Tiempo

El tiempo es mi mejor amigo y mi peor enemigo. El tiempo ambiguo del esquizofrénico, el tiempo que fumas, el tiempo que soñamos, el tiempo viajado, el tiempo obsesivo felizmente vivido por un servidor y otros más; el tiempo otorga el valor… valor para hablar de comics, de ideas, de “absurdos delirantes”, de parodia, de cine, de intentos, de música, del fin del mundo, de playas vírgenes ochenteras suicidas. En fin, el tiempo es quien definirá este rollo que hoy mismo inicia e incita a la banda a que lo visite, lo juzgue, lo ame, lo odie o las dos cosas. La pertenencia digital me quitaba el sueño.

martes, 6 de diciembre de 2011

Un tratado de Howard Hughes




… Como aquel día que no salió del baño por el grave temor a contraer alguna enfermedad, alguna bacteria que incubara en su cuerpo. Durante veinticinco minutos que estuvo allí, pensó en los miedos y la perfección que regularmente buscaba en sus creaciones; dar cuenta en el conjunto de ideas siempre lo llevó a la dispersión, ideas volátiles marcadas ahora en manías extrañas como el hecho de no poder tocar la perilla de esa puerta y salir. En la crítica incurría regularmente el Sr. Hughes, pero el proceso de la autocrítica fue lascivo; siempre se castigaba, muchas ocasiones llegó a auto sabotearse, como aquel día que había “perdido” los planos del doble motor de un mono plaza que él mismo volaría como el resto de aeronaves de su invención. Hubiese sido mejor no encontrarlos, cierta zona de Bel Air lo hubiera agradecido también.

Sus críticas y vergüenzas personales solía reflexionarlas en la tina del cuarto de baño, una hora y media sin salir de ésta, incurría en el temor de no estar lo suficientemente limpio. Sucio le decía su madre “un hombre sucio no es lo que quiero de mi hijo” esas palabras le acompañaron toda la vida. Nada era perfecto mientras él no diera el visto bueno, mientras el agrado no fuera al fin suyo. Equivocado e incompleto regularmente sentía estar. Un miedo permanente al fracaso se convirtió en su sombra, obvio está, trató –lo más posible- de no evidenciarlo (a). Las juntas interminables en los hangares o en los estudios de cine lo enfrentaban a esos miedos, a saberse más débil, vulnerable ante sus empleados, subordinados, los directivos, quién fuera; no toleraba crítica alguna, sin embargo el Sr. Hughes fue un insidioso juez, sus opiniones iban cargadas de hacer notorio el defecto quizá persistente en principio en su interior, digamos que la concepción de la satisfacción no fue lo suyo. De moral y ética flexible, claro está, no evidente en casos que le expusieran, en esos casos se volvía políticamente correcto, lo detestaba, mejor dicho, detestaba su actitud ante tales eventos. Fingir escuchar, conciliar, mientras por dentro pensaba “esa toma es innecesaria, no transmite en nada la experiencia del vuelo y mucho menos en plena guerra…”. Los contratos, las firmas siempre cedían, rodeado de las figuras más importantes del gobierno y de la meca del cine. Se comprometía en las sugerencias de cada uno, aunque al final los proyectos, los hacía propios, y lo mejor, frecuentemente fue triunfante. Esto lo llevó a la arrogancia, el motor de su defecto más arraigado, su egoísmo. Y en el paso de los años, las cosechas de triunfos fueron desinflando su sobrevaloración: malas decisiones, como obstinarse en los senos de esa actriz pensando que su grosor y perfecta geometría serían el éxito indiscutible de su nuevo film, fue un rotundo fracaso. La obstinación y su hija la idealización dieron tremendas sacudidas al Sr. Hughes en asuntos de mujeres, lo volvieron un eterno enamorado, un eterno vigilante y un paranoico inolvidable para cualquiera de aquellas mujeres que compartieron alcoba y afecto en su espacio.

Y ese temple, esa seguridad se redujo a botellas llenas de orina y palabras incontrolables que salían de su boca; era simbolismo idóneo del pensar una cosa y que saliese otra, ahí la crítica se volvía sumamente difícil, llevándolo a otro error de juicio, la preocupación perpetua. Él le llamaba el sufrimiento estancado.

Hércules fue el hidroavión de su redención, el parámetro de sus acciones. El vuelo irrealizable en el ego de diez hélices, veinte metros voló sobre el mar. La última de sus pasiones materializadas, el avión más grande - imposibilitado- surcando el aire, el mismo aire libre de su dominio y del que Hughes se obsesionó. Los cielos a diferencia de los hombres, no tienen un precio, el Sr. Hughes (de largas uñas) critica este –su más grande error- desde su tumba emancipada de una sola plaza.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Seguridad Inc.

The Shade (Milligan, Bachalo).



¿Usted busca seguridad en todos los ámbitos de su vida?, y para su des fortunio regularmente ha sido embaucado por muchas Aseguradoras que le prometen un bienestar familiar e individual, teniendo resultados desfavorables, o en el peor de los casos sin recibir remuneración alguna que garantice el bienestar de los suyos. Ya no padezca de estas irregularidades y faltas de compromiso, Seguridad Inc. garantiza el bienestar de los suyos, y claro, el de usted.

Una de nuestras grandes ventajas y que nos diferencia del resto de las aseguradoras es la gran opción de que nuestros clientes recibirán sus fideicomisos aún en vida, y eso no es todo, además serán beneficiados con otras alternativas implícitas en su seguridad. El término seguridad para nosotros no se remite a meros indicios capitales, la seguridad para nosotros es más que un término, es una acción que ejecutamos día a día en relación a nuestras vidas, en las vidas de nuestros clientes, una seguridad que inicialmente se da en el contexto interno de nuestros clientes. Usted pensará en este momento que somos unos embusteros, una empresa no seria, pero déjeme describirle los beneficios de nuestra empresa. Como le decía anteriormente una de las preocupaciones iníciales de Seguridad Inc. es en principio la seguridad de nuestros clientes para consigo mismos, y debo decirle que no partimos de conceptos comunes y huecos como la autoestima, el autoconcepto o la autoreferencia, no, nosotros nos encargaremos de que la vida de nuestros clientes no corra riesgo alguno, haremos de su vida un espacio –total- sin preocupaciones; claro, la opción de muerte inesperada está en una de nuestra cláusulas. Sin embargo quién quiere morir, y siendo específicos, si nuestros clientes han de tener una vida con el riesgo implícito de la mortandad, qué mejor que dicha vida esté libre de desasosiego y preocupaciones, Seguridad Inc. Construye y perfila vidas seguras. Para nuestros fundadores quedó plenamente instaurado el hecho de que el común monetario no es certeza de seguridad, éste –quizá- podría llegar a aminorar algunas vicisitudes de orden económico, es decir, brindar un bienestar material en nuestros clientes y sus familias. Y usted disculpará que sea incisivo, pero esto como el término autoestima suena hueco, necesitamos ofertar, brindar una seguridad intrínseca, permanente en nuestros clientes; ¿Y cómo hacemos esto? Permítame hablarle de nuestros paquetes:

