entre un pendejo yucateco de las seis de la mañana se vuelve, le concedes ser tu líder de opinión.
Tu consumo, ahora no pensado en género se hace del versus de dos lords: el que se quitó la camisa para hacerte sentir que es pueblo, que es real, que es apasionado de tus pasiones trasnochadas de un águila amarilla patriotera y de un león verde que te muerde despacio y del que crees que no hace daño; ambos te arrancan la atención y más (todos aquí somos permisivos). Porque tu atención no atiende a la ola de reformas (y a muchas cosas), a tu seguridad que estúpidos izquierdosos “defienden” en trusa mientras que los trajeados ya firmaron con el diablo más pinche que puede haber, es como el diablo de la lotería, es decir, estaba cantado ¿Qué pensabas? ¿De qué iba tu revolución?
Si de verdad acordonas, no sólo obstruyas, haz que arda, quema el lugar (me enteró del árbol de Reforma y me siento tan profético como la ciencia ficción). Quema las naves, pero literal, de cenizas –literal otra vez- arma, armemos el cuerpo imperfecto para dentro de 200, 300, 500 años en los que posiblemente podamos REFORMAR este colosal desmadre. Ahora que quemas, arde en esa molestia que algún día tuvo el difunto Mandela, sí el viejito de Sudáfrica que pasó en su funeral a segundo plano por las pizperetas maniobras del coqueteo marital y gubernamental. México no sólo es novela, el mundo es la novela grandota, el bestseller chafa de la humanidad.
Y volvemos, cerramos en el origen de la doble moral, hechos que en pruebas expreso: un caza- recompensas huye del gabacho después de secuestrar y torturar a los familiares de un convicto. Llega a Veracruz, de nombre latino pero de apariencia extranjera (no es que el latino no sea extranjero, digamos que esa apariencia no es del todo estimada), se hace pasar por pastor de iglesia y las ovejas le dan su fe ¿Qué habrán sentido estas personas cuando se enteraron de que su guía no era más que un hambriento no de la palabra de Dios, sino de las jugosas recompensas? ¿Qué se siente vivir entre una galaxia, en un planeta, en un continente, en un país, en un Estado, en una ciudad, en una colonia, en una casa, en uno mismo?
Yo siento esto.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Borrador (3)
Ese viaje a Asia fue prolongado por años, tres, seis, nueve, toda una vida; sólo fue necesario quedarme viendo directo el chorro de la fuente; como el día había sido bastante caluroso nadie se tomó la molestia de apagar el suministro de agua. La hora en que veía este chorro pasaba de las seis de la tarde, además la temperatura bajó y la neblina se filtró entre el agua. El mismo elemento en dos estados distintos: condensación y líquido.
Entregué mi boleto, cargaba una maleta ligera. Parecía en realidad haberme encontrado y en consecuencia cualquier objeto me era una carga innecesaria, cuan equivocado podía estar, de cuántos objetos no he podido desprenderme, mi cuerpo como objeto mismo, le rindo tanto tributo como tanto castigo. El punto es que al final me es tan necesario, pinche cuerpo, pinche transición, pinche espiritualidad, pinche ascender, puto mantra (que no hallo). Fui el tercero en abordar el vagón. Nada tenía que ver con los únicos vagones en los que me hallé alguna vez. Me refiero a esos de pisos de mica blanca, esos en los que pueden verse las pisadas tanto del descalzo como el de la bota o el mocasín que minutos antes tumbó algunos dientes (llegué a ver manchitas de sangre que mi mamá decía eran colorante de alguna paleta de grosella). Los asientos de piel sintética, el acero de los tubos oxidados que te dejaban las manos amarillentas y con olor a fierro. Ese olor le reconozco como el olor que abre un apetito inapetente, es decir, se me antojaba morder el acero, tragarlo, caso similar pasó con el jabón y otros productos de aseo personal; en múltiples ocasiones me vi tentado a llevarme al esófago acondicionadores, shampoos azul turquesa o verde gelatina, tratamientos para la pérdida de cabello y alguna que otra barra, sobre todo aquellas que derraman espuma a montones (Barthes no estaba equivocado).
