Tiempo

El tiempo es mi mejor amigo y mi peor enemigo. El tiempo ambiguo del esquizofrénico, el tiempo que fumas, el tiempo que soñamos, el tiempo viajado, el tiempo obsesivo felizmente vivido por un servidor y otros más; el tiempo otorga el valor… valor para hablar de comics, de ideas, de “absurdos delirantes”, de parodia, de cine, de intentos, de música, del fin del mundo, de playas vírgenes ochenteras suicidas. En fin, el tiempo es quien definirá este rollo que hoy mismo inicia e incita a la banda a que lo visite, lo juzgue, lo ame, lo odie o las dos cosas. La pertenencia digital me quitaba el sueño.

lunes, 14 de octubre de 2013

La insurgencia de mecha corta


Y parece que una vez más el levantamiento, la insurgencia, el estallido social sólo fue una llamarada (sin ánimo de convertirse en un incendio. El que debería hacer arder a lo impropio) de días, no trascendió como otras tantas veces, quizá la diferencia en esta ocasión fue que se le reprimió enérgicamente, una gran parte de los participantes han sido amedrentados. La postura del Estado ha sido clara: no inclusión al diálogo, anular las demandas, no tolerar la disidencia y enfrentarles con todas “las leyes” bajo el brazo. Días antes de que las catástrofes nos alcanzaran vía Golfo de México, vía Océano Pacífico ciertas responsabilidades volvían a caer en nuestras manos. Una tormenta se hizo presente, la imposición que en menos de un año de gobierno se hizo ver en sus multitudinarias Reformas. El Estado me parece que juega mal sus cartas, descarta el atributo (herencia que siguió al pie de letra sus antecesores, sus maestros) de ir dosificando las imposiciones, de ir maquilando los escenarios; ahora arremete impulsivamente, no considerando su propia disfuncionalidad, es como si lo que en realidad quisieran mostrarnos fuera su dominio, el control sobre nosotros, la subyugación que no debe recibir queja alguna. Hacernos ver que carecemos de la propiedad para decidir qué nos conviene ¿Y cómo vamos a tenerla? Si tenemos un gravísimo atraso respecto a la información que recibimos y sobre todo en la información que buscamos, desinformarnos ha sido nuestra tarea regular. Aquí sí nosotros lo decidimos quizá, por negación, por temor, pero sobre todo por no querer tomar las responsabilidades más básicas de cualquier conciudadano, de cualquiera que diga vivir en un espacio democrático: acción social. Nuestra limitación más fuerte es el desconocimiento de la política social, de la economía y de todas aquellas leyes que nos rigen y que, invitan a la participación social, aterrizándoles en responsabilidades compartidas: observatorios ciudadanos, propuestas, evaluación de nuestros funcionarios, de programas, autoevaluación, prevención, análisis, promoción, capacitación, etc.
No tengo nada en contra de las marchas, yo mismo he sido parte de algunos aglomerados y manifestaciones, y sí como todo individuo comparto mi indignación, grito consignas, arremeto contra quienes creo que nos han aporreado, humillado ¿Pero en qué instante tales demandas recaen en nosotros mismos? ¿Hasta qué momento estamos proponiendo un desarrollo social sin saber qué significa eso?
Las dos figuras que se contraponen -lo he dicho hasta el cansancio- están equivocadas. Retomemos la Reforma educativa, ésta puramente ha apuntado a intereses financieros, descolocar para acomodos de mejores postores (sindicatos, privativos); pánico a no tener una certidumbre financiera. Hasta el día de hoy NADIE abordó el tema de la educación como un tema menester para salir de este lodazal mental en el que nos encontramos. Al final sólo las mentadas de madre, la gente enfurecida por llegar tarde a sus trabajos, los padres hasta la madre de llevar a los hijos a sus espacios laborales y el millar de hijos cada vez más desvinculados del quehacer escolar; la televisión y otros distractores se encargaran de educarlos. Algunos dirán: pinches maestros que no lograron convocar e integrar a la ciudadanía, güevones ¿Era sólo asunto de ellos?, cómo lo harían si dimos cuenta que –desde el inicio- era tiro cantado; y volvemos a poner el dedo sobre la