Iniciemos con el paquete básico, el llamado “Seguridad de no ser saboteado por uno mismo”, je, lo sé el nombre del paquete puede llegar a sonar risible, absurdo, pero cambiará de opinión al escuchar las bondades que, como le dije, ninguna otra aseguradora le brindará. “Seguridad de no ser saboteado por uno mismo” es un paquete que se sustenta en tres canales básicos de nuestros clientes: sus pensamientos derrotistas, sus autosabotajes y su mediana –o nula- responsabilidad en actos diversos de su vida. Y se preguntará usted ¿De qué forma podría controlarse esto? Es más podría acusarnos de pre juiciosos hacia nuestros clientes, definiéndolos en una generalidad de sujetos desvalidos, sumisos e inseguros… Créame no es nuestra intención, somos muy serios en nuestra labor, y es por ello que en principio definimos la inadecuada intención del otro. Sí, ese otro no es más que usted, las contrapartes de mayor riesgo en nuestros clientes son ellos mismos. Básicamente nuestro equipo de neurólogos profesionales altamente capacitados realizarán un mapeo mental, dando cuenta de los fallos sinápticos, los errores de juicio de nuestros clientes para consigo mismos, al tener un reconocimiento de éstos se llevará a cabo un proceso inductivo en el que si bien se anularán inseguridades personales en nuestros clientes, tendrán también la seguridad de que no presentarán algún revés emocional, cambio de personalidad u otra anomalía incurrente en la despersonalización. Nuestro avance tecnológico y de estudios en estas áreas es basto, de plena actualización y manufactura de punta; somos uno de los cuatro corporativos a los cuales se les permite trabajar con este tipo de tecnología. Estamos avalados por cinco de las Universidades más prestigiadas del mundo, aquí mismo hay una dirección electrónica en la que puede corroborarlo. ¿Que si el proceso es doloroso? ¿Que cuánto dura? ¿Que si no hay riesgo de alguna secuela? Mi estimado señor el proceso tiene una duración de apenas veinte minutos, no hay inserción quirúrgica alguna, y sobre las secuelas, le repito no existe riesgo alguno, la palabra riesgo no es opción en Seguridad Inc. Permítame mejor hablarle de los gratos beneficios de este paquete. Olvídese usted de ese grave temor de expresar lo que piensa a los demás, de sentirse ridículo por utilizar una prenda atípica, qué le parece la idea de deshacerse de lo dubitativo de sus decisiones, la primera idea que brote será única y especial ¿Y sabe por qué? Porque vendrá de usted mí estimado señor. La ambivalencia de sus discursos será cosa del pasado, impensable el tartamudeo en una junta importante o en una conversación ocasional, irradiará seguridad en lo dicho, y el resto de sus acompañantes lo sabrán, le reconocerán. No habrá tarea sesgada, actividad a medias, el deseo permanente de cualquier actividad realizada irá acompañado de la culminación, nada para el futuro, el presente señor, será el cimiento de su vida.

Bien, si esto le pareció interesante, no querrá dejar de oír las ventajas de nuestro segundo paquete, el descrito aquí en el recuadro rojo, ajá, el llamado “Seguridad afectiva”. Le diré, este paquete es de los más demandados y aquí entre nos, altamente recomendable. Lo pondré de esta manera, ha logrado la seguridad para consigo mismo, perfecto, el caso es ¿Tiene usted la certeza que el reconocimiento, el afecto, el amor de sus seres queridos es sincero, real? ¿Cómo saberlo? “Seguridad afectiva” es la respuesta. Seguridad Inc. tiene una gran línea de investigadores privados de alto nivel, capacitados en las mejores agencias de investigación mundial. Quiero dejarle claro una vez más que somos una empresa seria, vamos, dadas las circunstancias éticas que podrían vislumbrarse en este atractivo y benéfico paquete. Nuestros investigadores no incurrirán en viejas y ortodoxas técnicas de espionaje ¿Disculpe? ¿La palabra espionaje le causó cierta incomodidad? No se preocupe, entiendo, siempre pasa la primera vez, trataré de dosificar el concepto. Imagínese usted, es un hombre casado, feliz, dos hijos hermosos de futuros prometedores, por azares del destino usted se entera que su mujer le es infiel, es más, uno de sus hijos no es suyo. Esto sería sencillamente devastador, podría haberse ahorrado este pesar, todo ese amor y afecto derramado a la nada. Otro ejemplo: en la oficina se sabe de su gran destreza y capacidad como líder, todos y todas reconocen sus dotes, su magistral seguridad, pero siempre habrá alguien en el que despertemos no sólo admiración, sino envidia, alguien maquiavélico, el cual día a día planea, diseña un complot o varios complots en nuestra contra, en su contra. Este individuo podría ser su hombre de confianza, caray, usted lo ha llevado a su casa, ha comido con su familia, y sabe, quizá su esposa podría no serle indiferente. Ahórrese este terrible dolor de cabeza, nuestro equipo lo descubrirá, se encargará de evidenciarlo, nos encargaremos de él. Como puede ver amigo, disculpe el atrevimiento pero es que usted irradia un gran nivel de confianza; el paquete dos es primordial. No se pondrá en tela de juicio el sentir de los suyos jamás.

