Tiempo

El tiempo es mi mejor amigo y mi peor enemigo. El tiempo ambiguo del esquizofrénico, el tiempo que fumas, el tiempo que soñamos, el tiempo viajado, el tiempo obsesivo felizmente vivido por un servidor y otros más; el tiempo otorga el valor… valor para hablar de comics, de ideas, de “absurdos delirantes”, de parodia, de cine, de intentos, de música, del fin del mundo, de playas vírgenes ochenteras suicidas. En fin, el tiempo es quien definirá este rollo que hoy mismo inicia e incita a la banda a que lo visite, lo juzgue, lo ame, lo odie o las dos cosas. La pertenencia digital me quitaba el sueño.

miércoles, 27 de julio de 2011

Cecilia




Cecilia:

Ay Cecilia, ayer me enteré que te fuiste de la ciudad, fue por él, al final te convenció ¿Que quién me lo dijo? Es lo de menos, lo veía venir, lo sentía de ti… Híjole, te acuerdas cuando llegaste a la escuela y todos te hacían el feo porque venías de un colegio privado; yo te defendí mil y un veces. Tu carita me selló desde ese primer día que entraste al salón -cada lugar por donde pasabas me imaginaba a tu lado- Me definiste. Tus ojos me incineraron algún residuo de gusto por los hombres, no hubo belleza más que la de una mujer, la única mujer, mi única niña. Esa fuiste Cecilia. No te preocupes, esto no es una carta suicida, no cometeré una locura; como aquel día que me emborraché en tu casa ¿Recuerdas? Casi me vacío la botella de ron de tus papás. Lo peor de ese día no fue eso, sino cuando tu mamá nos encontró en el closet dándonos nuestro primer beso. Sencillamente inolvidable. No me hablaste en un mes. No puse otro pie en tu casa hasta la navidad del 92. Tu madre no se lo dijo jamás a tu padre, así que fue un secreto entre mujeres; tu mamá permitió nuestra amistad, muy en el fondo y a regañadientes sabía que te amaba, que nadie como yo para cuidar a su hija. Cecilia cómo te extraño, adoración.
Las vacaciones de Valle ¿Te acuerdas? Te escribí un “poema”, andaba en esos rollos góticos muy tronados. Mientras el resto la pasaba en la fogata yo me quedé en una esquina viendo el reflejo de las brasas en tu cara, sentía que si el fuego te alcanzaba no te quemaría. Esa misma noche quería quemar tu piel, entendí no sólo mi amor por ti, entendí mi insaciable deseo en ti. Nunca te pregunté si le llegaste a leer, la dejé entre tu slipping. Si no lo hiciste, ahora sabes más o menos su contenido. Hice cientos de cartas, muchas las recibiste otras tantas no te las di, ahora que las vuelvo a ver me horroriza que las pudieras haber leído; algunas son muy cursis, provocativas, y otras, devastadoras. No me hagas caso, sabes que siempre estuve loca.
Cuando entramos a la universidad algo cambió en ti. La gente no influía más en tus decisiones, no te utilizaba, hiciste tu propia conciencia. Fue mi momento anhelado. Traería también pesares. Esas amistades tuyas, tan raras, ante las cuales me “destapaste”. ¿Sabes? ese día fue muy cruel, tu nueva seguridad, la adoración de esa gente y la intoxicación te hizo decirles a todos, no se me olvidará: “Ésta es mi mejor amiga, que digo amiga, es amor. Es una machorra, sí, y si alguien dice algo le rompo la madre…” Siempre fue evidente mi lesbianismo, las facciones toscas de mi cara y mi espalda de cargador no ayudaban. Sabías que al menos hasta ese momento nadie conocía mis preferencias – y cómo para qué-, ni tú, al menos abiertamente. Y lo hiciste, deliberadamente, no en la condición de darme apoyo, protección, no, sólo fue tu ego; el que fuéramos testigos de tu libertad mental “Tengo una amiga lesbiana, la quiero y qué, soy pluralista”, ja, lo mejor fue interpretarlo así. Como tu madre, muy en el fondo reconocías que nadie te amaría como yo, espero continúe de esa forma. Y mira que lo demostraste ese día. Más intoxicados aun, tus amigos te retaron a que me besaras enfrente de ellos, lo hiciste, me cristalicé. Poco a poco me dejé llevar, los ojos abiertos de asombro al sentir tu boca delgada y húmeda, tu delicada lengua empujando, cerré lentamente los ojos. Floté. Luego en el frenesí te pidieron que me desvistieras, lo hiciste. Comenzaste a succionarme los pezones delicadamente, ni rastros de vergüenza, pena alguna. Era tuya. Despertamos al otro día juntas en uno de los cuartos de las cabañas, fue nuestra primera de muchas noches. Ese día te despertaste tan fría, mientras te cambiabas no dijiste nada, hubo un momento en el que me miraste, sentí ser sólo una conductora. Se consolidaba tu nuevo yo y en mí encontraste el medio. Qué extraña eras, entre más me dolías más te quería. Entre novios, rompimientos y pelas, ocupé siempre mi lugar: tu consuelo, tu oído, tu