llaga: ¿Dónde estaban maestros cuando se les solicitó apoyo? Y no el de ser parte de las previas manifestaciones, no, el apoyo para formar gente pensante ¿Cuándo se preocuparon por informarse? ¿Hasta que sus propios intereses fueron violentados? ¿En realidad qué es la educación para ustedes? Es lógica maltrecha esa en donde el gobierno se sienta a “dialogar” con los propósitos de un movimiento social. Gran mentira, es una negociación en donde el padre gobierno le dice que olvidará todo, incluyendo (convenientemente) las golpizas que le arremetió, el otro (frágil de memoria) se siente ya no tan adverso con la figura que tanto desprecia pero de la que tanto –cree- que necesita. La lección ha sido aprendida, ahora es el momento en donde el padre otorga una recompensa al rebelde que ahora comprende que todo es por su bien, se enmienda en dirección a las aulas. Claro, no hay inasistencias, ningún sueldo caído, ningún reporte, nada de nada. Nadie es culpable, volvamos a lo mismo. Estrechemos nuestras manos y en el apretón te dejará una bonificación y uno que otro arrumaco financiero. En el caso de aplicar una Reforma será en varios años ¿De qué preocuparse?
Además queda claro que no entendemos nada, queda claro que el país no está listo para despertar pues no comprende en dónde está parado, no comprende que va cayendo en el precipicio, queriéndose ver de pie sin tener piernas, hablando de revoluciones y siendo tan dependiente. Concretamente creo que ese acto no se volvió a dar desde la primera década del siglo XX, y se dio porque un pueblo estaba jodidamente fastidiado, indignado de que se le ocupase como la peor de la putas, bueno ni eso, a una puta se le llega a tener ciertas consideraciones… Calles se enamoró de esa puta –y viceversa- y después todo lo que conocemos PRI (sic), partidismo, bla, bla. El pueblo era el fango atorado entre la carnosidad de las herraduras de sus bestias flacas y de ojos hundidos. En el presente, el mundo tiene sendas dificultades para indignarse ¿Cómo indignarse de lo indigno que propiamente soy yo? ¿Cómo ofenderme de lo que me alienta? ¿Cómo no lucrar con mi propia miseria? Que de algo sirva. Dirían los más cínicos “es mi derecho partirme la madre cómo quiera”. Y así ha sido partirse la madre consumiendo tanto estiércol mediático, siempre y cuando lo queramos.
Ahora que el lunes regresas a las aulas maestro espero que no regreses con la misma actitud, con las mismas limitaciones, con el mismo desdén, con el mismo “método”, desecha todos tus vicios. Piénsalo de esta forma: sí, efectivamente poco pudiste hacer al manifestarte, sí, el temor te paralizó dado que nunca habías estado tan fuera de tu área de confort. Sin lugar a dudas te sensibilizaste, al menos un par de días te hiciste escuchar; tuviste (si así lo quisiste) que informarte, tuviste que organizarte, tuviste que reconocer tus derechos y en tanto tus obligaciones, rompiste ciertos cordones umbilicales que te tenían atado. En realidad podemos decir que conociste una identidad colegiada sí, pero que al final te puso en los zapatos, te identificó como alguien que también pierde en este tortuoso territorio. Si deseas proseguir, si quieres seguir en la lucha, perfílate con tus alumnos, hazles saber que el mundo no sólo es trabajo, ganancias y descanso. Comienza por enseñarles a sentir, invítalos a ver esas partes del mundo que tú también ignorabas, ahórrales tiempo. Diles que no todo lo que ven y sientan es real, diles que se conozcan ellos mismos, diles que pueden opinar, diles que si leen, que si se preparan será muy difícil que cualquier individuo, gobierno (legitimo o no) les controlé. Diles que desde ese momento ellos tienen una gran responsabilidad cívica y en tanto que el ejecutarle les dará bases, sentido de vida. Y piensa que tal vez uno de esos estudiantes será el quien encabece esa lucha que a ti te correspondió siempre luchar desde el aula.
Cada uno desde su trinchera tiene la propiedad de revolucionar el pensamiento. Eso algún día será la única arma que derroque a lo impropio.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Independencia