El último paquete es simplemente seductor… ¿Ve este portarretratos en mi escritorio?, esa fotografía se tomó hace diez años en la inauguración de la empresa, tuvimos una gran fiesta, qué recuerdos. Lástima que ese día me excedí en tragos, una resaca tremenda borró todo recuerdo de aquella ocasión. Lo que me llegaron a comentar mis compañeros de ese día me agradó, pero sabe, no eran mis recuerdos, eran los recuerdos de otros; ese momento tan importante para mí es nebuloso, es ocupado por un vacio que a su vez es representado en los recuerdos no propios. Qué desafortunado ¿No lo cree? Esta foto es la única evidencia de aquel día, al menos para mí. Y así podría citarle muchas jugarretas de mi memoria, de la lamentable pérdida de mis recuerdos. ¿Usted ha perdido algún pasaje de su vida en su memoria? ¿Un momento único, especial, irrepetible?... ¿Sabía usted que lo que solemos recordar es ya no la imagen y el momento original de lo vivido? sí, mire, ese recuerdo con el paso del tiempo va sufriendo modificaciones, alteraciones, desde lo más superfluo, no sé, la camisa que llevaba en el cumpleaños de su mamá: el recuerdo original dictaba una camisa de cuadros, años más tarde en ese mismo recuerdo la camisa es de rayas verticales, años después esa camisa tiene un estampado, pronto no recordará qué camisa llevaba, no sabrá si era una camisa o una playera, el resto del recuerdo de igual forma sufrirá alteraciones, cada vez será menos original al recuerdo base; y si a eso le agregamos las incidencias del tiempo biológico, alguna que otra intoxicación, olvídelo, a menos que tenga una fotografía del cumpleaños de su mamá podrá tener un recuerdo ligeramente nítido de ese evento. “Seguridad del recuerdo” nuestro tercer y último paquete le permitirá atesorar todos sus recuerdos a partir del momento que decida firmar esta cláusula. Hay algo más, actualmente nuestros técnicos trabajan en la posibilidad de rescatar los viejos recuerdos, nuestro parámetro es la edad consciente de ellos, entre los tres y cuatro años ¿Qué le parece?... ¡Cierto!, una disculpa, no le expliqué el procedimiento. La empresa tiene un almacén de recuerdos, mm, algo similar a un disco procesador, para no entrar en terminologías y explicaciones complejas, nuestros especialistas fotografían respuestas neurológicas en base a estimulaciones circundantes a una serie de imágenes, este recopilado de imágenes holográficas serán siempre bien intencionadas, no despertarán ningún evento traumático o mal recuerdo, respetando así cualquier mecanismo de defensa de su inconsciente que alberguen estos malos ratos. Se –perpetuarán- traerán de regreso únicamente recuerdos placenteros, gratos.

Como podrá ver mi estimado señor, las posibilidades que ofrecemos son inmensas, no hay nadie en el mercado que brinde este, déjeme decirlo de esta manera, que le brinde este paraíso. Una seguridad por demás especial, para un hombre tan especial como usted. Permita que seguridad Inc. se encargue de cuidarlo, vigilarlo, protegerlo.

Firme aquí y aquí, aquí también por favor, gracias. Felicitaciones, desde hoy sus problemas y preocupaciones se han extinguido. El seguro de vida se incluye en cualquiera de nuestros paquetes, pero sabe, nos interesará mantenerlo mucho tiempo con vida.



Seguridad Inc. Cedo todo derecho de mi vida consciente e inconsciente a Seguridad Inc. S.A.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mitomanía




El mito es el conjunto de conciencias, de pensamientos e ideologías, es la antesala de la historia. Cualquier civilización está dotada de mitos, el precedente –en cualquiera- es una introyección que va solidificando nuestros más inconscientes deseos, aun extravagantes o extraños pudieran parecer; podemos hallarlos vaciados en nuestra cotidianidad (los medios de comunicación, nuestras relaciones sociales, en los conflictos, en la arquitectura, en la estética); en nuestra rutina (niveles de comunicación, en la publicidad, la tecnología, en las supersticiones); en nuestras deidades (dioses, figuras públicas, héroes, gobernantes, religiones, sectas, en los fetiches, en las celebraciones, en los viejos símbolos) y en nuestra realidad (el desencanto y la añoranza, el fin y el inicio). Muchas de estas imágenes son representaciones del mundo onírico del hombre moderno, la solidificación de dichos símbolos son primordiales como figuras sagradas en los sueños. De la interpretación de los sueños de un oráculo, pasando por un sacerdote, llegando a Freud y a los arquetipos o las llamadas ideas elementales. Estos pensamientos colectivos son muchos de lo que vemos en televisión o en cualquier discurso lúdico: ideales de familias, ideal de padre, ideal de vida, ideal de espiritualidad, etc.

El mito es variante, muta, la intención será permanentemente la misma, los mitos serán entendidos siempre de la misma forma aún dependiendo de las distinciones de sus tótems culturales; la propia desesperanza lleva al hombre a buscar de nuevo a sus viejos dioses, aquellos que están más allá de lo humano, dentro del marco de lo sobrenatural y del poder absoluto. El hombre necesita reconocer de nueva cuenta su espíritu, sus orígenes. Los inconvenientes, la tergiversación de lo que significa el mito y por consecuencia lo sagrado, un ejemplo es la concepción de lo espiritual, utilizada por algunos grupos dogmaticos como el sometimiento afectivo y de voluntad del hombre, el mito de la culpa como instrumento controlador.

Los mitos buscan objetos distintos, identificándose con la realidad (hombre moderno) y el pensamiento arcaico (hombre primitivo): la Santa Muerte, Malverde, disciplinas introspectivas, etc. También como productos y símbolos: celebridades, gobernantes, iluminados, milagrosos, desalmados, deshumanizados, fastidiados, indignados, radicales, anarquistas; expuestos en la rutina y decodificados en el arte, la música, las marcas, la información, etc. Los discursos, todos sin excepción, basados en símbolos mitificados o en proceso de mitificación. Tal vez la mitificación más importante de los últimos años es la representada en la tecnología, hay un gran tributo y reverencia a ésta, se presenta como un elemento inseparable de la –condición- comunicación humana, una simbiosis. Es la tecnología la visión para muchos de un nuevo mundo, el mundo proveedor, compensatorio de una realidad que nos tiene condenados al hartazgo pero que de igual forma se alimenta y satura de nuestra realidad, y en consecuencia nos aferramos a él.