refugio. No me importaba que no pudiéramos salir a la calle. Muchas veces nos enclaustramos días en tu departamento o en el mío, son parte de mis mejores años, como siempre te decía “Encontraste lo mejor de mí, tú”. No niego los tiempos amargos, aquellos en donde llegabas hecha pedazos debido a que uno de tus estúpidos novios te había hecho daño. Uno de esos idiotas te llegó a enfermar, te alejó meses de mí, no me respondías, te escondías. Hasta aquella noche que llegaste ahogada en llanto, no podías ni hablar, me abrazaste diciéndome que no te soltara nunca, que prometiera que siempre iba a estar. El desgraciado se convirtió en una pesadilla, más tranquila me contaste las varias ocasiones en que te golpeó, de su terror psicológico y control en ti. Algo que me destrozó fue que lo amabas, lo insinuaste. Lo odiaré el tiempo que sea necesario. Ese rompimiento te tuvo nueve meses deprimida, te lo juro Cecilia, no me cansé de secar tus lágrimas y si de algo sirve, sufrí contigo hasta el fondo. No quiero convertir esto en un reproche, sin embargo lloraríamos otro rato. Comenzamos a salir, las noches condicionaste. Íbamos a bares, lugares, quisiera borrar el día que accedí. Seguías en tu altanería extrovertida, eras –eres- muy hermosa, sería difícil que pasases desapercibida. Además bebías excesivamente, te tornabas agresiva y pretenciosa, infinidad de noches te llevé arrastrando. Mientras dormías tu borrachera te contemplaba hasta que el sueño me vencía. Largo tiempo tuvimos esa dinámica. El problema se originó cuando comenzabas a salir tú sola, diciéndome que no te esperara despierta. En el colmo de tu libertad, llegaste muy tarde una noche, venías acompañada. Sentí tu espalda golpeándome en la cama, desperté, unas manos, no las tuyas, comenzaron a tocarme, me paré enseguida de la cama y encendí la luz. Desnuda del torso, mientras la adicta que te acompaña me coqueteaba torpemente, te quise matar. Me maté yo, me largué de la recámara y dormí en la sala. No salieron hasta el medio día. Esto se hizo una dolorosa costumbre. Una tras de otra, y lo peor es que no te las llevabas a tu departamento, las traías aquí. No sé qué pensabas. Sólo a una de tus aventuras me entregué. Me sentí indigna, pero te amaba, te amo demasiado. De esto, un mes más estuviste, ibas sólo por ropa a tu departamento. Parecía una pupila en mi propia casa. Te limitabas a compartir el espacio, comíamos, dormíamos, vivíamos bajo el mismo techo, en un enorme hielo. No me tocabas, y cuando yo quería iniciar algo me hacías a un lado, "que otro día, que tu día fue pésimo..." No hace mucho desperté, me diste una tremenda estocada, dejaste una nota en el buro. Adiós decía. Nada más. Prefiero ahorrarte el contarte cómo la pasé esos días, se convertiría ahora sí, en una carta de infinitos reproches, dolor. A los cinco meses, encontré un recibo -al menos eso pensé primero- debajo de mi puerta, la invitación de tu boda. Te casabas; un día te fuiste, así, y ahora me invitabas a tu boda. Con la frivolidad de un cartón de ésos, tan ilusorio, tan “correcto” y “lindo” (discúlpame otra vez estoy vomitando reproches). No podía creérmelo, sentí tantas cosas, sensaciones a la vez. Siempre despertaba con la esperanza que te comunicarás, de verte regresar ¡Carajo! esperaba una nota debajo de la puerta, ajá, jamás una invitación a tus nupcias. Quemé todo Cecilia, tus fotos, tu ropa, tus estúpidos cuadros, tus figuras, libros, peluches, discúlpame. Todo. Estúpidamente creí que de alguna manera parte de ti en mí se iría en esos objetos, no fue así. Extrañaba cada pieza, cabello tuyo en la almohada, sentí que te me convertías en fantasma. Como ya sabrás no asistí al mal llamado día más importante de tu vida ¿Qué demonios significa esto? En cambio tú significas el espíritu en mí. Y sí, esto se convirtió en un reproche amargo. ¿Por qué me dejaste? ¿Qué sucedió? ¿Y mi princesa? ¿Y el maldito amor? ¿Mi maldita vida?...
Estoy más tranquila, olvida esas estupideces, pero necesitaba decírtelo, escrito al menos. Cecilia, maravillosa Cecilia, necesitaré morir, crecer y llegar de nueva cuenta al momento en que te conocí, es la única manera de ser feliz. Quizá mi grave error fue sentir frenéticamente mi amor, y no detenerme a sentir el tuyo. Espero y en verdad lo digo que aquel con el que compartes afectos te ame al menos un instante como yo. Imposible olvidarte.
Adiós.
*El esposo de Cecilia se llevaba la mano al rostro, se notaba demasiado tranquilo, demasiado temple después de esto. Regresaba la carta al sobre, miró a su alrededor percatándose de que nadie lo viese, sacó su encendedor y prendió fuego al sobre."