Este tren no pretendía tener un piso, le tenía dado que me sentía seguro cada vez que me acercaba a mi asiento, a mi lugar; me tocó junto a la ventanilla. En cualquier caso, siempre que pretenda viajar busco la ventanilla, la rendija que le haga saberse en movimiento no por el remover de sus tripas, sino por los árboles que van quedando atrás, por las casitas que se arrojan al trasiego, si quieren al olvido. Aquí fue que le pedí a mi acompañante me permitiese pasar a mi lugar. Un hombre oriundo de cualquier pueblo de allá, no lo digo a fuerza de estereotipar, no, en dado caso el estereotipo era yo con esa amabilidad occidentalizada, tan falsa, tan en búsqueda de dejar clara cierta superioridad a sabiendas que vengo de México o peor, de un rancho tan grande que busca ser ciudad en los acomodos de urbanidad. Es ridículo y necesario.
-Permiso señor (en un inglés, español, hindú, en alguna lengua muerta) le dije.
El hombre de bigotes extremos, extremo derecho, extremo izquierdo. Le dio por contarme que no hace mucho su hermana menor cayó de un puente. Pensé ¿Cayó o se arrojó? Si bien no me atreví a ser directo sí para sacarme de esta duda le dije: “oiga cómo puede caer alguien tan joven de tan alto sin haber ni siquiera subido al cuerpo de los retos, de lo venidero”. Mi respuesta vino en la última de estas palabras, el que se llevara la mano con un pañuelo para limpiar un sudor inexistente me permitió reconocer que fue un suicidio. Las siguientes tres horas de viaje no cruzamos palabra alguna. El afuera no invitaba a nada. Mi desagrado en ver tierras áridas lo interpuse en aquella formulación venida de un curso, capacitación, diplomado de Salud mental (…) en la que se nos dijo: “Si en algún momento durante el trayecto de un viaje ya sea éste en auto particular, de servicio, autobús de pasajeros o algo símil comienza a sentir la tremenda necesidad de ir contando el número de árboles, de señalamientos, de postes, de casetas, de vacas, etc. Preocúpese y ocúpese podría usted tener algún tipo de conducta atípica, anomalía mental que desde el DSM IV nos dirá que usted sufre un desorden obsesivo compulsivo, comprobado. Esta certeza le encontrara en los criterios que son sus síntomas. Preocúpese más si sólo le da por contar postes o vacas, pues de los primeros es indicativo de que usted es un individuo muy parco, que se le dificulta establecer relaciones con otros seres humanos, en tanto, da una atribución al poste (objeto inanimado que usted anima) como si fueran todas aquellas personas de las cuales usted espera o esperó algún tipo de afecto; y que decir de las vacas, esto nos indica que usted tiende a ser un individuo instintivo, ve a las personas como animales a la par que también usted actúa como uno. Pretende obtener de las personas sólo ventajas de índole sexual, atenuadas a posibles parafilias, zoofilia como rasgo inmediato”.
La neblina que entró por mis fosas nasales se acompañaba ahora de bióxido de carbono, los camiones y sus cláxones y el agua de la fuente que me alcanzaba los pies me devolvieron. Al final todos somos agua confinada a la suciedad, a la claridad, a la condensación, a la solidificación, a la evaporización, a la cristalización.
Eso era: ¡Cristalizar la neblina significa cristalizar mi aura!
Previo
El previo a las enseñanzas de cómo hacerse un hombre de conocimiento: no superar al padre, superarse así mismo; no erradicar a la sombra, hacer de la sombra parte de uno mismo; no vanagloriar el triunfo, los errores permanentes serán el triunfo inacabado; comienza por ver y aprender de los que desprecias, tú mismo estás depositado en ese desprecio y en tanto en la enseñanza venidera; no subestimes a la cotidianidad, en ella se encuentran todos los actos de la existencia que se envuelven en delicadas pesadillas o sórdidas fantasías.
Al final el inconsciente es la respuesta de todo, es el conocimiento oculto.
Al final el inconsciente es la respuesta de todo, es el conocimiento oculto.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Las platónicas: Brittany Murphy
Brittany, la difunta Brittany. Mi primer encuentro con ella fue en ese infumable producto cinematográfico en donde la protagonista es amiga de la hija de un Tyler, ella se convirtió en la amiga íntima del adolescente de los 90, ¡Amazing!... ella es otra historia. Murphy era aquí una chica regordeta, desempeñada en el estereotipo de la no chica curvilínea, la no chica tonta pero que desea serlo, yo creo que eso me atrapó, me gustan las negadas; y esos ojos grandes, profundos que profetizaban una triste despedida. Me suelo enganchar con tristesreiterativahistorias.