Y entonces esta sociedad global que día a día se rompe más: economía desquebrajada, órdenes de mercados y gobiernos desmitificados, religiones desmitificadas, falta de voluntad, falta de motivos, de violencia, la incomunicación como vía –única- de comunicación, y de un posible reajuste muy sangriento y doloroso. Es sencillamente mítico vivir estos tiempos. Nos enfrentamos a una crisis de lo sagrado, esto nos lleva al resultado de una crisis psicológica y por ende existencial. Muchas de nuestras imágenes que por largo tiempo fungieron bajo una significación de orden han perdido su valía, han caducado (la iglesia católica, el capitalismo, el neoliberalismo, la izquierda, las instituciones, etc.), es necesario revalorar nuevos espacios, nuevos signos. Al parecer éstos han encontrado reconocimiento y aceptación en las imágenes rebeldes, atípicas y disidentes, reabriendo el espacio al mito de la figura rebelde, teniendo su mayor significación en la representación anarquista.

Eliade reconoce el mito del fin del mundo tanto en el pensamiento occidental como oriental, lo percibe en una función mítica primordial del hombre; es su posibilidad de reivindicación, la expiación de culpas (sociales, morales) dependiendo de su constructo cultural y teológico. Esta idea se expande, traspola en un ritual por demás común de ambas civilizaciones, quizá en distintas fechas pero siempre enmarcadas al mismo desenlace, este rito es el fin de año, el Año Nuevo. La oportunidad de ser otros, la culminación y la posibilidad de iniciar de nuevo, aniquilar el mal pasado. Año a año lo hacemos, nos damos otra oportunidad a sabiendas que podemos incurrir de nueva cuenta en esos actos de los que nos avergonzamos y queremos dejar atrás; esto ahora deja de ser un hecho individual, el 2012 no es sólo un margen profético, se orienta y predispone en un malestar generalizado, que comienza influyendo para después reiterarse y solidificarse, es la función del mito del fin del mundo, es la abolición y destrucción de ese mundo sin propósitos y esperanzas, la aniquilación del viejo mundo con la esperanza de ocupar un mundo nuevo alejado de toda infamia, alejado del mito del combate, y más próximo al mito del juicio, de la justicia.La notable reiteración de lo antes mencionado se sirve de la narrativa literaria y cinematográfica (lo fantástico, lo extraordinario), así como de cualquier sopeso comunicativo; del auge de sectas y pseudo religiones que reafirman sus convicciones equivocas, en la notoriedad del desequilibrio mental y del miedo como condicionante fáctico, el mito del miedo es uno de los más arcaicos y a su vez uno de los que propician la regeneración. La ciencia ficción ha sido una de los diversos géneros de la narrativa que se alimenta de trozos de mitos, de diversas culturas (mitos de otros mundos), mitos de figuras heroicas en tiempos conflictivos, caóticos Antecede el cuento infantil con historias que determinan miedos, complejos presentados en: licántropos, brujas, hechiceros, caníbales, figuras y símbolos colectivos que al final serán destruidos, figuras restauradas por héroes que vuelan por los aires, hijos de deidades. Sin embargo en esta época los antihéroes, los conflictuados por sus acciones, por su sola existencia son el ejemplo claro de lo que sí somos, hombres murciélagos enfrascados en la venganza, resultado del afecto y seguridad perdida, y la voluntad de hacer justicia, de vengar y resurgir desde las sombras.

Toda civilización tiene un fin de los tiempos, los mitos son propensos a individuos de cualquier sociedad, ya que están –estamos- conformadas por una conducta mítica; un Armagedón, una destrucción, un renacimiento, el actual presente es un conjunto de ésos, una profecía auto cumplida que ya dicta como hecho el regreso de nuestro más maduro pensamiento, los mitos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Utópica



1. Todo pensamiento tiene la libertad y obligación de solidificarse; hay un sistema regulador el cual determina si dichos pensamientos –después materias- no afectan la seguridad y libertad de otros.

2. Soma, pero regulado. Se dará prescripción de éste sólo a psicópatas y desahuciados.

3. Oligarcas, dictadores, presidentes y delincuentes de cuello blanco estarán encerrados en una prisión tridimensional. Sin riesgo alguno para con esta realidad, ni para el retorno de éstos.

4. Ruptura de la lógica capital; no hay moneda, ni mercados. Se retoma el trueque.

5. El pensamiento occidental y todos sus vicios son hechos caducos; carácter predominante del pensamiento oriental, dejando fuera de éste todo asunto: fundamentalista, tropiezo fanático, narcisismo o genocidio.

6. Máquinas del tiempo. Posibilidad de interceder realidades. Las modificaciones de eventos no tendrán repercusiones sobre el resto (civilización) si éstos no lo desean. Se integran los micro universos individuales y colectivos.

7. Bibliotecas y jardines obligatorios en todo territorio o zona perteneciente a este nuevo mundo; obras y títulos diversos, tanto textos físicos como virtuales. Área de cómics y novelas gráficas (autores de todo el globo, lo que ahora signifique eso).

8. Exhibición de cintas cinematográficas de todas las épocas, de todos los tiempos. Se recuperan clásicos perdidos, nacerán nuevos clásicos. Regresa el auto-cine.

9. Los monopolios son un delito grave, se castiga con exilio dimensional.

10. Los medios de comunicación serán regulados por un filtro, no hay opción para enajenados, brutos, vulgares o nihilistas. La programación y los productos responderán a una intención lúdica mas no enajenante y estúpida.

11. Habrá museos en donde se exhiba la miseria y estupidez de las antiguas civilizaciones. Un recordatorio permanente del lugar adonde no tenemos que regresar.

12. Pluralidad y relativismo en cualquier disciplina artística.

13. Atención inmediata a disciplinas como: la Filosofía, la Historia, la Semiótica, la Psicología, la Sociología, la Antropología y toda ciencia orientada a las Áreas de las Humanidades. Éstas como se mencionó, no se limitarán al pensamiento y efecto occidental; el Confusionismo, el Tao, el Budismo, el Hinduismo, serán unas de las muchas opciones de introspección, aunque se seguirán respetando las viejas orientaciones y cultos. Serán cesados y expulsados de inmediato aquellos que hagan rentable la fe de los ciudadanos.