sábado, 2 de julio de 2011

Notidisparates (sic).

Notidisparates informa: Ante los eminentes cambios de los canales de comunicación otorgados –y legitimados- por la creciente población virtual, o comunidades pertenecientes a distintas redes sociales, sí, aun repetitivo parezca y suene, La Real Academia de la Lengua Española ha optado por hacer ciertos “cambios” oficiales a algunas palabras (verbos, artículos, proverbios, pronombres y demás). Las razones: el reduccionismo y atomización del lenguaje (pensamientos y gramática), y qué decir de los aforismos que la gente –perteneciente a las comunidades- ha hecho pan de signos y cotidianidad –sorda- de sus vidas, aunque eso son bollos de otros hornos. La decisión de algunos integrantes de la pomposa Academia radica en modificar la estructura gramatical y de sintaxis de algunas palabras de nuestro –ahora ya no- exquisito idioma, he aquí una lista de algunos de los ajustes:
Que por q o ke
Con por cn
Por corresponde ahora a “x”
Aunque por aunke
También por tmb
Oye por oie
Para por pra
Bien por BN
Mucho por muxo
Porque por xke
Verdad por verdd
Están por stan
Aquel por aqeel
Ninguno por nin6uno
Como por qomo
Gracias por 6raxiias
Ayer por aeir
Lunes por lunss
Y así una lista interminable. En opinión de un geek, éste nos dijo que la idea es que las nuevas comunidades reduzcan su vocabulario tanto o más que el parámetro establecido por los maras salva truchas (90 palabras, el resto son señales). El diccionario con la nueva terminología estará a la venta en próximas fechas; esta situación causo revuelo y molestia en algunos sectores de las comunidades mencionadas, posteando lo siguiente en diversas redes sociales:
“Qomo, kien ns pgara los dechos muxo d ezas pabras c dben a ntrs”
Y como dijo Barthes: “La sintaxis, el vocabulario, la mayoría de los materiales elementales, analíticos, del lenguaje, se buscan ciegamente sin unirse”.
Seguiremos informando XD.

lunes, 27 de junio de 2011

Treinta y tres




Y habiendo corrido por horas, ante el hecho de haber resuelto enigmas en base a resoluciones o ideas –que en inicio se pensaron propias- continuó hasta un fin no demostrado, no entendido, ante el cual sin importar tendría que llegar. Recovecos, zanjas y epifanías hartas de ser rebuscadas y parchadas. Huecos en el tejido de su felicidad. Se vio demostrada su ineptitud y su maquinea actitud en el momento detonar su máquina; el cumplido se volvía el grito y las ganancias el olvido.