No es el día ni el mes en donde no debe celebrarse nada, son el resto de los meses y los días en donde no hay cabida para la celebración. El no dar cuenta de esto no es mera casualidad, es el escape a tanta decepción, a tanta insensatez, a tanta injusticia, a tanta desfachatez, a tanto nacionalismo. A tanto patriotismo.
Ver el México de ahora, saber del mismo sin identidad alguna; sin playera ni gol que cantar, si con el rostro moreteado que siente la gloria entre números que no le dan en las cuentas de la vida, si con la voluntad amedrentada, trastocada. Ese miedo arcaico del mexicano en el que se repliega y el cual convierte en uno de sus mayores complejos, el miedo de sí mismo, el miedo de notar que su gobierno y su tejido social son reflejo puro de su propia deshonestidad e ingobernabilidad. Masoquismo es el “valor” más preciado y sincero del mexicano, dolor en la muerte y en su celebración de todos los días; celebrar la emancipación de un pensamiento ideado para sentirse “libres”, independientes de nuestras propias responsabilidades. Resultó sencillo y eficaz el que nos dijeran y nos sigan diciendo en qué creer. La Independencia es la sublimación que otorga el escenario de una oficialista idea que da significado al mestizaje, originando la concepción de identidad, siempre y cuando ésta se conforme por esos complejos, por culpas (intensificación de las mismas) que encadenan la protesta; le hacen en tantas veces insincera, tan frágil. Revolución sería la otra sublimación, el segundo renacimiento para equiparar un descontento ante el padre, querer derrocarle, asesinarle. Cada revolución tiene su propio espíritu, no es símil en cada nación ahí estriba el hecho de no romantizarle; el compromiso para con la tierra y el pueblo puede ser entendido desde lo más narcisista (fatídico), hasta los propósitos indistintos (guerras civiles), aunque sí hay una energía particular que le arrienda, es la energía que otorga el desgaste, la frustración, la impotencia que se convierte en furia, la furia que moviliza. La revolución más sincera es la instintiva, la que contagia la indignación, la que te permite sentirte indignado de ti mismo por ser tan permisivo, por ser tan egoísta, por creer que todo iba a estar ahí sin que nada pasara, sin que estallara. Debemos ser precavidos pues las revoluciones tienden –como mal necesario- a autoderrotarse.
Independízate México de esa falsedad de suave patria, de esa idea que no tienes nada más que tus pertenencias, tu trabajo y tu quincena. Comprende que el único yugo del cual debes liberarte es el de tu concepción. Da el golpe de Estado, a tu estado como espectador que eterniza su nihilismo, que está indeciso por no saber a qué bando apoyar. Por el increíble miedo de no saber qué hacer después de derrocar. La respuesta es romper la supresión de nuestros instintos, de nuestras propias inhibiciones como pueblo, llevar a un nivel mayor nuestra escénica y quizá más sincero rasgo, la muerte. El mexicano se concibe como vida en muerte. Muramos entonces y nazcamos en algo completamente desconocido, en un valle en donde la ausencia de la dominación no sea la ausencia del pensamiento.
De la sangre del caído llena tus palabras, del verde entiende que ha estado antes que tú y tienes que respetarle y estar comunión con él, y del blanco como el lienzo en donde comenzarás a escribir una nueva historia, la historia del país que se pensaba jamás despertaría.

sábado, 10 de agosto de 2013

Borrador (2)