14. La Alquimia tendrá un nuevo sentido y propósito en los habitantes de esta nueva sociedad. Ellos serán su propia piedra filosofal.

15. Cafés y bares en donde sólo se toque música en acetatos; géneros diversos.

16. Legalización de drogas; se realizarán estudios holísticos con el propósito de conocer el tipo de sustancia –acorde- según la espiritualidad, temperamento, carácter, psique, fisiología y personalidad del individuo. No se conformará un espacio de adictos fetiches, el sujeto que consuma alguna sustancia tendrá a su vez que crear algo que favorezca a la civilización.

17. Creatividad, obligación de todos (inventos, teorías científicas, arte, etc.).

18. Maltrato a los animales crimen altamente castigado. Los animales y la naturaleza (vida vegetal, marina, extraterrestre, intraterrestre y demás) serán respetados de la misma forma que el hombre.

19. Educación-de todos los niveles- gratuita, ajena a modelos constructivistas, trabas sindicales y cualquiera de esas limitantes. Los nuevos modelos educativos estarán sustentados en el auto-descubrimiento, el auto-conocimiento, la sensibilidad para con el mundo, reconocimiento interno y externo, y obviamente en ciencias y disciplinas que favorezcan el desarrollo del individuo. Cualquier nivel académico no tendrá una atribución de estatus o de valor (del tipo que sea), el fin único es la satisfacción del individuo que le emprende, y a su vez el beneficio aportado a sus conciudadanos con el conocimiento –no aprendido- interiorizado.

20. Reconocimiento de una Ética humanista; fuera cualquier Ética Autoritaria.

21. Las festividades de Día de Muertos instituidas en todas las civilizaciones. Tributo y honra a nuestros muertos. La navidad será tomada con una llana banalidad, aunque la gente –que guste- será libre de celebrarle.

22. No a la moralidad entendida en un dualismo (bien-mal), la moralidad entendida desde el mos, las costumbres, los hábitos, etc. La moralidad entendida desde muchas visiones.

Máxima:

“El sueño es el mito del individuo y el mito es el sueño de la humanidad”