Templado. A usanza del viajero de última hora, un poco más y lo pierde. Se subió, y contrario a lo que imaginó esa mañana los vagones expulsaban personas, unos embarrados con otros: niños, viejas y viejos reposados y desesperados de llegar. Viaje largo era éste, no vale la pena recordar el número de estaciones. La axila de la anciana de cabellos purpura rosaba su playera sport, quiso empujarla, no se atrevió, el brillo del cabello lo doblegó. Particularmente siempre se siente observado. No, no es el deseo de reconocimiento, es una atención abominablemente acusadora, de señalamiento, es la idea de ser imagen perpetua de aparador, de exhibición de lo no grato. Una niña le pisó el pie, el dedo de la uña enterrada, agarrarla de las coletas y arrojarla entre el breve espacio de aire en las ventanas, mandarla lejos se recomendaba. Fue imposible moverse entre tanta carne, menos catapultar una chiquilla odiosa. El tren viajaba a una velocidad considerable, finalizaría pronto. Paciencia se repetía; el bigote de sudor le picaba, la mosca le sobrevolaba cerca de los anteojos. De tanta gente llegó a pensar que se encontraba en una calle atestada, un callejón repleto en movimiento, en velocidad considerable. En una de las estaciones se bajó más de la mitad de los pasajeros del vagón, entró un número mayor del que bajó, jóvenes la mayoría. La velocidad no fue ya la misma -incremento- su paciencia tampoco, mucha gente observándole y la luz del sol chocándole en la cara. Pensar en callejones no ayudaba, pensó en desastres ¿Por qué no puede dejar de pensar en eso? La garantía es que jamás algo que había deseado o pensado se solidificaba, dio entonces rienda a la imaginación. La angustia aminoraba mientras él recreaba desastres diversos de los pasajeros. Sonrisas, risillas incontrolables empezaron a brotarle, si de atención hartaba, en nada beneficio su repentino cambio de humor ¿Qué importaba? Creyó. Y así entre niñas que perdían a sus papás en el supermercado, abuelas no visitadas ni por equivocación en los asilos ni en sus funerales, y de jóvenes en futuros impensables: atados a una silla de ruedas, colgados de vigas, sin expectativas, sin ganas de vivir y tener la responsabilidad instintiva de hacerlo, cosas así… A cada uno le definió su tortuoso futuro. Un momento detuvo su imaginería, el tren no. Se preguntó “¿Cuál sería el peor desastre en este momento para mí?” Respondió “Morir aquí, con ellos”. El titular decía “Tres únicos sobrevivientes de aparatoso accidente ferroviario: Abuela, su nieta y una adolescente, se reportan graves”.
Releí la nota y dejé el periódico por ahí, es un pésimo hábito leer la nota roja durante la comida. Y mayor se vuelve cuando los problemas maritales no se han resuelto por años. Esa tarde había acordado verme con mi amante en el bar de la estación. Le di las gracias a mi esposa por la comida y me despedí fríamente de mis hijos, no quería llegar tarde a la cita y menos tener una discusión sin posibilidades de llegar a nada, esa es mi esposa. Me fui de inmediato a la recamara y me quité la camisa, la corbata y el resto del atuendo de oficina. Busqué entre mi ropa algo menos conservador, que me permitiera lucir bien; en verdad que estaba ilusionado con esta chica, era más joven que yo, además, me regresaba el aliento, las ganas. Desde nuestra primera salida comencé a sentirme distintito, único, especial, fui otro en todas la áreas de mi vida, menos las de mi hogar y lo que éste representa. Y he de decir esto, considerando la belleza y dulzura de esta mujer, de movimientos delicados, palabras oportunas y de pasión inagotable. Nuestros últimos encuentras se habían espaciado en demasía, cuestiones de trabajo, viajes, sus estudios. Hoy sería por tanto especial. En casa dije que saldría con compañeros de la oficina, que cenaran sin mí. No tuve respuesta, sólo una tremenda indiferencia de la familia.
Llegué más temprano de lo acordado, decidí tomar una copa en el bar. Podría prolongar el encuentro, desde una maravillosa espera; el bar era un lugar acogedor sin pretensiones y muy nostálgico (sus pequeñas y viejas mesas, el detalle de la lamparita), te atemporalizaba, lo hacía un lugar sin tiempos, al menos no presentes. La misma sensación tuve en otras visitas, sin ella. La esperé en la barra. Comencé con un brandy, los solían servir bien. La barra era muy larga, el cantinero no te escuchaba cuando atendía a los extremos. Ese día no fue así, sólo éramos dos, y ambos sentados en la barra, muy cerca. Un joven –para mi edad-, treinta y tres años tal vez mi acompañante de esa ocasión. El tiempo en el lugar sin tiempo comenzaba a pasar, lo noté no por observar mi reloj, menos por ver el del bar, inexistente, caso extraño para el bar de una estación de trenes; me di cuenta por los techos de los vagones que pasan muy cerca del ventanal de la barra que da al área de abordaje. Cada quince minutos salé un tren a destinos diferentes, puntual. Habían salido ya seis, una hora y treinta minutos de retraso. De los mínimos defectos en ella la impuntualidad no era uno. Fueron mayores las ganas de prolongar, noté que lo acompañe de tres copas más. No acostumbra a llamarle a su celular, y cuando lo hacíamos era una sola vez para quedar, no más. Mi silencioso acompañante revisó su teléfono, un mensaje, dejó un billete en la barra y se llevó el cigarro recién encendido. Sentí unas ganas tremendas de seguirle, tenía algo que ver con el retraso, él. Salí presuroso, sin pagar, el mesero me gritó algo. Salimos del bar, cerca había un túnel que comunicaba a los andenes. Iba tan rápido que ni siquiera se daba cuenta que era seguido. Al entrar al túnel el tren está a punto de partir. Va disminuyendo su velocidad, igual lo hago, quería hacerlo, a mi edad no es tan fácil correr como aquel día. Para un momento, reconoce a una chica que se encuentra parada en las escalinatas de uno de los vagones. Corrió hasta ella, le besó cariñosamente; desde donde los veía parecían no decirse nada, se –hablaban- decían en sus caricias, las caricias que le deba ella. Que me dio. Me vio, estoy seguro que me vio, lo abrazaba y a su espalda me miraba, ¿Lo había planeado? ¿Me lo merecía? ¿Regresaría? Terminaron por subir, el tren salía del andén, a la luz de la tarde. Me fui del allí hasta que el tren se convirtió en un punto, lejano.
Entró una pareja joven al vagón, el tren comenzaba su trayecto. Las caderas de la chica (encantadora, muy sexy) golpearon a un flaco muchacho que se encontraba cercano a la puerta de acceso. Ella y su novio siguieron, no los volvió a ver. El flaco adolescente es un chico que se le ve relajado. Esto quizá se pueda explicar: carga una mochila escolar y trae el uniforme de la secundaria (no supe si de los pantalones de cuadritos o de las grises de rayas anchas y delgadas). Una treinta, una treinta y tres -esa era la hora- seguro se voló las clases y desde la mañana anda en la calle, entre estaciones. Según la hora de salida de las secundarías en este momento iría de regresó a su casa para no ser descubierto. Llegaría a la casa, de la que salió en la mañana, dirigiéndose a la escuela. Decidió ese día no ir en cuanto puso el primer pie en la calle. Tomaría el tren que recorre la periferia, contaría el número de vueltas a la ciudad realizadas desde tempranas las siete hasta la una treinta de la salida. Haría un registro de los lugares que no conoce y conoce sin bajar nunca del vagón. En la primera estación –observó- era la ciudad, pero distinta, los edificios, la calles, están acomodadas de distintas formas. Esta vista si la conoce, es un barrio de tierra, ha venido aquí, tiene un amigo, contrario a lo pensado no es ni por asomo una mala influencia. El tren sigue, el interior le parece en ocasiones acogedor, en otras es un vagón arcaico, corre en vías frágiles, delgadas, las puede ver entre los tablones rudimentarios que forman el piso. Viajaba solo, subieron dos. Un golpe de un cuerpo - una chica- lo sacó del pensamiento de lo que había hecho en su día de no ir a la escuela. Para después verse sentado en uno de los asientos de ese vagón, tal vez anticuado pero perfectamente bien conservado. Se miraba allí dormido, lástima, no pudo ver el recorrido entre las casas, los talleres de las máquinas, los vagones parados, los abandonados, los grandes árboles y las sombras de sus ramas que se proyectan al interior del vagón. Tan apacible, se observa, se contagia de sí mismo mientras el juego de luces y sombras le recorren la cara, dormido, el tren avanza.
En el número 33 y después en el 133. Este niño soñaba cosas de sus vecinos: el señor que siempre se siente observado y que se le hace un gran bigote de sudor cuando está muy nervioso, el hombre, ése que a leguas se ve que su familia lo desprecia, ah, y de su hermano el que va a la secundaria. No tuvo sueños propios, ni de mayor. Entendió tarde que los pensamientos están afuera no adentro, están dados. Tu tarea es engranarlos.

martes, 21 de junio de 2011

Infestado



Nota: "Doc Brass recorría la oficina como un tigre enjaulado..."