Mi inexactitud de tener las cartas –de respuestas- sobre el piso, la dificultad de decidir de las dos seleccionadas cuál sería la conveniente. Ambas me convenían, ambas no podían estar en el mismo sitio en el mismo instante, son la cabeza o el total en permanente supervisión. Me giraba en la cama, no conciliaba el sueño ¿Qué debo hacer? ¿Por qué no se va la sensación al campo de las indecisiones? ¿Es el campo de las indecisiones el lote que no ya no renta espacios, que es ahora tan ficticio como su uso?  En las dos primeras horas de madrugada hice a un lado la sabana, fui al muro de mis recordatorios y ahí escribí con lápiz Dixon Métrico 1910-2 “No es tan fuerte el conflicto como fuerte debe ser la solución”. Regresé, dormí y entré: Mi abuela me esperaba en la terminal de aquellos recuerdos soñados. Tengo la certeza de que es la misma central, tan seguro como la “tangibilidad” de los vagones y del número de la linea de autobuses en donde atrás de un cristal aguarda la abuela fallecida hace más de 8 años a la espera de su nieto para ir a no sé dónde. Salgo de casa, veo el reloj, queda una hora cuarenta y cinco minutos para partir. Hasta en sueños me doy el irresponsable lujo de saciar mis inquietudes, mis cándidas reafirmaciones en los momentos menos adecuados. Giro en la tercera avenida. Me recibe mi amigo el cual reparaba un mini-moto. Me pide que la aborde, quiere tener la seguridad de que su arreglo está completo. Temo sin decírselo, no que sea una trampa, desarticulo trampas y me quedo atrapadas en ellas por simple gusto, temo no poder conducirla. Mi cuerpo está sobre la pequeña motocicleta roja, como si de una mujer pequeña y ronroneante se tratara; le hablo al tanque de gasolina diciéndole que yo sé hacer esto que no hay de qué preocuparse. Mis manos aprietan en el manubrio, aceleramos. Tengo la entera confianza de que no me estamparé, de que  no nos haremos daño. Y así es. Entre aceleradas y frenadas logro avanzar, voy metiéndome entre los autos, olvido que alguien me espera. Veo el reloj, falta una hora y me imagino a mi abuela volteando en todas direcciones esperándome verme llegar. Regreso con la moto hasta donde mi amigo se limpia las manos de restos de aceite, una sonrisa en su boca me dice que está más que satisfecho con su trabajo. Bajo de la motocicleta y le digo que está perfecta. Nos despedimos, quedamos para otro día y comienzo a correr en dirección a la terminal. En el trayecto y deseoso de prolongar mi llegada me detengo y toco el timbre de una casa de un muro color melón sin ventanas. La chica dulce joven no adulta me recibe. Trae el pijama que ajusta sus caderas y muslos, de las rodillas hacia abajo la prenda ha perdido ajuste, cuelga la tela sobre los dedos de los pies que se asoman. Me invita a pasar. No tengo tiempo (no lo he tenido, sólo lo he “organizado”) para reclamarle, tendría que hacerlo, pero entonces en qué momento me acercaría a sus caderas, a la boca que ahora sólo arrastra las palabras como una caña de pescar  en donde yo he mordido el señuelo de su  ropa interior que se asoma del resorte de su pantalón. La maldigo y la deseo. La compañera de habitación interrumpe justo cuando estaba a punto de convérsele que no era necesario que me comiese –ahora- con sus reclamos. Me despido de ambas, mientras en un piso arriba la música Rap se hace escuchar. Las rimas se hacen el estímulo de mis piernas bajando a toda prisa las escaleras, tengo 15 min para llegar con mi abuela. Jalo el mango de la puerta, tiene seguro, le grito, baja con las llaves, le digo que abra rápido. Por fin estoy afuera. Avenidas desconocidas sin banquetas me llevan a colocarme entre líneas que dividen los carriles, ningún taxi se detiene, diez minutos me separan del compromiso. Suena mi alarma, despierto.