C.G. Jung

martes, 25 de octubre de 2011

Entre subidas y bajadas




Mucho siento por esta ciudad, es mi madre y la madre de muchos que desde aquí no les veo. Veo sus casas, sus calles, sus edificios, sus autos. Escucho sus voces; es de mañana, voces de niños, estudiantes que deben estar a las afueras de la Primaria, en el Centro, entre calles angostas y atestadas de autos. Veo edificios, algunos muy antiguos, casonas ahora convertidas en locales comerciales. En medio se ve un callejón, un trayecto entre jipis y vendimia, restaurantes, cafés. Éste luce muy bien por las noches como otros tantos callejones de la ciudad. Cerca, la Catedral de una sola torre, muy pocos dan cuenta de esto y de lo especial que es (dejando fuera todo carácter religioso). A lado, una pequeña plaza, apenas unas macetas con flores para darle vida al cemento en el que supongo no debe de haber oriundo nacido aquí que no le haya pisado. Se dice que hace muchos años fue un parque, algunas fotos lo atestiguan. Lo último sucedido ahí y a mí parecer ya del imaginario, fue aquel día en que un campesino se inmoló. No hay placa, está enfrente del palacio de gobierno (sí, así con minúsculas) de bella arquitectura. Algunos de sus balcones dan a un parque, repleto de árboles, algunos muy altos y más viejos que cualquier habitante. Fuentes, bancas, sobrio y a la vez popular lugar de diversos encuentros (tribus urbanas, novios, estudiantes, trabajadores de gobierno echándose "bola", homosexuales ligando en la noche). Bajando unas escaleras a la otra sección del parque está una sala de cine y galería conectada a una Pinacoteca, ésta antes fue un acuario, de igual forma lo atestigüé en fotografías sepias. Un excelente mirador es otro de los atractivos del parque. De día o de noche es gratificante, es personal, cada quien ha escrito ahí sus particulares historias. Ves los techos de teja de las antiguas casonas, verdes, más árboles, agua que transita entre cemento. Si miras hacia abajo observaras una peluquería que lleva más de veinte años en la ciudad. Gente tomando café escondidos entre grandes paraguas. Si miras al frente verás agua, un lago rodeado entre, ajá, más árboles. La zona donde se encuentra este lago es cercana a uno de los barrios más populares, sobre todo en las fiestas del 12 de diciembre y en los aquelarres pandilleriles de la década de los ochenta. Una zona de banquetas amplías, peleadas a muerte con las raíces de los árboles que desechan cualquier intención de infraestructura medianamente bien intencionada; una armonía es la singularidad de ese lugar. Cerca está la casa de Arte de la Universidad, es la parte trasera de la Facultad de Artes, por cierto, de las de mejores instalaciones y academias universitarias, se ubica en una de las casonas del Centro, ampliada, remodelada, pero sin perder su aspecto original, ese aspecto neurótico de me resisto a darle el paso al tiempo. La Casa de Arte tiene un escenario al aire libre, su público -permanente- son Los Lagos, son cuatro, de unas aguas muy verdes y sucias, sin que dejen de ser espíritu de esta ciudad (espíritu revolcado); cuando les recorres siempre se siente algo diferente, sobre todo si llegas al último lago, es el más seco, es su parte más desértica, más anecdótica y apacible, entre árboles de nuevo. 
Regresando a las alturas, en donde el parque tiene al frente el palacio municipal vecino de uno de los viejos edificios de la ciudad, éste conserva sus paredes y pisos de un verde setentas. Muchos de los edificios de mi ciudad guardan sus correspondientes épocas entre sus pasillos, muros y pisos. Muy cerca está una de las calles más viejas de la ciudad, ésta guarda la época en su trayecto. Llena casi en su totalidad de casonas viejas, muchas remodeladas pero sin perder esencia, la misma esencia inyectada en las librerías de segunda mano (las mejores), en el bazar de antigüedades, en su iglesia casi escondida, en sus casas no tan viejas pero demarcadas en la sensación que irradia esa calle. Un mercado es el final, -los mercados de la ciudad son  historia- cerca de allí venden discos de acetato de uso. Cercana a la tienda de discos se encuentra una terminal de autobuses foráneos, sus destinos, ciudades aledañas (encantadoras también). De nuevo otro parque, al lado del deportivo (ahí fue la vieja y primera estación del tren). En ese parque se cambia de época, es un momento de la ciudad ciclado, es un parque muy poco frecuentado, los carros que pasan a su alrededor quizás no favorecen el gusto de estar, aunque no importa, es un pedazo atemporal único. No lejos, puedes ver la gran avenida en donde unos lavaderos son testigos del pasar de una modernidad que cada vez extingue más el espíritu de esta ciudad; si deseas aferrarte, callejonea, sube a la Sexta, seguro encontraras estrechas calles que chocan entre sí; caminaras en banquetas altas de pasamanos oxidados. Si eres melancólico agradecerías vivir en esa zona, se respira mucha nostalgia entre el abandono y el grafiti de una alberca sin agua, entre las comisuras notas lo que fue tal vez un club, se aferra a irse entre lockers de lámina picada. Subes, deseas regresar a un momento de alegría, el manantial de arena es la opción, su profundidad es la intención de borrar lo público, he de decir que los domingos no tiene la misma quietud. Hoy sus caminos lucen entre hojas secas, al pisarles truenan, estallan recuerdos de pozas grandes y cuevas artificiales en las que nos introducíamos, del sonido de aves y de ardillas observantes. Y del parque donde rentas bicicletas , en donde es corazón y sinceridad de esta ciudad, de lo más emotivo y triste cuando la vieja neblina regresa; la niebla y el chipi-chipi empiezan a ser fenómenos irracionales para tanta gente "racional". No es el mismo ánimo de esta ciudad, es un ánimo distinto, parece que nosotros, los habitantes lo sabemos y dejó de importarnos. Los estacionamientos y las franquicias desde hace mucho desdibujaron nuestros recuerdos.
...Tienes la oportunidad de visitar antiguas represas, una de ellas fue el motor de una maquiladora de los veintes, se ven sus ventanas rotas, el bullicio terminó, nuevos ruidos ocupan su lugar. De vez en cuando el agua de un río (ahora sucio) cobra venganza y pone a raya a los habitantes, se desborda y los desborda. Hay otro río que lucha mesurado, entre heces sigue corriendo a lado de las casas, el olor es "tolerable", así que sin inconveniente rodeas esa parte de la ciudad, caminando entre sus calles de piedra, terminas en verdes, dejando atrás el estiércol. El verde es apaleado por el cemento de una avenida conocida y entendida en zona roja, la oportunidad de caminarle en madrugadas o amaneceres es única y desoladora al mismo tiempo. Si quieres de nuevo huir, da vuelta a tu izquierda baja por la avenida del viejo presidente, llegarás a lo que fue la segunda estación del tren, ahora demolida -ni así me la quitaran- la tengo ya atrapada en muchas fotografías. En mi memoria aún ceno en el restaurante de barra inmensa; espero la próxima salida con destino no sé a dónde, sólo espero que me traiga de regreso aquí, en donde entre las vías y piedras sigue naciendo el verde.
En donde se halla el descanso, se halla autenticidad, los panteones de mi ciudad son auténticos, vivos estando llenos de muertos. Uno a uno, desde el más antiguo y sus tumbas de masones y aristócratas; aquél de donde se roban las flores y en donde los topos, las ratas, los tlacuaches,  las serpientes e indigentes comparten entre yerbas, y está el que te despide al salir al sur, sus tumbas entre montes y un pasto alto te dicen: adiós.
Mi ciudad desde hace mucho  no es la misma, un avaro le pintó de rojo (es fácil fincar responsabilidades cuando éstas son compartidas), ha sido difícil quitarle ese color, y los verdes que  prosiguen. En este momento tienen competencia de otros verdes, no en árboles o vegetación, sino en cascos y uniformes. La periferia de la ciudad es símil a cualquier ciudad en “desarrollo”: circuitos, avenidas, puentes, plazas, casinos, etc. Asuntos y cosas que terminan por darle legitimidad a las nuevas generaciones, a las nuevas sensaciones y estimulaciones. 


Mientras tanto yo esperaré que el Águila, inamovible venga a bajarme del mirador de este cerro que un día como esta ciudad fue un volcán. Es seguro que algún día hará erupción.  


Un puente cruza la ciudad, entre sus arcos yace un moho, verdad de nuestra humedad.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cartel ochentero