Warren Ellis.

miércoles, 1 de junio de 2011

Professor Pyg


Para algunos el villano de la década (tiempos violentos corresponden a villanos desproporcionados). Igual el resultado de una psicopatía sexual venida de un complejo edípico y de distorsionadas visiones del idealismo. Sí, es un favorito. Patologías posmodernas; de esos –esas- que en cualquier parte del globo pueden brotar como plantita de frijol. La psicosis en defensa de los indefensos: los orates que viven a la vuelta de la esquina, aquellos que nos cobran en las cajas registradoras, el ejecutivo de un banco tal vez, un empleado de gobierno, el acomplejado y amedrentado de la vieja clase, los maestros de nuestros hijos, todos tienen –tenemos- potencial. Proffesor Pyg lo instituye y da lecciones de amoralidad y malos gustos ideales. Bienvenidos al circo del Profesor Cerdo y los extraños; los extraños somos nosotros, a veces los cerdos.
Y como para algunos la obsesión es cuestión de propósitos y metas, el Profesor Cerdo les -hará- hace la tarea más fácil. Las abstracciones esquizofrénicas inspiran a este ser de la sinrazón de Pigmalión. Lazlo Valentin (su nombre original, que para el caso éste se convierte en el alter ego) se traspola en una rosada y regordeta máscara de marrano, un delantal, unos guantes quirúrgicos enriquecen el atuendo. Se hace acompañar de un equipo de sabandijas freaks: la mujer gorda del circo, la cual sufrió fracturas expuestas (rodillas, clavícula) cortesía de Damian Wayne el rebelde y sádico Robin de este cuento de hadas... Ah, claro, continuando con la presentación de la pandilla tenemos a un piromaniaco de combustión espontánea bautizado Rex Fosforo, y como olvidar al Sr. Sapo al cual el hijo prodigo Dick Grayson enfundado en el manto del murciélago manda al agua (literal) en esa excelente secuencia de viñetas ilustrada por el también excelso y magnifico Frank Quitely (Superman All Star, The Authority, New X Men).
El Profesor tenía la intención de contaminar (alucinógenos, psicotrópicos) los suministros de agua de Gotham, darles, compartir su amor; hacer de ellos gente perfecta, ética de la estética, convertirlos en un ejército de muñecas con máscaras de carne redentora. Celebraremos “el año del cerdo”. Desgraciadamente  la celebración tendrá que esperar, los planes se vienen abajo, antes dicho, su banda es sometida por el *renovado dúo. La historia continua, la personalidad de Grayson es ajena a la de Damian, sucumbiendo el ego de Wayne, trayendo como resultado la separación de la pareja –momentáneamente, aunque los problemas internos serán recurrentes en toda la serie. Morrison lo ambienta, caray-. Gracias a esto podemos empezar a conocer la antinaturaleza del Profesor Pig; éste secuestra a Robin demostrándole el contenido de su mente. Robin al reaccionar se da cuenta que está amordazo a una silla, su ubicación: un viejo circo, el mismo ocupado como guarida alguna vez por el Joker “The Killing Joke” (estas conexiones son muy gratas). A lo lejos y entre imágenes borrosas ve a unas muñecas gigantes de vestidos rojos, se escuchan los lamentos de alguien, una chica, un hombre con delantal está a un lado de ella mientras "reposa" en una cama. Un hombre con cara de cerdo empuñando en ambas manos un taladro (izquierda) y una sierra de disco (derecha), se separa de la chica para encarar a Robin. Lo dicho por el Profesor no tiene coherencia, sí mucha substancia del personaje, de lo más interesante y dicho: “el abismo de la desesperación”, Mormo el caos sin forma, Tiamat diosa monstruosa de la mitología babilónica, refiere también que el Dollotron es la perfección en un mundo crucificado (sic). Un fetiche de su madre hecho de tablones, concertinas y clavos, una voz eléctrica sale de la máscara que yace en lo alto de los tablones, dice: “tú puedes ser mejor, tú puedes ser mejor” pero mejor que el Profesor Pig imposible, improbable. Es la descripción dada a Robin de un origen no interpretable dando paso ahora a una fantasía erótica sádica, Robin logra desatarse antes de que le colocasen una máscara de carne hirviendo y con unas pesas que Pig cargaba en último momento (herramientas de su sórdida fantasía), da tremenda paliza a Cerdo y muñecas, se nota una de ellas con el rostro aplastado. La pelea es llevada a una montaña rusa para definirse entre carpas viejas de circo (atinado). El Profesor dará un golpe final a Robin, un palo en llamas cerrará todo. Pig es embestido por la Batimoto conducida por Batman (Grayson) salvando así al chico y dándole su merecido al Cerdo. La chica en la cama quirúrgica, ajá, aquella con el rostro desfigurado daría más en venideras y geniales historias.
Pig después de los eventos de Batman RIP es contratado por el Dr. Hurt para distraer al dúo, mientras se hacen cargo del Batman (sic) original ante su eminente regreso. El Profesor Pig es una vez más vencido, para tiempo después aparecer muerto y crucificado de cabeza en el signo emblemático de su madre, representado por la torre de concertina y clavos. Castigo y muerte ejemplar para alguien que gustaba de realizar cirugías cerebrales, castraciones y alteraciones de la mente por medio de farmacos (fórmula para crear Dollotrons, gente perfecta). Para mi gusto volverá, eso si, en manos de su creador Grant Morrison. Muchos se han visto molestos del trabajo de Morrison para con Batman, mi humilde opinión va en contra, Morrison dio una actualización metafísica del mito de Batman, esa complejidad, ese dividendo  que se convierte en claridad en nuestra desastrosa realidad; aporta nuevos villanos a la galería, dignos del Caballero Nocturno, y como dije, dignos de nuestro estado social. Entretenido y significativo. El mismo Grant Morrison describió al Profesor Pyg como alguien perturbado y desconectado. Sin palabras, la deconstrucción del superhéroe va de la mano de la deconstrucción del villano, en la misma espiral: el desfortunio, la resignación y la locura.