Son las diez de la mañana; decía un protagonista de una película de ciencia ficción medianamente efectiva que vi por segunda vez en repetición por TV: “En un día puedes hacer muchas cosas”, me retumba esa frase y me empuja la culpa del tiempo desperdiciado. Es sábado no tengo responsabilidades predeterminadas, así que la Mea Culpa aminora, aunque la frase retumba como la preocupación de la noche anterior. La angustia es un bien común que constantemente no se comprende y se le da marcha forzada, impulsiva del hacer en el resolver sin resolver. Al final es presta a la revolución de los pensamientos en la energía que acongoja la imposibilidad de la solución, pero que inspira a toda idea que incluye los infinitos escenarios desastrosos.  Ay este mundo que así nos instruye para continuar ansiosos en proyectos –amontonados- que alguna vez habrán de hacerse. La lucha se obstina a quedarse en el plano mental, viéndose en ventaja el escenario lúgubre de nuestra necesidad del auto saboteo mucho antes de actuar. Es la instrucción y el sistema de pertenencia existencial: preocuparte por la preocupación que se hace imperio indestructible. Encuentro su talón de Aquiles en la frase del protagonista de aquella película que ahora me sabe mejor. Desayuno huevos, tres tortillas y un vaso con juego de uva.
Ese día visité a una amiga que para sobrellevar su personalidad obsesiva-compulsiva -me contó- había solicitado en un supermercado trabajo, dejando claro que no quería remuneración alguna por su labor, es más, que ella les determinaría cuáles serían sus horarios de jornada. La tomaron por loca, aún insistiendo de las ventajas que les traería tener a una persona como ella dentro de su empresa: “A ver señor, imagine, quién le cedería su tiempo -gratis- con tanta pasión y compromiso como yo para el acomodo de los pasillos de productos lácteos, de limpieza, el departamento de blancos, el departamento de juguetería, carnes frías, salchichonería, telas, Juniors, enlatados  por mencionarle algunos. Haré un acomodo inimaginable para cualquier experto  de mercado, en donde la distribución y organización de sus productos harán que sus clientes queden estupefactos, impregnados no tan sólo de la necesidad del producto, de eso ya se hacen cargo sus comerciales y el indiscutible efecto mediático (igual si me permite, encuentro algunas ambigüedades. Le comentaría de éstas en el caso de que me acepte). Mi tarea es propiciar, crear un mundo maravilloso de orden en donde sus insaciables e incontables clientes… podemos hacer estratégicamente un listado de consumidores sustentando en el género, la edad, el nivel de estudios de sus clientes. Sí, lo  sé, me dirá que tales manuales y estudios ya existen. Pero señor no como los míos, se lo aseguro. Colores, formas, olores, productos ordenados en orden alfabético según sean las letras, verbos, palabras  regulares de nuestro idioma y de los distintos argots. Cremas y pastas delantales que podrían vincularse con estudios meteorológicos, del clima en donde conoceríamos el humor de nuestros clientes en tres semanas antes de que ellos mismos los experimenten; quiero decirle que hay productos de aseo bucal que se asocian con las estaciones del año, solemos sonreír más en verano y en invierno, sí, hay un porcentaje de melancólicos en dicha estación sin embargo también se  abarrotan millones de sonrisas en los aparadores que ven en el maniquí y en la sonrisa blanca, perfecta de la modelo de las marcas de pastas dentales más prestigiosas del mundo, la felicidad. A ver ¿Sabe usted cuándo se consume el mayor número de carnes blancas y rojas? ¿Conoce las ventajas que nos dan los pseudo-vegetarianos que buscan en su productos la reivindicación del desmedido descontrol de sus propias carnes? Una más, los tintes de cabello, uff, señor ahí tenemos la gloria de saber cuántas veces nuestros clientes no quieren ser ellos mismos por la simple teoría y psicología del color. Rubias expectantes pero seguras, apiñonadas de libido sobrio aunque flexibles en su sexualidad. Pelirrojas determinantes en el rizo ondeante de su ondulado ser. Como verá puedo hacer de ustedes la tienda de supermercados número uno, y gratis señor. ¿Qué le parece? “
El hombre del departamento de Recursos Humanos le vio incrédulo mientras pegaba compulsivamente con el dedo indice el plástico de un costado del tablero de su computadora. Tomó aire y articuló un claro “Haga el favor de irse”.