Antes de la caída del Muro de Berlín “el fin de los tiempos” y de que supiese de las repercusiones que traería eso, pasé momentos excepcionales, y al referirme a excepcionales no hablo de buenos o malos, no, fueron momentos singulares sin carácter aburrido de binomio. Diez primeros años de mi vida, testigo y engrane de una yupi –colectiva- existencia; aun niño necesariamente fui –fuimos- influenciado por tendencias, pensamientos y direcciones. El país salía de las crisis, responsabilidad secundaria de un presidente que se comprometió a defender el peso como un perro, su único canino actuar fue el del saqueo. Atrás iba quedando el México del Mundial (gran chivo expiatorio), aquel que sentía íntima relación con el resto de América (sus disputas sociales, guerrillas y equidades hasta ahora impensables, adiós Lucio Cabañas). El país comenzaba a tener sus deslices de una ofrendad cosmopolita, deseoso de pasar de un subdesarrollo al desarrollo ya cantado en el artificio. En el 82 de la Madrid era el neto responsable del breviario nacional, entre el Gran Marquis y un LTD ominoso, del tinte para las canas al placer de los centros nocturnos. El resto del mundo celebraba al balón en la península Ibérica, el Ayatolá fungió como el villano de la historia, necesidad de un némesis inmediato que, en el débil Carter no hallaba correspondencia, fue en un ex actor donde se erigía la figura hegemónica; republicanísimo y en consecuencia conservador legitimo de los valores absolutos. Sus proyectos interespaciales emularon a la saga que en ese mismo año presentaba –para muchos la mejor, me incluyo- su segunda parte: El Imperio contraataca. Mientras tanto los infantes por acá construimos pistas imposibles entre la cárcel y la metita. En hoyitos y encantados quemábamos calorías luego recompensadas en chocorroles, mamuts, gansitos y frutsis. Muchos temerarios tomábamos agua directo del grifo a falta de un billete púrpura de Carranza. Pocos, recuerdo, compraban garrafones de agua, su peligrosa manipulación (envases de cristal) les hacían imprácticos, nuestras madres preferían hervir el agua. La Coca Cola familiar tenía vida promedio para tres días en el refrigerador. Una sacudida televisada vendría en el septiembre del 85, fue el primer trágico evento nacional televisado, un sesgo de solidaridad invadió el espíritu medianamente –y mediáticamente- corruptible de la nación.
En las fiestas de cumpleaños las filas para jugar el Punch Out eran muy largas, tan largas como las filas para echar el doble de Street Fighter, sólo así podías jugar con Ken. Las Turtles, las Tutankamon, las Cosmos y las Galaxi, allí también rentabas Beta y VHS; Los critters, los porkis, Hellraiser, Turbocop, Alligator, Cocodrilo Dundee. Mi primo trabajaba en una hamburguesería en la plaza donde estaba el boliche, aquel adonde llegaban los chicos después de la prepa, dejando sus trappers al lado de una Diet Coke. Zapatos sin calcetas y pantalones deslavados; ellas en el tocador dándole forma al fleco o acomodándose las hombreras. Igual el día en que vi Bala de Plata, He Man, Cobra o Pelotón en el multicinemas, cuando me aterrorizaban los carteles que anunciaban películas como el “Sacristán del diablo” y “el despertar del diablo”. Al mismo tiempo dos adolescentes en blusones -una de ellas llevaba el de Ziggy y la otra uno de Garfield- me sacaron la lengua mientras se comían su Danesa 33.
Ir a la primaria durante los ochentas fue un placer, entre los paseos en la vagabundo, la ojeada al Video Risa y los juguetes de mis cuates, envidié siempre la serie de ninjas que se estiraban. La fiebre ninja, películas y estrellas de papel ninja. Novedades echó muchas telarañas en papel, de 15 días y semanalmente la diversión con el amigable vecino allí estaba en el puesto de revistas, al lado a veces de los alarma juntito a las Ejea y su variedad de Sensacionales: mercados, sirvientas, albañiles, traileros y luchas. Las luchas de los sábados, tortuoso el hecho de que te gustasen las luchas cuando la mayoría les despreciaba; el Box y Lucha fue un inseparable acompañante. Los domingos en la Arena fueron irrepetibles, los jueves me quedé muchas veces sin ir, ese día no sólo luchaban los locales, venía Shadow Jr, El trío fantasía, Black Man y demás.
Y en el mundo, las olimpiadas de Seúl, la Guerra fría, la sacudida de Watchmen y un Miller que envejecía-rejuvenecía la figura de Batman –durante la caída del muro de Berlín un chico de la Alemania del Este enfundado en una playera del Murciélago corría eufórico hacia la libertad-. De muchos álbumes de estampillas me hice, no todos llené (era imposible encontrar algunas estampillas de Mazinger o de los Thundercats). Mi amigo, el hijo del diputado las tuvo todas; en su casa escuché mi primer CD, en sexto año escuchando a Quiet Riot, Megadeth, Warrant, Mr. Big, Poison, Alice Cooper, Skid Row, Iron Maiden, los primeros de Sepultura, los Alive de Kiss, el Bad Medicine entre otros. De cintas regrabadas de calidad Gauss me hice de mi colección, potentes sonaban en mi grabadora de doble casetera. Amaba mis L.A Gear y correr con ellos tronando huevos en las ventanas de los vecinos, libre de ir y venir, sin preocupación, sin angustia, mi futuro comenzaba a ser una predicción en la televisión satelital, y del sueño de tener un día Cablevisión. En la televisión me describirían el mundo, mis tardes saltarían del Tienda tras tienda de Imevisión a la MTV.
Ahora no tengo la necesidad de exigirle a mi memoria el colapso de imágenes deseadas, tengo cable, hasta internet, y conozco –reconozco- que aún teniendo todo eso anhelo en desmedida volver en un Delorean a los ochentas.

martes, 20 de septiembre de 2011

1965




No podían tener más esos objetos, las pertenencias del Dr. José Leopoldo Ramos les provocaban a sus hijos aún sentirlo cerca, como si estuviera vivo, probablemente. Su esposa (había muerto cinco años antes) e hijos no volvieron a saber de él, se cumplían 17 años desde aquel día en que no regresó a casa. Habían sido varías las pertenencias que desecharon, la última propiedad del Dr. José Ramos eran estos libros, pasarían a una librería de segunda mano. En una reunión de hermanos llevada a cabo la semana anterior determinaron sacar los libros, la hermana dio la opción de donarlos. Así sería. No los soportaban un instante más. Su madre nunca pudo recuperarse de la desaparición de su esposo, ellos sabían que su madre murió de tristeza, de incertidumbre. Suficiente la espera de 17 años, muerto o vivo no regresaría.

El comportamiento de su padre en los últimos años antes de su extraña desaparición se tornó extrovertido en ocasiones; atípico, introspectivo muchas veces: su comunicación hacia la familia disminuía día a día, dejó de ir al hospital, de dar consulta. Pidió un permiso provisional en la Universidad, no volvió a dar clases. Gran parte del día la pasaba en la biblioteca, de ahí mismo quitó todo título, reconocimiento. Cualquier alusión al sistema académico terminó en la basura. Canceló sus créditos del banco. Le hizo vender a su esposa uno de los dos autos, el que quedó se utilizaba sólo en situaciones de emergencia; dejó de ver la televisión. Dormía en el estudio, el mismo en donde atendía a sus pacientes; una noche los tres hermanos desde la ventana de una de las recámaras de la casa vieron cómo el Dr. José Ramos quemaba los expedientes de sus pacientes: bitácoras, folders llenos de notas y registros. Pasaba días enteros sin hablar, los alimentos se le llevaban a la biblioteca o al estudio, salía a la calle para lo indispensable, hubo meses en los que no salió. Empezó a recibir llamadas telefónicas en altas horas de la madrugada. En una ocasión uno de los hermanos escuchó una de esas llamadas “Pronto, lo haré pronto” dijo el Dr. Ramos colgando el auricular. En algunas ocasiones el Dr. Ramos decidió acompañarlos en la mesa, ahí su expresión no se redujo a silencios ni a monosílabos, daba grandes discursos a su familia: les hablaba del fin de los tiempos desde un carácter simbólico, de la enajenación del mundo, el control mediático, el rezago educativo, de lo conveniente de mantener a una sociedad ignorante, la gran incapacidad de las instituciones para brindar seguridad, bienestar y justicia, el cómo esas mismas instituciones tienen espacios en donde se deposita a los anormales, a los distintos, los atípicos, espacios en donde la misma sociedad esconde lo que no desea confrontar. En esos términos y en ese ímpetu se daban los discursos en la mesa, el Dr. no dejaba hablar a ningún integrante de la familia. Instruía, es lo que les decía, instruía. Finalizados sus discursos recogía los platos de todos llevándolos luego al fregadero, volvía de nueva cuenta al estudio, a ensimismarse.