*El nuevo dúo –dinámico- nocturno (Dick Grayson el otrora Robin es Batman y el hijo entrenado ninja y asesino Damian Wayne es pesadilla, digo maravilla, nieto de Ra’s Al Ghul), guionizados por el Jefe Grant Morrison e ilustrados –la mayoría de títulos de la serie- por el particular trazo del Sr. Frank Quitely. Disfruten de inmediato la dulzura del Cerdo.


Creado por Grant Morrison.
DC. COMICS Primera aparición: Batman # 666 (2007).

sábado, 21 de mayo de 2011

Arrepentimiento

Death of a Miner, Ben Shahn (1940)



Me enfoqué en hacer daño, premeditado, siempre bien planeado. Gocé del hecho de ver sufrir a otros. Sus ruegos, su clemencia en sollozos mi hinchaban el no sé qué, sentía algo bonito en ello. Es magnífico el pensar que alguien te pertenece, su vida, un ratito; que interpretado en ellos es eternidad. El dinero pasa a segundo plano, no digo que no se gane bien, cantidades jugosas, cada pescuezo tiene un precio, pero como dice el tendero “hay de precios”. Les decía, el dinero no ha sido –ni es- mi prioridad, los últimos instantes esos sin valiosos, vaya, invaluables ¿A poco nadie nunca te ha rogado por algo? Piensa que ese algo es su cochina (encantadora) vida; más disfrute si te arrancas la sombra de la culpa, si te destrabas el ancla del remordimiento. Tú los observas, los sentencias (desde allí empiezo a sentir un agradable cosquilleo en la nuca), el pobre no sabe nada de nada, menos que en quince minutos, dos horas, tres días, en una semana, cuándo tú quieras o cómo te lo hayan ordenado, se irá, no volverá. A mí nadie me ordena, no lo saben -hacen que no saben- yo lo hago por gusto. Un viejo ricachón rogó que no le cortará el índice y el meñique, el muy cabrón se meó entre ruegos, a mí me valió madres y le chingué la mano completa, nomas cachos entregamos. Entregaron el rescate completito. ¿Qué cómo le hago para no sentir nada?, no sé, creo que desde que estaba en la panza de mi mamá no sentía nada. A mi señora madre le decía la partera que el producto estaba muerto “nomas está flotando”, pero no, allí estaba yo calladito, cauteloso desde embrioncito. Las maestras de la escuela se sorprendían de mis dibujos: pura sangre de rojo acuarela. Me dejaron de comprar mascotas cuando a un cachorrito le di de martillazos en una de sus patas, eso no me detuvo. A los pollitos del rancho de la tía Jacinta les cortaba las patas con un hoja de rasurar (esto me llevaba tiempo), me gustaba verlos intentar andar sin sus patas. La primera vez que me cargué a alguien fue en el dispensario médico del pueblo, fue al médico (tres morunazos en el pecho), tardó horas para atender la pierna rota de mi hermano, esa también yo la rompí. Huí a la ciudad, donde me hice judicial. Nunca había tenido un arma, de inmediato hice uso de ella, tres teporochos que nadie echaría de menos, unos tras de otro. Me hice de reputación, los compañeros hablaban de mi valor, de mi frialdad, de mis huevos.
El trabajo sucio, lo que otros por sus ataduras morales no realizaban, esa era mi especialidad, casos perros para un perro. ¿Qué si me daban lastima? Un animal no siente lastima, siente hambre y yo siempre supe donde encontrar la comida. Me empezó a buscar gente que me pagaba por comer: prestamistas no remunerados, maridos engañados, locos rencorosos, cobardes que no se podían encargar de sus propios problemas y los patrones hartos ya de tanta sangre en las manos. De estos últimos me hice subordinado. Mi primer patrón me envió a la comarca, me detalló meticulosamente el encargo de ese día, horroroso para el promedio, a mí se hizo insignificante, me sentí ofendido. “Truénale un balazo en el corazón y córtale la cabeza, así aprenderá el pendejo y su gente…” dijo, en cambio los balazos se los troné a su esposa e hijo, a él lo torturé más de seis horas, le hice laceraciones y cortes en todo el cuerpo utilizando una punta hechiza, los cortes de los parpados le dolieron en serio; le puse a un lado los cadáveres de su esposa e hijo, le acompañaron durante toda la tortura. Al final le volé la cabeza de una sola tajada, un verdugo eclesiástico me sentí. El patrón me felicitó y me dio más dinero de lo pactado. Otro patrón me hizo su escolta, esa temporada en verdad qué hice daño, me iba convirtiendo en otra cosa, otro líquido me recorría las venas, ácido, ardía por dentro y encendía todo por fuera. Me desaté, mordí, trituré y escupí no tan sólo la mano que me alimentaba, fastidié su cuerpo y de paso, mi espíritu entero. Hasta ese instante supe de su existencia, el reconocerlo implicó sentir culpa y miedo. Grave –doble- error, en un mes este jefe sería ascendido a jefe único de la célula del bajío, mi vida corría un riesgo indescriptible, la escoria del país estaba tras de mí y era encabezada por el pútrido más vil, mi ser, mi yo.
¿Dolor? ¿Qué si siento dolor?, ojalá pudiese sentirlo, saben, en ocasiones me arrepiento de no sentir nada. A veces me arrepiento que no haya un dios que me castigue. Intentando escapar día a día, no de los sicarios, no de los políticos, no de los fantasmas, no, de mí mismo. Me arrepiento de no poder jalarle al gatillo.