Después vendría una antología de insultos que mi amiga tuvo para el responsable de Recursos Humanos de aquella tienda. Le dije que no se lo tomara tan apecho, que desgraciadamente hay personas que no pueden ver más allá de sus títulos y cursos que engalanan el muro tras sus espaldas. Quiso seguir contándome de sus métodos infalibles de acomodos y mercado, le di veinte minutos. Nos despedimos con un beso y me encaminé a la tienda más cercana a comprar tres tubos de pasta dental.

domingo, 28 de julio de 2013

Notidisparates informa:


Vaya que Xalapa ha sido nota nacional e internacional (en menos de un mes, un  verano de escándalo para algunos);  y en esta ocasión no se debe a la gobernabilidad defectuosa, provechosa, vergonzosa, endeudada, o a la inundación, al desastre natural.  Tampoco a la criminalidad (ésa nos llega de manera individual y la comentamos entre pasillos y amigos). No omitimos, ni negamos notas relevantes asociadas a estos temas que se han dado –ahora con cierta naturalidad-  durante el transcurso del año, dicen algunos “este año va pasando muy rápido”.  No, nosotros vamos muy rápido. Se nos escurre, esfuma el tiempo entre las ganas,  no sólo en el Estado ni en la Capital, el mundo mismo y la materia de la que cuelga  seguirá  otorgándonos sacudidas.  
Bien, debemos detenernos en dos eventos en los que se ven involucradas dos capitalinas, dos jóvenes, dos hijas, dos mujeres, dos vidas.  La primera de ellas acusada de tráfico de cocaína, después se hablaría de un malentendido; no es nuestro papel hacer juicios, creo que el de nadie, quien toma la batuta son las leyes (prudente es verles como organismos, mayormente infectados)  y en ocasiones éstas se desentienden de sí mismas, vamos, que lo que aporta esta nota es que siempre  exista un evento que faculte la milagrosidad. El objetivo de la chica, ahora de muchos mexicanos, quizá en uno que otro extranjero,  es el acto milagroso; al final ella es liberada  ahora su peregrinaje  ha culminado: Brasil. El Papa latino en su primera visita a Latinoamérica y en el país de mayor “progreso”, el país que se “resuelve”; el acto milagroso de Latinoamérica nace, al llegar a pensarse  convertido en  ese otro, en esa otra nación ajena a la falta, ahora de una tierra prometida.
El otro caso nos lleva a España. Una joven mexicana estudiante, desafortunadamente  es una de las varias víctimas (ajá, igual es xalapeña)  del descarrilamiento de un tren en Santiago de Compostela.  La responsabilidad, la de un sujeto que vivía apresuradamente (vivirá ahora lentamente), rebasando lo  irrebasable.  Ambos casos invitan a dos actos puntuales en los que actualmente vivimos: pensar que en el mejor lugar las cosas no son precisamente un jardín, dándonos un respiro, ante el ya casi aforismo “Otros están peor, además de que se engañan…”. Y  efectivamente, se hace en la forma en la que se presentan los eventos, la iglesia se atribuye sin decirlo, sin construirlo de una idea compartida, la del milagro. El otro por desgracia se construye de la pérdida, de  la muerte,  de las víctimas, de lo que pudo evitarse. El responsable, una víctima de su realidad en la que es mejor ir apresurado para no sentir el derrumbe que, al final siempre te alcanza. Tendrá la oportunidad de reflexionar, ahora, sin premuras aunque para su desdicha serán sólo posibilidades imposibles. Para nosotros aún no.