Formar su realidad interior

El Dr. Ramos en sus días de prosperidad y reconocimiento fue un eminente psiquiatra y psicoanalista. En ambas formaciones sus sustentos teóricos habían sido hasta ese momento muy ortodoxos, claro debe reconocerse que, nunca perdió ese lado humano que es muy difícil reconocer en esas actividades. Médico psiquiatra por más de 30 años en el Hospital General; llevó varios casos a nivel particular, aquellos relacionados con eventos traumáticos eran de su especial interés, las obsesiones en sus singulares planos le apasionaban. El homicidio cometido por uno de sus pacientes (asesinó a su pequeña hija) fue el primer detonante de los repentinos cambios en la personalidad del Dr. José Ramos. Días después de este catastrófico evento comenzó a dar de alta a sus pacientes, muchos crónicos, algunos en cortos periodos de tratamiento. Pretendía no obviar a su familia sobre aquel fracaso que le hundió profesionalmente, personalmente. Al Dr. Ramos se le reconocía dentro del gremio por sacar siempre avante a sus pacientes, siempre apegado a las normas, a las reglas, a ejecución clínica comprobatoria, a las dosis –prescripciones- exactas del malestar tratado. Al Dr. Ramos no le fue difícil distinguir entre lo normal y lo anormal, criterios, sintomatologías, conductas; su ética y moral socialmente aceptada (herramienta infalible en el trabajo de sus pacientes), no fue suficiente en el filicidio. Sus manuales -entre ellos el reconocido DSM II- fueron directo a la basura, se interesó en nuevos temas, propuestas relacionadas con la introspección, el orientalismo, la combinación –anti natura- de disciplinas: Psiquiatría y existencialismo, empirismo y subjetividad, etc. Temas como la simbología del espíritu, metafísica de la expresión, espacialidad y temporalidad; un cambio radical en la formación del Dr. Ramos. Sus clases en la Universidad fueron desechando la idea de un marco “universalista” del hombre, sus intervenciones dieron realce a la pluralidad, hizo a un lado la idea de un ética y moral absoluta “Ataduras, la persona normal es aquella que ha renunciado su voluntad para aceptar la voluntad del grupo…” les decía a sus alumnos. Días antes de pedir su permiso provisional la junta académica estaba por expulsarlo de la Facultad; sobrepasó los límites, persuadió a los alumnos a quemar biblias, constituciones, textos –gratuitos- de educación básica, bibliografía y manuales de psiquiatría tradicional. Un sector del alumnado estaba motivado, emocionado ante el abrupto cambio de su catedrático, que no está por demás decir, era una de las vacas sagradas de la institución; el otro sector reprobaba el actuar del Dr. Ramos. Inconcebible, decían los más puritanos conservadores, sus colegas; amigos de años dejaron de hablarle cuando lo encontraban entre pasillos.

Le dijo a su esposa que él iría por los periódicos ese domingo por la mañana, su esposa palideció al ver el terrible aspecto de su esposo; cuatro meses de no salir del estudio, de no verlo: el pelo largo, la barba (canosa) muy crecida, el pijama sucio, las sandalias de distintos pares, destilaba un fétido olor. Llevaba una caja de zapatos sujetada por el brazo derecho, pegada a la costilla. Besó a su esposa en la frente. Los tres hijos estaban dormidos. -Regreso, ten listo el desayuno- fueron las últimas palabras del Dr. José Leopoldo Ramos. No se volvió a saber de él. Hubo detalles que asentaron la decisión de sus hijos al respecto de irse deshaciendo de las pertenencias –del recuerdo- del Dr. Ramos. Tres fueron notorios: ese mismo domingo por la noche un coche bomba detonó en las inmediaciones del Palacio de Justicia, no hubo ningún muerto. El hecho fue noticia nacional. No formaban parte de la cotidianidad los autos bomba o artefactos explosivos, menos si éstos pretendían o como en este caso, aparentaban un atentado. Otra versión es aquella rumorada por el alumnado, decían que el Dr. Ramos se había fugado con una alumna, Leticia Vallejo, estudiante de Ciencias Políticas; se le vio en la mayoría de cátedras impartidas por el Dr. aunque no pertenecía a su área. Mucha comunidad estudiantil comulgaba en lo expuesto por el Dr. Ramos, la quema de textos le dio una nueva revaloración entre grupos disidentes. Ella, se sabía, tenía una afinidad con él más allá de la ideología. La última versión fue comentada por el que después se convertiría en el esposo de la hija de Ramos. Estaba en la comisaría de aquel pueblito, era él, más viejo, la piel quemada, el pelo largo y cano. Lo reconocí, sobre todo por lo que le decía al pobre policía, un anciano también: “mírate allí, condenado a ser un sirviente de leyes que ni conoces ni entiendes. Un pedazo de hombre sin voluntad en sus últimos días sirviendo a las instituciones que seguro lo liquidarán y le olvidarán. Atrás de tu escritorio apolillado, en una autoridad nula que no te da ni para gobernarte a ti mismo”. El viejo policía le respondió entre risas, “sí Leopoldo, sigue viviendo en tu mundo, anda, vete, aquí en estos tiempos ya no tienes sentido”.