“Yo quería una misión y por mis pecados me dieron una”
Capitán Willard, Apocalypse Now.

sábado, 23 de abril de 2011

Un nuevo motivo



Primera parte
Decir que esto será sencillo, es mentirme, es fingir que no sé ante quiénes estoy. Dirigirse a una troupe de personas extraordinarias, me pone en el conflicto típico de un líder: ¿Cómo logras dar ánimo a gente que TIENE que estar desanimada? Y no me refiero a sus condiciones, sus características, sus sinos… no, me refiero a que esta agrupación, esta liga mundial es una respuesta franca a las necesidades de un mundo cada vez más torcido, cada vez más absurdo. Lo único seguro es que estamos afrontando el fin de nuestra era, el eclecticismo de la globalización, demuestra que estamos a semanas de terminar como civilización. ¿Cómo me he dado cuenta? Bueno, para eso, tengo que recordar lo sucedido hace una semana. Hace una semana exactamente…
- ¡Yo me enfrenté a Thor, yo me enfrenté a Thor! ¿Cuándo dejarás de lloriquear con eso Day? ¿Mañana por la mañana? ¿O el día que Thor te derrotó?
La mirada de George “Digger” Harkness se clava rojiza en el casi apenado Wilbur Day, otrora el súper villano Stilt Man, mejor llamado El Zancudo. – Te juro que si sales con lo de Thor otra vez….
- ¿Qué Harkness? ¿Sabes? Alguna vez conocí a un tal Fred Myers y ese sí era un Boomerang, todo lo que cayera en sus manos se convertía en un arma. Podría contactarlo para saber quien lanza mejor su jugada, si sabes a …
- ¡Hey! ¡Llegamos! – gime una nasal voz interrumpiendo a los neuróticos - ¡Creí que no daríamos! ¡El lugar está realmente oculto si saben a lo que me refiero!
- Genial , - resopló una sensual rubia -me estaba hartando de compartir vehículo con personajes tan ilustres, Taxideral...
- ¡Y no me has visto llevar al Grizzly y al Canguro, Lorina! ¡Todas esas anécdotas que desembocan en la Legión de Perdedores me dan tanta risa como a ellos enojo y amargura, si sabes a lo que me refiero!
- Me imagino… y a todo esto ¿Tienes idea de por qué nos convocaron? Es decir, todos obtuvimos nuestra “Carta de Redención” y colaboramos de manera aislada alrededor del mundo. Pero ¿una reunión grupal? En lo personal esperaba no tener que oler nuevamente a Mamooth o a Chacal-o… en lo que a mí respecta, podría no tener que trabajar con nadie que no fuera el jefe.
Ahora es Taxideral quien observa con curiosidad a La Conejita Blanca, pero rápido su atención se distrae cuando al buscar aterrizar frente su trayecto pleno de árboles en hileras, mira moverse agazapada a una figura oscura, nerviosa, patética.
- ¡Oigan amigos! Esa figura negra se mueve, ¡parece que puede vernos! – Grita justificadamente sorprendido el Taxideral
Y en efecto, la figura se mueve alzando sus manos, la sorpresa del Taxideral toma mayor consideración cuando sabemos que el vehículo es invisible a los ojos de todos los demás – excepto radares de aeropuertos, velocímetros de tránsito, Radios con AM y el Game Boy de Amadeus Cho – por lo que el extraño individuo, situado a pocos metros de su destino y mostrándose ya abiertamente no deja de hacerles señas.
- Bueno – rumia el Capitán Boomerang – supongo que tendré que bajarme y averiguar qué carajo es lo que quiere el ninja ese ¿no? He peleado contra ninjas, no son tan especiales, sólo les gusta llamar la atención.
Inesperadamente el Capi. Boomerang brinca del taxi que se encontraba aún a algunos pies del piso, cayendo y haciéndose visible en segundos. La figura nota esto y expandiéndose como un acordeón romboide, llega al lugar del impulsivo viejo. Dos brazos surgen del romboide casi flotante y sostiene al Cap. Boomerang, ante el grito decepcionado del Zancudo: ¡Oye! ¿Para qué lo atrapas? ¡El tipo había tomado una decisión!
- Hombre Puerta a sus órdenes señor Harkness, es decir, Capitán Boomerang – se presenta el extraño mientras deposita en el piso al viejo que acomoda una y otra vez su traje. Más adelante, el taxi se estaciona haciéndose visible y de él baja rápidamente Lorina Dodson, la Conejita Blanca apuntando con un paraguas hacia el extraño: -¡aléjate Harkness o con gusto te haré agujeros a ti también! –
Y sin decir agua va, la Conejita arremete a disparos hacia el lugar donde se encuentran el Hombre Puerta y el Cap. Boomerang, con su ametralladora paraguas (¿o será sombrilla?) ante el susto del Taxideral que no quiere arriesgar su nave y los gritos del Zancudo, diciéndole a la Conejita que apunte hacia el cap. Finalmente llega el silencio, se despeja la humareda y la señorita Dodson, enfadada pro haber hecho tanto ruido, escupe: ¿Por qué no está? ¡Ese tipo debería estar lleno de agujeros!
- Usted disculpará señorita Dodson, el señor Harkness y yo estamos bien. No pude…
¡¡¡¡ATATATATATATATAT!!!! Una nueva ráfaga de disparos es lanzada hacia el lugar de donde provino la voz del Hombre Puerta, pero otra vez nada es lo que hay. A lo lejos se escuchan los pesados pasos que se acercan ¿un elefante? ¿un oso? No: Babalú.