Pero el mundo gira y otros eventos habrían de salpicarnos: la incredulidad de una baja en la criminalidad nacional ha pasado a ser desde hace algún tiempo  acto milagroso, olvidado o negado como la mayor parte de ocasiones se hace. Michoacán “tierra caliente” arde literalmente y sus llamas, sus humos alcanzan a otros, Guerrero tiene sus propias formas y que decir del resto de la nación que se consume. Acto negado, transferido si quieren, la Selección Nacional de futbol, negados como su patria al triunfo. Varios dan cuenta que ni ahí pueden situar sus anhelos, mucho menos en las de su seguridad social, energética, laboral. Sus hijos  enfrentarán verdaderos retos en conseguir empleos, vidas, y nosotros junto con éstos a privatizaciones que no negamos, podrían traer cambios y en efecto los traerán, algunos serán los que disfrutarán sus ganancias, el resto nos enfrentaremos a nuestras propias responsabilidades; tanto de lo que pasa afuera como lo que pasa adentro -de nosotros-.
En la Z finaliza nuestro abecedario, pero reinicia, en cualquier lugar y forma. Todo puede crecer en cualquier lugar. Definamos qué es lo que crecerá entre la podredumbre, más podredumbre u otra (s) vida (s).



domingo, 21 de julio de 2013

Histriónico




Y el lugar estaba repleto de mujeres, niñas, féminas. Todas ellas en largos vestidos de gala. Parecía que celebraban nuestra llegada; nuestros pasos firmes sobre lo que parecía una alfombra que no llevaba a ningún lugar. Las manos de las chicas querían alcanzarnos, sus manos que al verlas más de cerca eran pálidas, muertas hubiera llegado a considerarles si no fuera porque les veía agitadas,  habidas de tocarnos, llevarnos. Algunas de las mujeres nos reverenciaban, pensé que no era para tanto, sin embargo me gustó la sensación de saberme deseado, pensado como un objeto del deseo. Y tal fue mi vanidad que me quise ver en sus ojos; me acerqué a una de las niñas que corrían presurosas a nuestro encuentro, sus vestimentas del preclásico me inquietaban. Los pequeños tirantes ponían al descubierto unos hombros huesudos, sus carcajaditas combinaban   con la fragilidad de sus huesos. Regresé a los ojos, me busqué en ese rostro verdoso, su parpadeo apresurado no me dejó verme.

El negro, sólo pude verme en el negro.

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Ella representa el arquetipo de la Madre que da origen a las constelaciones en tanto, a la esencia de lo que somos; cuatro arcanos resguardan la superficie de la vida psíquica: la devoción, el amor, el calor y el deleite. El león es el impulso reprimido de todos, responde al mero instinto, vive en nosotros en resguardo, mas siempre libre a salir cuándo le plazca. No tiene reglas, ocasionalmente puede crear las propias –si así lo quiere- y lentamente convertirlas en tolerancia, temple y fuerza.
La mano derecha de la Madre sostiene la máscara eterna de los que habitan la superficie. Le ves, puedes llegar a ella por el origen de la vida y llegar –quizá- al corazón y al espíritu. Ese ojo derrama lágrimas sobre la celebración del hedonismo, el ego disidente que debe permanecer abajo, fluyendo como recordatorio de lo irrepetible. Los cubos, el de abajo encuadra la rigidez y el encierro del tiempo, no permitiéndole correr, se estanca en deberes, en números que castigan en lugar de incrementarse (asimilándose) y abrir posibilidades; además es la bestia a la que encierra, y como dije ésta puede liberarse cuantas veces quiera. El otro cubo mantiene en cautiverio –auto infligido- el prisma de los afectos, del amor comprendido en rededor, libre cuando lo decida. Las cuatro líneas verticales no pretenden un encierro, son los elementos que dan sentido a la fe. 
La línea que corta el cuello derrumba cualquier posibilidad de encontrarse en equilibrio. Las flechas y su dirección llaman si quieren a la autoconciencia, me gusta más el Sí mismo; la corona y las cinco estrellas nos hab
itan, habrán de hallarse en lo etéreo. 


martes, 18 de junio de 2013

Vincent Black Shadow




Y en una Vincent Black Shadow te llevaría al pueblo ese del que me hablaste, el de los muros débiles, el de la gente que poco se deja ver, aquél que me obligaste a imaginar.