El café siempre ha sido un color que se lleva bien con el pálido sentir, Brittany lo supo bien y para el caso lo vimos en la elección de sus siguientes trabajos: comiendo pollos rostizados en la inocencia interrumpida de labios Jolie y del corto y sensual cabello de Ryder (su cleptomanía y belleza será efecto de otro día), de adicta hiphopera (seguiré con la firme idea de que las mejores actuaciones son el derivado de transferencias en los papeles, roles. Sí, hasta que un día se materializan); en realidad esta chica me siguió marcando terreno, se agradecía a la novia en turno ver películas cursis en las que como protagonista iba la Murphy ¿Te acuerdas que comenzábamos a tener cierto aprecio por la comida japonesa? Ahí siempre seguro, viéndola con el corazón derritiéndosele en las manos llenas de sangre y ocultas y a la par, dándonos su mejor sonrisa. Ni el marido y el mejor amigo de éste pudieron resistirse a la tentación de esas piernas delgadas, a la esquizofrenia quizá fingida que en besos convencía. Brittany en blanco y negro, de tu sangre en blanco, de tu adicción en blanco, en mis negros recuerdos te tengo como novela gráfica.
lunes, 14 de octubre de 2013
La insurgencia de mecha corta
Y parece que una vez más el levantamiento, la insurgencia, el estallido social sólo fue una llamarada (sin ánimo de convertirse en un incendio. El que debería hacer arder a lo impropio) de días, no trascendió como otras tantas veces, quizá la diferencia en esta ocasión fue que se le reprimió enérgicamente, una gran parte de los participantes han sido amedrentados. La postura del Estado ha sido clara: no inclusión al diálogo, anular las demandas, no tolerar la disidencia y enfrentarles con todas “las leyes” bajo el brazo. Días antes de que las catástrofes nos alcanzaran vía Golfo de México, vía Océano Pacífico ciertas responsabilidades volvían a caer en nuestras manos. Una tormenta se hizo presente, la imposición que en menos de un año de gobierno se hizo ver en sus multitudinarias Reformas. El Estado me parece que juega mal sus cartas, descarta el atributo (herencia que siguió al pie de letra sus antecesores, sus maestros) de ir dosificando las imposiciones, de ir maquilando los escenarios; ahora arremete impulsivamente, no considerando su propia disfuncionalidad, es como si lo que en realidad quisieran mostrarnos fuera su dominio, el control sobre nosotros, la subyugación que no debe recibir queja alguna. Hacernos ver que carecemos de la propiedad para decidir qué nos conviene ¿Y cómo vamos a tenerla? Si tenemos un gravísimo atraso respecto a la información que recibimos y sobre todo en la información que buscamos, desinformarnos ha sido nuestra tarea regular. Aquí sí nosotros lo decidimos quizá, por negación, por temor, pero sobre todo por no querer tomar las responsabilidades más básicas de cualquier conciudadano, de cualquiera que diga vivir en un espacio democrático: acción social. Nuestra limitación más fuerte es el desconocimiento de la política social, de la economía y de todas aquellas leyes que nos rigen y que, invitan a la participación social, aterrizándoles en responsabilidades compartidas: observatorios ciudadanos, propuestas, evaluación de nuestros funcionarios, de programas, autoevaluación, prevención, análisis, promoción, capacitación, etc.
No tengo nada en contra de las marchas, yo mismo he sido parte de algunos aglomerados y manifestaciones, y sí como todo individuo comparto mi indignación, grito consignas, arremeto contra quienes creo que nos han aporreado, humillado ¿Pero en qué instante tales demandas recaen en nosotros mismos? ¿Hasta qué momento estamos proponiendo un desarrollo social sin saber qué significa eso?