- ¡¡Ooooooo, ruidos de disparooooss!! ¡Resultan tan molestos a estas horas de la mañana!
- Aléjate cabeza de mango – grita la Conejita – enfrentamos a un enemigo ignoto, un desconocido que..
- ¡¡Ooooooooooiii!!! ¡Te refieres al Hombre Puerta! ¡Es nuestro nuevo amigo, el jefe me dijo que ya te dejaras de cosas, que ya te está viendo que andas haciendo desastre y que ya se metan, ándenle!
La Conejita no evita lanzar una mirada suspicaz al realmente no gigantesco dinosaurio y enfunda el arma. Y de una mota negra suspendida en el aire, un agujero negro se hace grande y toma la forma romboide característica de las partículas de vacío del Hombre Puerta. El Cap. Boomerang sale trastabillando, no es agradable pasar momentos en ninguna parte, sobre todo cuando ninguna parte es tan oscura.
Finalmente, unos metros adelante, el singular grupo se detiene ante una pared rocosa que se alza hacia arriba mostrando ser el final de un acantilado. El rocoso lugar está tan refundido como el lugar menos pensado para acercarse. El Hombre Puerta y Babalú se acercan.
- Señores – clama con voz solemne el oscurecido tipo – les presento La Fortaleza. El jefe me ha permitido presentarles la fachada de nuestro refugio, el punto de reunión y apoyo para cualquier miembro de la Liga.
- Eres malo para los chistes Tipo Puerta – le suelta el Cap. Boomerang - ¿qué te parece si ya nos dejas entrar y vas ideando algo menos obvio con lo cual bromear?
- Con gusto, aunque tendrán que pasar a través de mí… después de todo, ¿para qué soy un Hombre Puerta? Taxideral, tu vehículo también puede pasar a través de mí, cuando el resto lo hayan hecho ¿Está bien?
- Claro, claro – contesta aburrido el nasal Taxideral – lo que quiero son unos tallarines o algo por el estilo. Ha sido un viaje largo.
Uno a uno, los personajes van pasando a través del Hombre Puerta que se ha pegado a la pared. Los inconvenientes de su poder es que no podría transportar a través de la sólida roca a tantas personas (y alien y dinosaurio y taxi) si no se encontrara tan cerca de la fortaleza, es decir, de su lugar de destino. El punto importante de todo esto, es que los poderes transportadores del Hombre Puerta, tienen ciertos límites y el hecho de que se encuentre ahora como nuevo miembro de la liga, no es sólo porque su nombre y poderes apesten, sino porque también, este es el refugio para los que pulen esas características que los llegan a hacer a un lado en la comunidad superheróica.
Al entrar, lo que pueden ver les fascina: un amplio ingenio forrado de metal, con la forma de la montaña dentro de la cual se hallan. Estructuras delgadas y algunas gruesas que sostienen el lugar, colocadas de forma estratégica, resaltantes por sus colores sobrios y aséptico ambiente. Algunas cajas metálicas arrinconadas y mesas de base transparente, amén de unas escaleras que llevan a locaciones colocadas más arriba del lugar.
- El jefe nos espera, tiene algo muy importante que decirnos – comenta el Hombre Puerta, mientras Babalú se entretiene en conducir elegantemente a los recién llegados – ¡Ni Panfleto lo haría tan bien, ni siquiera el esforzado Esclavo! – ríe el dinoplatívolo.
- ¿Quiénes estarán cabeza de molote? – pregunta grosero el Cap.
- ¿Quiénes? ¡Pues todos! – contesta divertido el dinosaurio mientras abre una puerta enorme y muestra a todos los ahí reunidos: Ram Man, Chiquidrácula, El Canguro, El Grizzly, Giganta, Big Bertha, Puck, Boss, Chacal-O, Oolong, Limburguer, Lionel Hutz, El Jefe Apache, El Capitán Cavernícola y El Dorado, quienes son atendidos por El Esclavo que es acompañado por Panfleto Poca Paja quien se burla de cómo Mamooth resulta ser más eficiente al guiar al anélido alienígena por entre el grupo. Atrás de ellos, el Dr. Zoidberg intenta, con sus tenazas, capturar algo del platillo que lleva el Esclavo.
Todos toman asiento cuando Gizmo Man sale de una puerta, sacudiendo su enorme afro y sonriendo. – ¡Amigos, el jefe está aquí y tendrá respuestas para todos, sólo esperábamos a estar completos!
Una compuerta enorme se abre y un solemne Sinuhé se acerca a la única silla vacía del lugar, justo en medio de la enorme mesa.
- Mamooth - con voz también solemne - ¿te importaría sentarte aquí? Tú no puedes estar en la silla de presidio –
Con un gruñido, Mamooth, extrañamente de buenas, deja el asiento y Sinuhé se dirige a él. Al acomodarse, siente las miradas expectantes sobre su persona, no es un sentimiento desconocido, tan sólo el año pasado, al haber mostrado su tímida iniciativa al que él consideraba la persona indicada para iniciar la aventura de un sueño. Ahora el sueño tenía tintes oficiales y formales… ahora, Sinuhé tenía la obligación de explicarles el por qué de su presencia en ese lugar y decidió que la mejor forma, era la forma directa.
- Gente, aliens, leyendas, animales y mujeres… el mundo como lo conocemos, está por terminar.
Continúa.


Nota: Crédito completito, Dr. Gonzo, ajá The Sinuhé.