Tiempo

El tiempo es mi mejor amigo y mi peor enemigo. El tiempo ambiguo del esquizofrénico, el tiempo que fumas, el tiempo que soñamos, el tiempo viajado, el tiempo obsesivo felizmente vivido por un servidor y otros más; el tiempo otorga el valor… valor para hablar de comics, de ideas, de “absurdos delirantes”, de parodia, de cine, de intentos, de música, del fin del mundo, de playas vírgenes ochenteras suicidas. En fin, el tiempo es quien definirá este rollo que hoy mismo inicia e incita a la banda a que lo visite, lo juzgue, lo ame, lo odie o las dos cosas. La pertenencia digital me quitaba el sueño.

sábado, 21 de julio de 2012

Anjelica Huston



Anjelica Huston es esa clase de mujer de la que lucubras unas o muchas tragedias en su pasado, haciéndole cada una de esas penas más atractiva. El pelo largo y negro siempre parte de su estilo, su nariz –me parece- motivo de su desinhibición, parte de su encanto. Jack Nicholson lo supo por largo tiempo.
Actoralmente genuina, muchos de sus filmes lo confirman; reconocida por la academia ya en una ocasión, así como el hecho de ser parte de algunos jurados en diversos festivales cinematográficos: Cannes y San Sebastián. Su filmografía es basta, y si bien muchos de sus papeles han estado impregnados por el dramatismo debemos reconocer su versatilidad, esto lo podemos ver en: El honor de la familia Prizzi con Nicholson y dirigida por su padre John Huston, The Grifters, En Crímenes y pecados de Allen, La Familia Adams, en la excelente Buffalo 66 y en las sin desperdicio alguno Royal Tenenbaums, Life Aquatic y Viaje a Darjeeling de Wes Anderson.
Casada, activista, madura y atractiva, razones para ser platónica.

Zully Keith





El caso de Zully Keith se explica en una sola década, los setentas. Fueron muchas sus apariciones en el programa de humor inverosímil: “Ensalada de locos”, uno de los mejores programas cómicos del país. 
Además de ser una mujer de belleza muy en los cánones de su época, se caracterizaba por su humor y gracia espontánea. Sus intervenciones en los muchos sketchs acompañada de Héctor Lechuga, Alejandro Suárez y el “Loco” Valdés, serán inolvidables e irrepetibles. Sus ojos eran tal vez el especial de esta mujer, aunadas–justas- las razones ya mencionadas.
Al parecer terminó haciendo telenovelas, su gracia y encanto en este caso se esfumó. Una platónica definitivamente.

Isabelle Adjani




Hoy toca el turno a Isabelle Adjani, actriz parisina de ojos grandes, cabellera laberíntica y de labios sugerentes; en belleza, misterio y locuacidad se resume. Me atrapó en la ya clásica “El inquilino” de Polanski, después en Nosferatu (la de finales de los 70s), fue suficiente. Imaginar estar en un cine viendo a Bruce Lee en “Operación Dragón” mientras este encanto te toca la entrepierna y a la vez te susurra en el oído: “Sabes, hoy quiero estrellarme…” Histriónicamente irresistible.
Véase en –las mencionadas- “El Inquilino”, “Nosferatu” y “Diabolique”.

Angélica María




La llamada novia de México, Angélica María es una mujer de belleza única; un rostro distinto al resto de su época de gloria (60s), y de belleza disidente en la década de los 70s. En mera suposición, al menos en la denotación de su estética, es casi seguro pensar que en ella se combina (o) hermosura e inteligencia, resultado, inspiración ¿Alguien dijo José Agustín? 
Tres básicas de su filmografía: 5 de chocolate y 1 de fresa, Ya sé quién eres (te he estado observando) y La verdadera vocación de Magdalena (cameos del Festival de Avándaro, actúan también la Revolución de Emiliano Zapata).

Rebeca Iturbide





Rebeca Iturbide. Jefa de estética en el cine mexicano, actriz mediana pero dotada de una figura cautivante, pregúntenle a Germán Valdez y al charro más fresa Jorge Negrete. Véase: “El revoltoso” y “Ay amor… cómo me has puesto” ambas dirigidas por Gilberto Martínez Solares y estelarizadas por Tin Tán.

Susan Sarandon





Las platónicas:
Iniciamos con la encantadora Susan Sarandon, actriz de alcance y bella mujer; siendo ya una mujer madura continúa teniendo ese atractivo singular (ojos y un busto generoso). Se recomienda verle en: The Rocky Horror Picture Show, Las brujas de Eastwick, El Ansia y Light Sleeper.

martes, 10 de julio de 2012

El refugio final


                              Spellbound (1945)




El gran inconveniente de los finales es que la mayor parte de ellos son pasados desmoronados, otros tantos se convierten en nostalgia, en anhelo. Son tan dolorosos los finales dicen muchos. Su lado amable, igual presente, es ser causa permanente en el individuo, en los hechos del hombre -no los del cosmos- hay un final en cualquier parte, cuestión de crearle o de encontrarle. 
Mencionaré algunos finales insertos en la cotidianidad, de esos en los que nos escurrimos, en los que delicadamente nos vamos cerrando, el nacer de empezar:
El final de un día, es enteramente uno de esos finales que nos dejan prendidos a su influencia y experiencia, tan quisiéramos se extendiera o muriera de una buena vez. Borrarlo, rogarían otros  ante un hecho que tuvo un final catastrófico en sus vidas: un gris instante.
Los finales de un viaje. Llega a tu destino, terminar una visita; el gran horror de volver, depositarse una vez más. Llegar por fin, tal vez morir, sin la garantía de ser un fin, un final. La muerte y la locura no necesariamente deben ser finales, y menos refugios.
El final incierto, en lo que no sabemos si acabó o inició. Esas muchas cosas que parecen estar vivas respirando de incógnitas. Aclaremos que en algunos momentos son un “mal necesario”, dado que son creadoras de expectativas, de imaginantes de desenlaces, de finales.
El final de una partida.  El peor de los sentires en ella se halla cuando el juego ha parecido volverse eterno, aún tan divertido (pervertido) o doloroso sea de contenido. Al final se topa uno con la ausencia de la emoción, de la estrategia, de la inteligencia.
La ruptura de un amor. Otro de esos finales que pueden perpetuarse, llevarte a otros finales. Un mismo fin pero en realidades distintas. Y al final todo parece si terminar.
El final de una película. Dando por hecho que es una película de las muchas interiorizadas; tierra fértil de utopías y distopías de incontables inconscientes. Te aferras a tu butaca, pidiendo que siga, que se escriba sobre tu posible fin, en donde mueres trágicamente pero mitificado o en la crueldad psicótica del existir, en el paraíso –el de tus sueños- , en el ideal deformado. El final prometido.
El fin de los tiempos. Final negado conscientemente, deseado inconscientemente. Final estandarizado en el diario vivir (calendarizaciones, los cumpleaños, las fechas, las efemérides, los tiempos,  las celebraciones, en los ritos). Pero ninguno purifica como el fin de fines, la aniquilación de lo que existe. Considerar que éste siempre es simbólico, esto no le resta  poder solidificarse, eso sí, en formas no correspondientes a lo planeado. La premonición, la profecía plasman, el hombre legitima. Un cierre –periódico- escrito en sangre, la que al final permite empezar otra vez, entre ruinas.