Las dos figuras que se contraponen -lo he dicho hasta el cansancio- están equivocadas. Retomemos la Reforma educativa, ésta puramente ha apuntado a intereses financieros, descolocar para acomodos de mejores postores (sindicatos, privativos); pánico a no tener una certidumbre financiera. Hasta el día de hoy NADIE abordó el tema de la educación como un tema menester para salir de este lodazal mental en el que nos encontramos. Al final sólo las mentadas de madre, la gente enfurecida por llegar tarde a sus trabajos, los padres hasta la madre de llevar a los hijos a sus espacios laborales y el millar de hijos cada vez más desvinculados del quehacer escolar; la televisión y otros distractores se encargaran de educarlos. Algunos dirán: pinches maestros que no lograron convocar e integrar a la ciudadanía, güevones ¿Era sólo asunto de ellos?, cómo lo harían si dimos cuenta que –desde el inicio- era tiro cantado; y volvemos a poner el dedo sobre la llaga: ¿Dónde estaban maestros cuando se les solicitó apoyo? Y no el de ser parte de las previas manifestaciones, no, el apoyo para formar gente pensante ¿Cuándo se preocuparon por informarse? ¿Hasta que sus propios intereses fueron violentados? ¿En realidad qué es la educación para ustedes? Es lógica maltrecha esa en donde el gobierno se sienta a “dialogar” con los propósitos de un movimiento social. Gran mentira, es una negociación en donde el padre gobierno le dice que olvidará todo, incluyendo (convenientemente) las golpizas que le arremetió, el otro (frágil de memoria) se siente ya no tan adverso con la figura que tanto desprecia pero de la que tanto –cree- que necesita. La lección ha sido aprendida, ahora es el momento en donde el padre otorga una recompensa al rebelde que ahora comprende que todo es por su bien, se enmienda en dirección a las aulas. Claro, no hay inasistencias, ningún sueldo caído, ningún reporte, nada de nada. Nadie es culpable, volvamos a lo mismo. Estrechemos nuestras manos y en el apretón te dejará una bonificación y uno que otro arrumaco financiero. En el caso de aplicar una Reforma será en varios años ¿De qué preocuparse?
Además queda claro que no entendemos nada, queda claro que el país no está listo para despertar pues no comprende en dónde está parado, no comprende que va cayendo en el precipicio, queriéndose ver de pie sin tener piernas, hablando de revoluciones y siendo tan dependiente. Concretamente creo que ese acto no se volvió a dar desde la primera década del siglo XX, y se dio porque un pueblo estaba jodidamente fastidiado, indignado de que se le ocupase como la peor de la putas, bueno ni eso, a una puta se le llega a tener ciertas consideraciones… Calles se enamoró de esa puta –y viceversa- y después todo lo que conocemos PRI (sic), partidismo, bla, bla. El pueblo era el fango atorado entre la carnosidad de las herraduras de sus bestias flacas y de ojos hundidos. En el presente, el mundo tiene sendas dificultades para indignarse ¿Cómo indignarse de lo indigno que propiamente soy yo? ¿Cómo ofenderme de lo que me alienta? ¿Cómo no lucrar con mi propia miseria? Que de algo sirva. Dirían los más cínicos “es mi derecho partirme la madre cómo quiera”. Y así ha sido partirse la madre consumiendo tanto estiércol mediático, siempre y cuando lo queramos.
Ahora que el lunes regresas a las aulas maestro espero que no regreses con la misma actitud, con las mismas limitaciones, con el mismo desdén, con el mismo “método”, desecha todos tus vicios. Piénsalo de esta forma: sí, efectivamente poco pudiste hacer al manifestarte, sí, el temor te paralizó dado que nunca habías estado tan fuera de tu área de confort. Sin lugar a dudas te sensibilizaste, al menos un par de días te hiciste escuchar; tuviste (si así lo quisiste) que informarte, tuviste que organizarte, tuviste que reconocer tus derechos y en tanto tus obligaciones, rompiste ciertos cordones umbilicales que te tenían atado. En realidad podemos decir que conociste una identidad colegiada sí, pero que al final te puso en los zapatos, te identificó como alguien que también pierde en este tortuoso territorio. Si deseas proseguir, si quieres seguir en la lucha, perfílate con tus alumnos, hazles saber que el mundo no sólo es trabajo, ganancias y descanso. Comienza por enseñarles a sentir, invítalos a ver esas partes del mundo que tú también ignorabas, ahórrales tiempo. Diles que no todo lo que ven y sientan es real, diles que se conozcan ellos mismos, diles que pueden opinar, diles que si leen, que si se preparan será muy difícil que cualquier individuo, gobierno (legitimo o no) les controlé. Diles que desde ese momento ellos tienen una gran responsabilidad cívica y en tanto que el ejecutarle les dará bases, sentido de vida. Y piensa que tal vez uno de esos estudiantes será el quien encabece esa lucha que a ti te correspondió siempre luchar desde el aula.
Cada uno desde su trinchera tiene la propiedad de revolucionar el pensamiento. Eso algún día será la única arma que derroque a lo impropio.
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